Carta abierta a los mendocinos

Gabriel Ferrero, del MO.PO.MA hace un interesante análisis, que firma y solicita a la comunidad que adhiera con su firma enlos negocios, plazas, de Malargüe, para saber donde están parados que no radica en una actitud a favor o en contra.
Ferrero no es parte del actual gobierno que conduce los destinos de Malargüe, como así tampoco está inserti en el gobierno provincial, ya que orienta su propio partido departamental el MOPOMA.
*Nuestro país tiene una historia que demuestra su condición Republicana y de respeto al derecho de “autodeterminación de los pueblos”. Tan vieja como la Nación, es la posición que sostiene que los habitantes de cada territorio poseen la potestad de diseñar su presente y su futuro.

Atentos a los últimos acontecimientos de dominio público, relacionados a la negativa legislativa de instalar un emprendimiento minero en el Departamento, como así también a la presión ejercida por sectores que se oponen a esa exploración.

Los Malargüinos firmantes queremos saber dónde estamos parados, y la base del planteo no radica en una actitud a favor o en contra de la minería en forma lisa, llana e indiscriminada.

Sino a una discusión mucho más profunda que excede al debate coyuntural, apasionado y mediático. Saber dónde quedamos ubicados los habitantes de esta tierra en el ejercicio de una determinación de soberanía territorial que no se nos ha permitido ejercer, porque la acción de otros lo hizo por nosotros.

Mientras se discute respecto a “Minería SI” o “Minería NO”, la vida nos transcurre implacable y a Malargüe, inmerso en un oasis de riquezas no se le permite diseñar un perfil económico definitivo, basado en un consenso y debate que nos debemos.
Malargüe es el que más fondos de origen minero ofrece a la provincia (gas y petróleo). Los que son coparticipados a los 17 departamentos del resto de Mendoza que reciben su cuota parte; incluso los que se oponen a la explotación minera.

Vale preguntarse: ¿se está en contra de la explotación pero no de los beneficios?

El uso y abuso de la mala política desde ambos frentes ha producido un nefasto nivel de fanatismos en un sentido o en el otro.

Desde el desafortunado “déjennos contaminar un poquito” de la Senadora Silvia Calvi hasta la actitud mesiánica de estar en contra por estarlo, sobre este tema paso de todo.

Hemos creído necesario formularnos algunas preguntas, que nos surgen como interrogantes para entender porque nuevamente no hemos hecho uso del derecho de decidir genuinamente acerca de que queremos como sociedad para nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

Vemos jinetes enarbolados en las banderas del cuidado del agua y la no contaminación, en lo que todos coincidimos plenamente. Pero sentimos que se han adicionado elementos extraños e inconducentes a un debate que debiera tenernos como protagonistas y comenzar por plebiscitar la posición mayoritaria que sobre el particular tiene la sociedad. En efecto, nadie sabe a ciencia cierta cuál es el pensamiento democrático de la mayoría de los ciudadanos y muchos desde la soberbia se muestran con una verdad revelada en un sentido u otro.

En Malargüe hace casi un siglo que no tenemos la suerte de saber que hacen los gobiernos con las riquezas de este suelo, qué nos queda y qué beneficio nos ofrece, o lo hará algún día.

Si bien somos fervientes defensores de la hermandad entre los pueblos, en muchas ocasiones nos sentimos la “Cenicienta”. Con “hermanos” a los que hay que servir y atender, pero a los que poco interesa nuestro bienestar y felicidad.

Aunque apelamos a la memoria, nos resulta en vano recordar cuando se le consultó a Malargüe acerca del uso que se dio a cada riqueza que se nos sacó de las entrañas para llevar bienestar a otras latitudes, para encima tolerar que no seamos nosotros quienes decidamos en qué sentido caminar de ahora en adelante.

Siendo el principal productor de gas de Mendoza, nuestra ciudad carece de una provisión normal de ese vital recurso por falta de inversión y corrupción gubernativa. En simultáneo los gasoductos que surcan esta geografía, llevan calor a otros hogares, potencia a otras industrias y bienestar a otras ciudades extrañas.

Al hablar de nuestro derecho de uso de una pequeña porción de la masa hídrica que conducen el “Salado” y el “Atuel”, con nacientes en glaciares territoriales. ¿No será mucho pedirnos que continuemos utilizando solo un pequeño porcentaje del agua de los cauces que nacen en nuestros deshielos, porque toda el agua debe seguir a Alvear y San Rafael?

Quién nos consultó siquiera nuestra posición para que los mismos fueran en su totalidad al sistema hidroeléctrico de “Los Nihuiles”, “Los Reyunos”, “Agua del Toro” y “El Tigre”. A nadie importo nuestro punto de vista. Ni nadie nos mostrará alguna vez ningún hipotético estudio de impacto ambiental que nos garantice que su sola instalación no derivo en ninguna alteración del ecosistema regional.

En el mismo sentido de asegurar el regadío de las zonas cultivadas del San Rafael y Alvear, le fue cortado el ingreso del vital elemento a nuestra “Laguna Blanca”, produciendo su secado total, para priorizar el riego agrícola de los Departamentos aledaños. Ese accionar produjo la muerte de miles de peces y la desaparición de cientos de aves, ante la destrucción de su eco ambiente; dejando un panorama dantesco de muerte y desolación.

¿Donde estuvo aquí el respeto a la vida, la naturaleza y el medio ambiente, o los organismos que dicen defenderla?
¿Como es posible que mientras se nos impide usar nuestros recursos hídricos en forma libre y responsable, en paralelo la provincia dilapida casi 40 metros cúbicos por segundo al Atlántico por la falta de inversión aplicada al trasvase del “Rio Grande”? Debiéramos preguntarnos si en realidad la crisis es hídrica o gubernativa.

Por otra parte y si bien coincidimos en la necesidad de proteger el medio ambiente de toda contaminación, consideramos que existe mucho pecado de hipocresía en sectores que se presumen comprometidos con su preservación.

Si bien toda actividad productiva o de explotación económica, lleva consigo el riesgo de producir algún nivel de contaminación, no es menos cierto que el hombre debe propender a minimizar sus efectos. En ese contexto, la actividad agropecuaria no está exenta de generar contaminación de suelos y aire. Nos alcanza con recorrer las rutas de la provincia en épocas primaverales de heladas tardías, para encontrarnos con densas nubes negras de la quema de cubiertas y combustibles derivados de hidrocarburos. Curiosamente a la vera de las mismas rutas algunos carteles dicen “Si al agua pura”, “No a la contaminación”

Considerando solo algunos de los casos paradigmáticos, deseamos preguntarnos:

¿Alguien nos consultó a los Malargüinos si estábamos de acuerdo con el venteo de gases contaminantes al cielo y con miles de litros de tóxicos a los suelos, que son espacios comunes de la casa que compartimos?

La utilización intensiva de pesticidas y elementos químicos de toda naturaleza en la actividad agropecuaria, concluye contaminando las napas freáticas y el subsuelo con consecuencias insospechadas para la salud y la propia vida.

Recorriendo nuestra geografía departamental, podemos observar a más de 40 kilómetros de distancia del paraje de “EL Nihuil” y de forma impactante la imponente columna de humo y gases de la reinaugurada planta de ferroaleaciones “Manferro”. De forma menos perceptible, pero en el mismo lugar, el lago se contamina gradual y permanentemente con los efluentes cloacales sin tratar, que producen las poblaciones adyacentes a la peri lago. Sin entender que hablamos del mismo agua que se dice cuidar y que luego consumen San Rafael y Alvear.

Como es posible que nuestros hermanos opinen con tanta autoridad de lo que podría ocurrir en Malargüe, según su visión parcial y egoísta de hechos no sucedidos aun, mientras nos envenenan la atmosfera y la tierra con elementos altamente cancerígenos y en resguardo de su propia economía?

Por otra parte y mientras San Carlos se manifiesta contra la minería, las canteras de caliza de la más grande cementera de la región operan en esas latitudes- Surge preguntarse entonces: ¿Minería SI o Minería NO?

Cuando la empresa VALE opero su yacimiento, algunos de los mismos que hoy critican la actividad, en aquel momento sufrieron una amnesia temporal que permitió que ciudadanos de toda la provincia vinieran gustosos a trabajar en las sales de potasio. Inclusos algunos de los empresarios hoy anti- mineros, hicieron suculentos negocios del abortado proyecto.

¿NO a la Minería, si a sus beneficios? Preguntamos.

Probablemente el dilema central de esta discusión este muy lejana de cuestiones técnicas o científicas y este más ligada a la política más básica y banal del “populismo”. Según el peso electoral y la presión que se ejerce en cada comunidad, se pretende que sean los resultados. Malargüe en este campo y como en un viejo clásico futbolero en el pasado siempre perdió por goleada, pero es hora del tan ansiado momento de inflexión.

Esperamos que nuestro humilde aporte al sentido común, sirva a la apertura de conciencias y al necesario sinceramiento de posiciones. Anticipamos el compromiso de protagonizar las acciones concretas que conduzcan a Malargüe al destino de grandeza que nunca debió perder.

Me incluyo, y todos los que se sumen para la firma va a estar en los negocios, plazas, etc de Malargüe !

*Por Gabriel Ferrero MO.PO.MA Movimiento Popular Malargüino

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