24 de marzo de 1976: el último golpe militar

Se acerca otro aniversario del 24 de marzo, del golpe militar de 1976. El último que se vivió en nuestro país.

Al menos del modo ocupación total de las instituciones estatales de todos los niveles por parte de las fuerzas armadas y sus aliados-personeros civiles. Personalmente quiero confesar a quienes recuerdo en el día de la memoria, aclarando que, si bien hay símbolos que resumen el todo, “los 30000” lo son, no se hace verdadera justicia con TODOS los que resistieron…y sobrevivieron a la barbarie.

Justamente a ellos los quiero recordar y a los varios que me leerán y forman parte de ese grupo de imprescindibles argentinos va especialmente dirigida esta especie de confesión.

En primer lugar a los que conocí en la cárcel y de primera mano afirmo que es cierto que la verdadera laya de los hombres y de las mujeres se conoce en situaciones límites; que esa larga resistencia fué posible porque nadie aflojó. Habrá habido mayores o menores dosis de coraje, pero no hubo excepciones. Al menos en los lugares donde yo estuve. Quizás será por eso que sueño con una potente organización popular. Porque a pequeña escala la conocí. Fué secreto de supervivencia. Exitoso. Naturalmente que hubiera sido imposible si los que permanecieron cerca del otro lado de la reja no hubieran tenido una actitud similar…a veces hasta más frontal en la confrontación.

No ha sido justa la historia con ellos. Quizás por el peso de la tragedia de los que nunca volvieron. Recuerdo también a los que cayeron combatiendo. Las más de las veces acorralados en sus casas combatiendo hasta el final. Con los fierros en la mano, porque los habían agarrado tiempo atrás jugados en derrotar a los que entregaban el país sentados arriba de las bayonetas y encima se creían los dueños de la historia; el inmenso juez mesiánico dueño de la vida y hacienda de los argentinos. Ya sé que no fué una estrategia feliz.

Que no era para el “palo y palo” como en el boxeo. Ahora lo sé…antes no. Están también todos aquellos anónimos que resistieron en silencio; que ayudaron generosamente al clandestino; al familiar del prisionero que necesitaba una mano;que confrontaron por sus derechos sin sentirse necesariamente parte de alguna estrategia de poder. No fueron pocos, si no los horribles no se hubieran ido.

De los que no sumo al afectuoso recuerdo…mejor no acordarse. Nadie se acuerda de los que se cruzan de vereda cuando capaz que con una guiñada nomás alcanza para ser buena gente.

Seguramente habrá más hilo en el carretel, o habré usado muchas palabras para decir que la memoria no es (o no debe ser) sólo para los caídos. Hasta cada 24.

Por Jorge “Pampa” Alvaro Diputado Nacional MC

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