Carta abierta a Estela de Carloto

*Escuché con asombro y una cuota enorme de tristeza sus declaraciones de hoy por la mañana. También con preocupación, ya que habló de una época que –como usted misma reconoce- tiene todavía heridas abiertas. Muchas heridas tan igualmente dolorosas como todas las heridas. Yo esperaba que usted opinase que “todos los crímenes son crímenes”. No imaginé que iba a escuchar que se considerase a la violencia de los años ´70 (gran parte de la cual fue producida en el seno de la fuerza política de la que formo parte por una mera disputa de espacios y de direccionamiento político) tan justa como la de la guerra por nuestra independencia.

En una carta que publicó el diario Tiempo Argentino en Septiembre de 2011 http://tiempo.infonews.com/notas/respuesta-de-claudia-rucci) expuse mi opinión sobre la violencia de aquellos años y sobre la “Teoría de los Dos Demonios” que no comparto como justificación de la salvaje represión de Estado. Desde la tranquilidad de haber hecho pública mi postura, le escribo a usted sin la preocupación de recibir las respuestas que habitualmente se reciben cada vez que se habla de algo que como usted afirma, “no merece ninguna explicación”. Su lucha de tantos años por verdad y justicia es admirable. La recuperación de tantos niños secuestrados entonces es una de las demostraciones más conmovedoras de la lucha por una causa justa. Y espero pueda culminarse el día que no haya un solo niño sin recuperar en manos de usurpadores.

Pero cuando aborda otro tema, el de la violencia política en los ´70, el de la violencia como una herramienta posible para imponer objetivos políticos permítame decirle, con todo respeto, que usted expresa una formidable confusión. Teniendo en cuenta que hay miles de jóvenes que la escuchan con atención, que toman como válidas sus reflexiones, me parece imprescindible entonces dar un punto de vista diferente y si eso promueve un debate que hasta ahora no se ha dado (por lo menos en los últimos diez años no parece haber habido interés en promoverlo) me sentiría reconfortada de que puedan escucharse otras voces sobre lo que entiendo representa una tragedia para los argentinos.

Refiriéndose a la violencia llevada adelante por grupos armados durante la década de los ´70 usted dice «esa violencia es la que tuvieron San Martín y los héroes cuando defendieron la Patria». San Martín y los héroes que defendieron la Patria lucharon contra un ejército extranjero, español, con el objetivo de independizar a nuestra Nación. En ese marco, en combates frontales e incluso en acciones guerrilleras –como las de Güemes en el norte- combatieron contra un régimen injusto del único modo que se podía hacerlo, ya que no existían otras vías para obtener esa legítima reivindicación. Me parece oportuno recordar que en Marzo de 1973 hubo elecciones generales parcialmente libres en nuestro país (Perón no pudo presentarse y debió elegir un representante). Y en Septiembre del mismo año, después de 18 años de proscripción, Perón fue reelecto con el 62% de los votos de los argentinos. O sea que entre el 25 de Mayo de 1973 y el 24 de Marzo de 1976 vivíamos en democracia, con numerosos conflictos por cierto, pero en un país gobernado por un gobierno elegido por el pueblo. Como ahora. Y que durante esos casi tres años de democracia hubo un incremento formidable de la violencia política en nuestro país.

¿Qué tenemos que dar explicaciones a esta altura?, dice usted. Seguramente no es usted quien deba explicar las acciones violentas de entonces, deberían hacerlo quienes sí han tenido responsabilidad en las mismos. Pero entonces-me parece-no debería hablar con tanta liviandad del tema, que implica entender –y explicar, lo que es aún más grave- que la violencia de los revolucionarios que liberaron a la Patria de la dominación española se equipara a la llevada adelante –incluso en democracia, con un pueblo que había elegido indudablemente otro camino- por un grupo de argentinos que se autoasumió como vanguardia esclarecida, lúcida, dueña de todas las verdades, y que asumía la misión de hacer de la Argentina algo muy distinto de lo que los argentinos querían. Y matar para eso.

Le adjunto un material que seguramente le será de mucha utilidad para este análisis, Es “Evita Montonera” número 5, de Julio de 1975, órgano oficial de Montoneros. Julio de 1975. El protagonismo de los trabajadores acababa de expulsar del gobierno al nefasto José Lopez Rega y, sin ninguna duda coincidirá conmigo, las Fuerzas Armadas ya estaba preparando el golpe militar. Le sugiero leer la editorial de página 2 titulada “Se fue el brujo Lopez Rega. Ahora le toca a la Martinez”. La Martinez a la que se refiere –obviamente- es la entonces presidenta de la Nación, Isabel, quien por imperio de la Constitución reemplazaba al fallecido Juan Perón. Alli se propone “exigir la renuncia de la presidente Martinez”. Lo que hoy se denominaría “actitud destituyente”. En el análisis, los Montoneros se asumen “como los auténticos peronistas”, y definen a amplios sectores (precisamente del peronismo como la conducción de la CGT y las 62 Organizaciones) como “traidores y burocráticos”. Por eso estimo, en la página 18, reivindican como “actos de Justicia Popular” el asesinato de mi padre, José Ignacio Rucci, ocurrido en Septiembre del ´73, y el de varias personas más. Pero –como usted sabrá- no bajo la acusación –por ejemplo- de “colaborar con naciones extranjeras para sojuzgar al pueblo argentino” o de “contribuir a la invasión de potencias extranjeras a nuestra Patria”. Nada de eso. Lo reconoce como acciones de venganza, por entenderlos responsables de la muerte de integrantes de su organización. Sin expresar ningún argumento que dé certeza a esas afirmaciones.

¿Estas son las acciones equiparables a las de San Martín, Belgrano, Guemes y tantos otros? ¿Son entonces para usted acciones reivindicables, dignas de ser imitadas? ¿No le parece que en un clima de potenciación del enfrentamiento entre argentinos puede ser interpretado equivocadamente por jóvenes que hoy también puedan sentirse exponentes de una vanguardia lúcida, con derecho a ejercer justicia desde su condición de “esclarecidos”? ¿No podrían entender esos jóvenes como razonable atacar por cualquier medio a los “enemigos de la causa Nacional y Popular” habida cuenta que se asumen como los expresión y garantes de dicha causa?

No es así, señora de Carlotto. La Argentina todavía merece explicaciones de quienes tienen la responsabilidad de darlas. La mayoría de los cuales no sufrió ni cárcel, ni secuestro, ni tortura ni muerte. Están en condiciones de aportar con sus testimonios a esclarecer a todos –y en especial a los jóvenes- el por qué de las decisiones que tomaron. Es otra época cronológica, es otra parte de nuestra historia trágica. Por eso no corresponde emparentarla caprichosamente con la “teoría de los dos demonios”. Como dice frecuentemente Julio Bárbaro la represión no puede hacer lúcidos a los equivocados, ni convertir los errores en aciertos.

Yo como usted por su hija, también estoy orgullosa de mi padre. Que luchaba por sus ideales, el principal de los cuales era la vuelta del General Perón primero, y la defensa de su gobierno democrático después. Y que un grupo de personas que en nada se parecen a San Martín, Belgrano o Güemes asesinó para mostrarle poder al Presidente recientemente electo, para forzarlo a acompañar sus estrategias. Por eso es que sigo insistiendo con mi reclamo de memoria, verdad y Justicia.

Estoy convencida que sus expresiones de hoy obedecen solamente a un momento de confusión. Y que desde el lugar de respeto y admiración que muchos argentinos le reconocemos, propondrá un rechazo a la violencia como herramienta de la lucha política para que nunca mas se repitan hechos que promuevan tanto dolor.

Con mucho respeto.

*Claudia Rucci

Crónica y Análisis, publican el presente artículo de Claudia Rucci (Diputada Nacional e hija del lider de la CGT José Ignacio Rucci, asesinado por terroristas setentistas) por gentileza de su autora.

Temas relacionados