Adiós para siempre a los populismos descarnados

*Las furibundas reacciones de los funcionarios cuando concurren a informar de la marcha del gobierno en el Congreso de la Nación tiene sus razones: no hay argumentos sólidos desde lo técnico; no les dejan decir o los desmienten y no pueden explicar lo inexplicable debido a la intrincada trama de contradicciones utilizadas para cubrir las mezquinas ambiciones del Ejecutivo o sus torpezas.

Tal vez el tiempo desnude a la corrupción como el principal subyacente de muchas de las  inexplicables acciones y reacciones. Si repasamos, se podría armar un equipo de fútbol “gate” para jugar en la cancha embarrada que crearon: “Boudougate; Lazarogate; Skanskagate; Sueñoscompartidosgate y Schiavigate; Jaimegate; Echegaraygate; Ubertigate, y Venezuelagate; Southerwingsgate y Miceligate” y si exploramos con más profundidad los informes de la Auditoría General de la Nación, seguro da para formar banco de suplentes. Con el sable para quién creen impío y el paraíso para el servidor, degradaron funcionarios honestos y protegieron a quienes cayeron en la deshonra por lo lesivo de sus actos. El sable para  el fiscal José María Campagnoli y el paraíso para el Juez Norberto Oyarbide y la procuradora Alejandra Gils Carbo, por citar ejemplos de estos días.

Modelo «K» que desilusionó a propios y extraños con anuncios grandilocuentes que nunca se cumplieron. Del tren de bala -entre Rosario, Córdoba y Buenos Aires- a la tragedia de Once, hay un amplio trecho lleno de subsidios empresariales, contratos sin control y de funcionarios procesados judicialmente. Este modelo estafó la confianza al crear cepos a los ahorros de la gente y paralelamente, al librar misteriosos fondos en confusas maniobras de funcionarios del Estado que pretenden ser tapados con leyes «lavandina». Llegaron dólares en valijas de Miami; hay moneda extranjera sin cepo para funcionarios que quieren tomar vacaciones fuera del país y circula el verde billete de Santa Cruz a Uruguay perforando controles. Sin vergüenza alguna, vaciaron fondos a cuenta, entre otros, a los jubilados: sus juicios siguen sin ser pagados (excepto que fuere ascendiente directa inmediata de una primera figura política).

Mientras a ellos les irritan las verdades, a muchos argentinos les duelen los límites que impone la pobreza, la falta de oportunidades o las posibilidades perdidas. Usando históricas y nobles banderas radicales, socialistas y de izquierda construyeron un proyecto populista de poder y dejarán un campo minado, típico del peronismo en decadencia y retirada. Dentro del radicalismo hicimos un mea culpa por los errores del pasado y nos hicimos cargo ante la sociedad. Ahora seamos realistas, de 31 años de democracia 22 estuvieron gobernados por un peronismo pragmáticamente cínico, que barajó doctrinas oscilantes de derecha a izquierda para darnos siempre el mismo resultado: fracaso institucional, económico y social.

El caso Repsol-YPF es buen ejemplo del péndulo ideológico en el peronismo. Cristina Fernández promovió la privatización de YPF siendo diputada provincial en Santa Cruz declarando en su proyecto la “Necesidad de sanción del proyecto de Ley nacional de Ley de Federalización de los Hidrocarburos y de Privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales». Para Néstor Kirchner, aquello fue «una reivindicación histórica”. Con este imprescindible y decisivo apoyo del gobernador de Santa Cruz y su esposa, el Presidente Carlos Menen privatizó YPF. Años más tarde y ya en el poder, los Kirchner decidieron la importancia de la nacionalización concediendo a los Eskenazi la posibilidad de hacer un gran negocio sin poner un dólar (así se hicieron del 25% de las acciones de la empresa). Claro está, había que cerrar el negocio de los amigos y de Repsol a través del permiso presidencial de retirar el 90% de las utilidades sacrificando inversiones, autoabastecimiento y según el ministro, Axel Kicillof, a expensas del «vaciamiento de la empresa”. Hace poco tiempo atrás, la soga llegó al cuello de las finanzas nacionales y mediante una patoteada llegó la expropiación y también las promesas incumplidas. Finalmente, el proyecto del acuerdo con Repsol llegó al Congreso; la soberbia se impuso a la razón y el resultado es que los argentinos terminaremos pagando mucho más de lo que deberíamos haber pagado y lo que es peor, las provincias y su gente sentirán el impacto impiadoso de este acuerdo con pérdida de recursos y de autonomía.

Así, funcionarios coléricos en el laberinto de las contradicciones, fueron lacerando la voluntad de acompañar que tuvo mucha gente que, de buena fe, creyó en ese modelo. Desde mi naturaleza como madre y mi corazón socialdemócrata tengo esperanzas en el futuro; en la renovación; en la fuerza de la juventud y en la unidad en la que trabaja la oposición. Es otro modo de decirle adiós para siempre a los populismos descarnados que nos desviaron de la buena senda del desarrollo con equidad y justicia social.

* por Laura Montero

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