Atilio Sardi: vida de esfuerzo y suerte

Emprendedor Estudió enología en Italia, se capacitó con Iselín y Tirasso, salvó del remate la bodega de su padre, ganó la lotería y compró otra bodega, y después fundó una tercera muy moderna.

Una vez que regresaron de Mendoza, al instalarse en San Rafael los hermanos Sardi construyeron dos bodegas, una para Emilio y Carlos y otra para Ernesto, pero al poco tiempo (en 1913) y en forma imprevista éste falleció y Josefina, con sólo 36 años, quedó viuda y con 7 hijos para criar. El mayor de los varones, Atilio, nacido en Las Heras, se encontraba en esos momentos estudiando enología, en Conegliano, Italia.

Al terminar sus estudios viajó a San Rafael para ayudar a su madre en los duros momentos que estaba pasando. Arribó en 1914 y trabajó primero en la segunda bodega de Iselín, que posteriormente adquirió Carlos Jensen, y luego en la de Luis Tirasso, en ese momento la más grande de San Rafael y una de las más importantes de la provincia. Don Tirasso era muy bueno y fue como un padre para muchos jóvenes italianos, por eso lo llamaban “el Papá de los enólogos mendocinos”.

Gracias a la ayuda que recibió de Tirasso pudo evitar el remate de las propiedades de la familia y salvar la bodega que había construido su padre en El Cerrito. Luego la trabajó un tiempo pero después debió venderla. Muchos años después en ese sitio se construyó un autocine.

En 1922 Atilio contrajo matrimonio con Emilia Rosalinda Mandrilli y vivieron durante un tiempo en la calle Tirasso, en una casa que les prestó Luis. Del matrimonio nacieron 5 hijos: Ernesto, Roberto, Dante, Alba y María Esther.

En una racha de suerte Atilio ganó en la lotería una importante suma que destinó a comprar una finca y bodega en la actual calle El Molino, que posteriormente vendió a su cuñado, José Zingaretti, casado con la hermana de su esposa, Leonilda Mandrilli, matrimonio que no tuvo hijos.

Durante un tiempo vivieron juntos en la misma casa. Doña Leonilda, como se la conocía, ayudó siempre a su hermana a criar a sus hijos. De los hijos de Atilio, los varones ayudaron a su padre en las fincas y la bodega y las hijas mujeres se casaron. Una con Carlos Muriel y la otra con el hijo de Juan Suter de nombre Otto, al igual que su abuelo pionero de la vitivinicultura local.

Después de un tiempo Atilio compró otra propiedad en El Cerrito, en la intersección de calles Adolfo Calle y 12 de Octubre, donde plantó viñedos y construyó luego una importante bodega.

En ella volcó todos sus conocimientos y experiencia, dotándola de los más modernos sistemas, que hicieron que la bodega se destacara entre otras.La razón social con la que trabajó fue “Atilio Sardi S.R.L.”.
Fue adquiriendo otras propiedades y llegó a poseer cinco fincas con extensos viñedos, en distintos sitios del departamento.
Durante un tiempo presidió la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, ya que le preocupaba la situación social de sus connacionales, esta Sociedad fundada por los primeros italianos, se mantiene en la actualidad.
Siempre mantuvo una conducta basada en la rectitud y amistad, lo que le hizo acreedor al aplauso y estimación de la comunidad, junto con su esposa Emilia, conformaron un matrimonio que ala par de simpáticos, eran muy generosos.
A su muerte acaecida en 1956, continuaron sus hijos con la bodega y la ampliaron en varios cuerpos.
Posteriormente fue vendida a la sociedad Miguel Dapparo y Guerino Piastrellini, que la eliminaron del registro, en 1996.
Hoy se ha transformado en Cooperativa El Cerrito.
Prof. María Elena Izuel  <marializuel@speedy.com.ar>

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