Carlitos Páez: sobreviviente de Los Andes

Carlitos Páez, uno de los 16 sobreviviente de la tragedia de los Andes de 1972, estuvo en San Rafael, conversó con el periodismo local, realizó una expedición al avión de los uruguayos, con más de 150 personas. Este lunes en el Centro de Congresos y Exposiciones Alfredo Rodolfo Bufano dió una conferencia donde contó su vida antes, durante y después del incidente y lo que le dejó la tragedia de los Andes.

Carlitos  Páez durante el trascurso de la conferencia que duró, dos largas horas, en algunos momentos se apoyó en videos por el compaginados, con fotos en blanco y negro y del rescate con imágenes más coloridas.

Carlitos Páez nació el 31 de octubre de 1953, en Montevideo, Uruguay. Es una fecha importante ya que el 31 de octubre de 1972, pasó su cumpleaños en la cordillera de los Andes. Es el hijo mayor de Carlos Páez Vilaró, el famoso artista Uruguayo, propietario de Casapueblo, un hotel , museo, taller, en donde vivía, y fue construida en la década del sesenta y todo un símbolo de Punta del Este, Uruguay. Su madre era Madelón Rodríguez, una mujer con mucha fe, la cual impulsó más tarde a su ex marido a ser protagonista de la intensa búsqueda de los sobrevivientes de los Andes, situación que relata en una parte de su excelente conferencia en el Centro de Congresos y Exposiciones Alfredo Bufano de San Rafael, este lunes.

Carlitos va relatando que realizó la secundaria en el Old Christian College, un colegio católico, ubicado en el mejor barrio de Montevideo.

Dijo que era un chico de mucha fe, la religión y la fe estaban muy presentes en su casa, muy mimado, ( desayunaba en la cama a diario) la mucama lo asistía personalmente y le dejaba una bolsa de agua caliente todas las noches en su cama.

El 12 de octubre de 1972, Carlitos de 18 años y sus compañeros del equipo de rugby del colegio, se subieron a un avión de la Fuerza Aérea de Uruguay, que habían alquilado especialmente para poder ir a jugar un partido de Rugby a Chile.

Por cuestiones de mal tiempo, el avión tuvo que aterrizar en Mendoza, Argentina. Y el 13 de octubre de 1972, partió en la mañana para Chile, pero nunca llegó a su destino. El copiloto había dado la ubicación del avión de manera errónea y se autorizó que cambiaran la altura de vuelo y bajaran; y ahí ocurrió el impacto que dejó, en un principio, a 28 sobrevivientes de los 45 pasajeros (40 pasajeros y 5 tripulantes). Después de 72 días, de una gran avalancha y de que varios pasajeros fueron muriendo de hambre o de heridas graves, el número final de sobrevivientes fue de 16, entre ellos incluido Carlitos Páez, quien cumplió 19 años en la Cordillera.

Carlitos fue desmenuzando la historia de una vida marcada por un incidente, que solo se pudo superarlos a través de varios factores como la fe, el trabajo en grupo, la supervivencia, la valentía, y el optimismo. Su vida quedó marcada intensamente por este hecho, pero supo capitalizarla a punto tal que trás 45 años de la tragedia en la cordillera, se continue hablando del tema y “que me acompañen 150 personas entre ellos, mi familia, hijos, nietos, a la cordillera donde estuvimos mas de 70 días, es un hecho movilizador”, en otro parrafo de la conferencia plantea que “estudiaba poco y me divertía mucho, soy católico, creyente, optimista y con gran sentido del humor,lo que indudablemente me ayudó a sobrevivir”.

El rugby era el deporte oficial del colegio. En 1972 Carlitos cursaba su cuarto año y era parte del equipo de rugby del colegio “Old Christians” que participaba de un torneo en donde jugaban contra otros colegios de similar estilo educacional, en diferentes países como Argentina y Chile. El viaje a Chile lo organizaron, alquilando un avión de la Fuera Aérea Uruguaya, de esa manera el viaje era menos costoso y podían llevar a 40 personas, para que el pasaje costara 40 dólares por cabeza. Así viajaron el equipo, familiares y amigos. Para muchos, incluyendo Carlitos, sería la primera vez que verían la nieve, nunca esperaron verla de esa manera.

El avión Fairchild F- 227, salió de Uruguay y llegó a Mendoza, Argentina, donde hizo una escala debido al mal tiempo en la cordillera. Pasaron la noche en Mendoza, Carlitos y el equipo se volvieron a subir al avión, el viernes 13 de octubre para continuar su camino a la ciudad de Santiago.  Había mal tiempo, los pilotos pusieron rumbo a Malargüe para cruzar en perpendicular por el Paso El Planchón, una de los sectores más bajos de la cordillera para cruzar al vecino país.

“La turbulencia comenzó a sentirse, las nubes cada vez eran más espesas y  el avión estaba comenzando a descender. Se escuchó un fuerte ruido y el avión cayó en un pozo de aire y otro y de repente se estrelló contra una montaña. Se quebró en dos partes y cayó en el medio de la cordillera de los Andes”.

“En un momento que veníamos viajando, mi compañero de asiento me pide la ventanilla, que quería tomar unas fotos de la nieve para mandarle a su novia, accedí, a pesar de que era medio refunfuñón, y eso me salvó de no morir dentro del avión en el momento del impacto, yo puse mi cabeza entre mis brazos y comence a rezar”.

Prosigue con su relato indicando” quería rezar el Padre Nuestro pero me pareció que era muy largo para el momento y que no iba a poder terminarlo, entonces decidí rezar el Ave María, y cuando lo terminó, me di cuenta que el avión ya no se movía y que estaba vivo y varios de mis compañeros seguían vivos. En la caída del avión murieron doce personas.

Carlitos sintió inmensa felicidad de estar vivo, pero dentro del avión los gritos, la sangre, los compañeros muertos y el frió hacían que esa felicidad de estar vivo pasasen a segundo plano. El miedo y la desesperación era lo único que se sentía dentro de la cabina. Carlitos le preguntó a un amigo que se encontraba cerca si había algún muerto mientras intentaba salir de su asiento en donde estaba atrapado y el amigo contestó “esto es un desastre”. Tres personas más murieron en la primer noche.

Mientras los días pasaban, nuestro conferencista, Carlitos y sus compañeros comenzaron a descubrir que la supervivencia era clave y que debían hacer algo para sobrevivir.

Carlitos encontró, a medida que iban pasando los días, mucha fuerza espiritual. El Dios sobre el que había escuchado hablar tantas veces en el colegio y en su educación religiosa, empezó a hacerse sentir cada vez más de manera real y presente.

Para Carlitos, el día diez fue el día más importante. Ese día él y sus compañeros se enteraron que la búsqueda en la cordillera había concluido. Ya no existían más. Él pensaba constantemente que habrían misas en sus nombres, velorios, que ya no existían, y que no iban a existir si no hacían algo para sobrevivir.

También en ese día y debido a esta noticia que afectó a todos de diferentes maneras, se decidió que comer los cuerpos congelados de los que ya habían muerto, iba a ser la única opción para poder sobrevivir.

“La noche del 29 de octubre, mientras dormíamos dentro de la cabina del avión, se escuchó un gran ruido tenebroso que venía de la montaña. Carlos se despertó asustado, pero el susto duró tan solo unos segundos. Una avalancha los cubrió de nieve. Carlos pudo salir del entierro pero seguían todos adentro de la cabina. Con el poco aire que podía respirar, empezó a escarbar la nieve para ayudar a otros que seguían enterrados. Ese día murió mi mejor amigo y lo tuve que desenterrar de la nieve.

El 31 de octubre, Carlos cumplió 19 años. Todavía seguía la cabina del avión tapada de nieve y no se podían salir. El 1 de Noviembre, Carlitos logra salir de la cabina del avión. Muy temprano en la mañana, rezó en nombre de su padre y hermana quienes cumplían años ese día. Carlitos sentía una gran conexión con su padre quien seguía insistiendo que había sobrevivientes en la montaña.

La madre de Carlos apoyó a su ex marido para continuar la búsqueda; algunos padres también y otros pensaban que era en vano. Carlos Páez Vilaró visitó a una vidente en Montevideo, quien le dijo que siguieran buscando porque había chicos que aún estaban con vida.

Esperanzado, Carlos Páez Vilaró viajó a Chile donde intentó organizar búsquedas que no tuvieron mucho resultado. Organizó cabalgatas pero no los encontraban, la realidad es que no sabían bien cuales eran las últimas coordenadas del vuelo y menos dónde podían estar.

“En la cordillera los días pasaban y nos debilitabamos cada vez más, los cigarrillos se terminaban, algunos no tenían más ganas de trabajar y otros intentaban mantener la esperanza y el optimismo como yo”.

“Tras 62 días en la cordillera, Nando Parrado organizó una expedición y junto a Roberto Canessa salieron en una caminata que duró diez días hasta Chile. Los dos caminaron hacia el oeste y llegaron a un valle en donde se encontraron a un campesino, quien los ayudó. Mientras esto ocurría, Carlitos y sus compañeros que seguían en el avión, escucharon que la búsqueda por parte de la Fuerza Aérea Uruguaya había vuelto a comenzar. Sorprendidos, pero felices los sobrevivientes dibujaron con las valijas una gran cruz en la nieve para que puedan ser localizados. Por eso digo yo que la vida son símbolos”.Para Carlitos, el símbolo que hasta la fecha representa el día del rescate es una cruz, una combinación entre la fe que lo acompañó durante la experiencia y la hélice del helicóptero que vino a buscarlos.

El 22 de diciembre de 1972, tras 72 días en la cordillera, los 16 sobrevivientes del vuelo Faichild F-227, incluido Carlitos Páez Rodríguez fueron rescatados. Los helicópteros de la Fuerza Aérea de Chile fueron dirigidos por Nando Parrado al lugar donde se encontraba la cabina del avión y los sobrevivientes.

Carlos Páez Vilaró, quien estaba a punto de regresar a Uruguay para pasar las fiestas con su familia, recibió una llamada cuando se encontraba en el aeropuerto, diciendo que debía ser trasladado a las afueras de Santiago porque habían aparecido dos chicos en las montañas quienes decían ser sobrevivientes de un vuelo uruguayo. Carlos se subió a un taxi, sin plata y sin nada y le dijo al taxista que por favor lo llevara hasta el lugar. El taxista lo reconoció y sin dudarlo lo llevó hacia allí.

Cuando llegó a una sede militar había prensa chilena y uruguaya, quienes ya se habían enterado de que algo estaba ocurriendo. Los militares llevaron a Carlos Páez Vilaró a una cabina en donde le dijeron que existía una lista de sobrevivientes del vuelvo Fairchild F-227, que tras 72 días habían 16 sobrevivientes en la montaña. Una radio uruguaya Kardex tenía la exclusiva de hacer la transmisión de la lista en vivo para Uruguay, donde familiares de los pasajeros del avión esperaban saber quiénes eran los sobrevivientes. A Carlos le pidieron leer la lista en voz alta mientras se hacía la transmisión, se la entregaron con un cuaderno encima de los nombres y le dijeron que uno por uno fuera leyendo los nombres de los sobrevivientes repitiéndolos dos veces.

Así Carlos Páez Vilaró comenzó a leer la lista de sobrevivientes, descubriendo uno por uno los nombres que allí se encontraban, repitiéndolos dos veces, mientras las transmisión a Uruguay era en vivo. La voz se le quebraba, los ojos llorosos, en un momento de la transmisión se escucha que el padre de Carlitos, llora y es ahí cuando se escucha: “Carlos Miguel Páez, mi hijo, Carlos Miguel Páez” con la voz quebrada y sumamente emocionado continúa leyendo la lista de sobrevivientes.

“El reencuentro con mi padre, mi hermana y mi madre fue  uno de los momentos más felices de mi vida”.  Y ahí aprovecha para relatar una anécdota cuando saludaba a su madre, Mamá por que no me comprás algo de ropa por ahí en el centro, por que mirá como estoy, y ahí es cuando le doy 70 dólares que tenía y que había ahorrado para el viaje… y mi madre me dice, pero no has gastado nada!!!”

La vuelta a la sociedad no fue fácil. Ahora Carlitos y sus compañeros eran reconocidos internacionalmente y también juzgados por grupos religiosos por haber comido los cuerpos de sus compañeros. Para Carlitos, eso era lo de menos, hicieron lo que tuvieron que hacer. El mismo Papa dijo que eran dignos hijos de Dios por haber aceptado la posibilidad de vivir como lo habían hecho.

Después de unos años de readaptación a la sociedad, Carlitos estudió en la escuela agraria de Sarandí Grande y se convirtió en técnico agropecuario. Se dedicó al campo por algunos años y después lo dejó para dedicarse a la publicidad, fundó su propia agencia y luego se transformaria en una consultora.

La historia de los Andes a 45 años sigue presente, cada día más, y dedica a contar su experiencia Andina en conferencias que sirven como herramienta inspiracional para grandes empresas internacionales.

Hubieron momentos bastantes oscuros en la vida de Carlitos después del accidente, una vez, él mismo dijo “mi peor cordillera no fue la de los Andes”, tuvo que superar varios problemas como depresiones y adicciones.

Carlitos escribió un libro que tituló Después del día diez en donde cuenta toda su experiencia y en donde la hélice del helicóptero fue utilizada para ser la ilustración principal del libro.

Carlitos y sus compañeros volvieron varias veces al lugar del accidente a rendir homenaje a todos los muertos, un acto sumamente importante para él donde siente una gran conexión con la montaña. Allí pusieron un altar para homenajear el accidente y a sus víctimas.

Carlitos tiene dos hijos y tres nietas que son su mayor felicidad, trás lo ocurrido en su vida, su actitud sigue siendo la misma, optimista como cuando era un adolescente que se enfrentó a este hecho que cambió su vida y es esa actitud con la cual uno enfrenta la vida, lo que te marca en toda situación, no solo en las malas.

“Creo que en el fondo la historia mía es un homenaje a la vida. Yo la cuento desde el lado triunfal. Por eso muestro una foto de los sobrevivientes con sus hijos. Tengo la dicha y el privilegio de tener tres nietas… Y creo que valió la pena la lucha para que triunfe la vida. Yo soy un apasionado de esta historia. Acá está en juego el ser humano en su esencia, su transformación y la lucha. Y al final, un triunfo brutal. Esto es un ejemplo de trabajo en equipo. En el fondo podría haberle pasado a cualquiera. Yo era un tipo común que le tocó vivir un hecho extraordinario… Esta historia o mejor dicho su resultado, fue gracias a un grupo humano super sano mental y espiritualmente… No cambiaria nada de lo que pasó, además no puedo, este viaje lo había planeado hace mucho tiempo, pero no se podía hacer ya que mi hija estaba embarazada, luego mis nietos eran pequeños, pero este viaje lo viví totalmente distinto”

La historia de Carlitos es inspiradora profundamente y nos abre la cabeza para poder vivir en forma distinta, ya que hay un antes y un después de haberlo escuchado atentamente en el Centro de Congresos y Exposiciones Alfredo Bufano de San Rafael.

 

 

 

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