Carta a mi escuadrilla

*Hola mi equipo… verán que uso con mucho orgullo la palabra “mi” pero no está usado como algo que poseo, sino con el orgullo de pertenecer, yo también, a este maravilloso equipo de gente. Realmente admiro a cada uno en lo que hace, y en lo que consiguen al trabajar todos juntos. Esta es mi oportunidad de poder decirlo.

Simplemente, y porque soy el más viejo, me toca liderarlos, cosa que por supuesto irá cambiando a medida que vayan llegando cada uno, y créanme que eso llega rápido.

Para dirigir, quién sea el que lo haga, no debe dudar ni por un momento, de que cada uno del equipo tiene la capacidad necesaria para recibir el sueño al que apunta el director…, y yo creo que, cada uno de ustedes, además de sentirlo, lo hace crecer día a día, porque tienen maravillosas habilidades.

Mi trabajo es solamente despertar esas habilidades, darles la oportunidad, y orientarlas al éxito.

Lo que también necesito decirles, es que nuestro sueño, el del vuelo de la Escuadrilla, apunta como todos a un éxito…, pero en absoluto imaginamos como éxito, logros tales como la fama, el renombre, dinero, poder, exclusividad, idolatría, etc.

Nosotros volamos por la pureza de volar, por intentar una perfección en el vuelo, a la que sabemos que nunca llegaremos, pero que en cada paso, en cada entrenamiento y en cada desafío, estamos un poco más cerca siempre. El sólo hecho de buscar armonía y perfección, ya es suficiente éxito.

Nosotros volamos para enseñar a volar, para formar nuevos pilotos con las mismas técnicas y con nuestros mismos valores. Romanticismo, si se quiere, que apunta a entender, que se vuela tal como se tiene el alma.

Nosotros volamos porque creemos que se puede conquistar por un momento la perfección y pureza del cielo, y mejor aún, porque si nosotros lo intentamos, quizá un día, otros futuros pilotos nos sigan y se animen a buscar esos valores.

Nosotros volamos porque al finalizar un vuelo, el brillo en los ojos de cada niño que nos ha visto, nos alimenta el alma y es sobradísimo pago y recompensa, al esfuerzo y riesgo empeñado.

Entonces, me basta mirar a los ojos del ocasional público, para saber si estoy despertando esas habilidades que ustedes tienen…, me basta ver ojos brillantes para saber que estamos consiguiendo cumplir el sueño y con él, el éxito.

No se trata de contar cuánta gente nos mira y conoce, sino de ver cuántos ojos brillan a nuestro alrededor.
No se trata de comparar con vuelos y pilotos ajenos, sino de hacer brillar nuestros propios ojos, en cada vuelo que nos regalamos.

Al detallarlo de esta manera, también queda absolutamente claro que está muy fuera de nuestro camino y filosofía de trabajo, el detenernos a batallar contra denuncias, el pelear por las limitaciones o discriminaciones que se nos hacen y explicar o defendernos de las difamaciones, de todos aquellos, cuyos objetivos con la actividad de vuelo, no coinciden con los nuestros.

No será nunca un problema nuestro, cada puerta que se nos cierre por aquellos conceptos, ya que quienes nos la cierran, quedan también atrapados en un lado de ella, y lo que es peor, esclavos en custodia de ese cerrojo.

Con esto les pido que nos mantengamos libres…no se distraigan intentando competir, defenderse, hacer valer los derechos o plantear reclamos, usemos ese tiempo y esfuerzo en buscar nuestra propia perfección. Nuestra propia libertad.

No se preocupen por las puertas cerradas o por quienes nos las cierran, siempre habrá un lugar nuevo y puro, a cielo abierto, donde conquistar brillos en los ojos de sus niños…, nos falta demasiado país por recorrer, volaremos donde la gente se permita el lujo emocionarse, y donde nos devolvamos a nosotros mismos, el placer de disfrutar todo lo que acompaña a cada vuelo.

Ya que siempre habrá para todo mortal una última vez de algo, nosotros no vamos a dejar que algo que empañe nuestro vuelo, quede como la última cosa que se recuerde.

De todas las posibilidades para vivir, estos valores y sueños son una posibilidad con la cual vivir.

Abrazos a todos

*por César Falistocco

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