8 de Setiembre: Día del Agricultor

*Una historia que casi nadie recuerda, y un homenaje al Agricultor…

San Rafael, enero de 1940. Por la blanda arena del callejón de la viña recalcinado por el sol, el anciano camina encorvado y con los ojos casi vacíos clavados en la tierra que tantas veces transito aferrado a la mancera del arado. Ya le pesa todo y con sus viejos zapatones gastados llega a la antigua compuerta del canal. Lo ha pensado muy bien.

Días antes su hijo Artemio le había dicho: «no nos queda otra papà», mientras secaba su rostro transpirado con la manga de la camisa. Don Jesús Soler Maldonado, un español oriundo de Melilla, simplemente lo miro y no respondió nada. Sentado en su silla de totora pegó un fuerte pitazo al cigarrillo armado con tabaco Mariposa y su mirada lánguida y triste se perdió por el polvoriento camellón de aquella viña que había plantado allá lejos y hace tiempo con tanto sacrificio. Artemio saco del valijin de cartón prensado donde guardaban documentos que nunca habían podido cobrar por la uva entregada a ciertos bodegueros de la zona, facturas pagadas, y otros papeles y saco de entre ellos la carta documento que le habían enviado los abogados del Banco de Mendoza con una exigencia lapidaria: «si en el termino de 72 horas no cancelan la deuda que tiene con nuestro organismo bancario tendremos que actuar judicialmente».

Don Jesús, sin moverse de su silla de totora, solamente dijo una frase bastante acriollada: «La pucha….que macana…¿y ahora?…» y agrego con notoria resignación «en la vida todo tiene solución menos la muerte».

A nadie le explico que esa finquita de 5 hectáreas de los que hablaba el Banco era el sacrificio de mas de 30 años de trabajo. Desde aquel día que llego a San Rafael con el mismo sueño y esperanzas como lo habían hecho sus paisanos y se había asentado en calle Los Claveles de Cañada Seca.

Ese año la cosecha venia muy buena. Los tres años anteriores solo fue desazón y amargura porque la piedra le había llevado todo. Para seguir hubo que pedirle créditos al Banco de Mendoza y a un conocido prestamista y la deuda había crecido hasta hacerlos quedar al borde de la quiebra. Para colmo la venta de cosechas anteriores nunca las pudo cobrar y cuando el bodeguero deudor no lo podía recibir, el bodeguero tramposo andaba paseando por Europa con su familia. De pronto el cielo fue un hervidero de nubes cargadas de granizo y en pocos minutos el sacrifico de todo un año quedo en los surcos y camellones. No les quedó nada. De nuevo a empezar. El viejo español de Melipilla ya tenia 85 años. Sus manos callosas, su frente marchita por los soles y el frio del invierno y ese profundo dolor de ya no ser lo había abatido.

Artemio como tabla de salvación le habló de frente a su padre: «Papa el único que nos puede salvar es el señor Salvi; todos sabemos quien es, pero no queda otra». Al día siguiente don Jesús y su hijo estaban en el bar La Bolsa firmando otra vez documentos con Salvi y llevando el dinero que el prestamista le había arrojado sobre la mesa. «No se olviden que nadie trabaja gratis», dijo el buitre. Seis meses después en el diario El Comercio, en un aviso en recuadro de página cinco se podía leer: «Gran remate. Hermosa finquita de 5 hectáreas en calle Los Claveles de Cañada Seca. Aproveche. Muy bien trabajada». EL prestamista Salvi se había quedado con cuatro hectáreas y el Banco de Mendoza con una. Don Jesús, su señora Lorenza y sus hijos se tenían que ir de allí, de esa finquita que tanto les había costado plantar, cuidar, llevar adelante. Noches de frio intenso regando, con el sol abrasando el cuerpo arando las viñas, podando, tironeando, arando, desbrotando…..domingos y feriados allí trotando por los camellones, limpiando los cupos de la hijuela regadora y viendo crecer los nietos sin poder tenerlos en la falda con la satisfacción del deber cumplido.

Don Jesús Soler Maldonado, el español de Melipilla, se sentó en el borde del canal, junto a la antigua compuerta, y apretó el gatillo. Quedó con sus ojos abiertos al cielo y sus 85 años. Cerca de allí, un camión destartalado era cargado con los pocos muebles que tenía el abuelo gringo. Había llegado el desalojo. Afirmado en la tranquera de la finquita el prestamista Salvi miraba todo con una sonrisa casi maquiavélica deformándole el rostro. Había ganado una vez más. En sus garras había caído otro agricultor. Don Jesús Soler Maldonado hoy es un recuerdo…….dicen que por esa finquita de Los Claveles el prestamista quiso hacer lo mismo con otro agricultor. Un escopetazo en pleno rostro no solo termino con su vida sino con sus ambiciones de buitre humano…

*Por Osvaldo Barroso

Imagen gentileza Sitio Andino

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