Cosquín: bochorno la noche en la que iba a ser homenajeado Falú

Juan, sobrino del maestro salteño y otros artistas, fueron sacados del escenario antes de terminar la presentación. Lo que iba a ser un tributo a la memoria del gran guitarrista, terminó abruptamente y en un bochorno.

La quinta luna fue “la noche que Cosquín no homenajeó a Eduardo Falú”. La organización había anunciado que el miércoles 28 sería dedicado a recordar a ese salteño, ícono de la cultura popular de esta parte del continente, quien a los 90 años falleció en agosto último. Y lo haría con un espectáculo especial con la participación de un grupo de notables encabezado por su sobrino, el tucumano Juan Falú, heredero de tan fino talento guitarrero y de tan pocas pero profundas palabras.

El país folclórico se ubicó en la platea más cómoda para disfrutar de lo que, se esperaba, sería uno de los picos más celebrados de la edición 54.

Las cosas anduvieron mal antes de empezar. Juan Falú y sus acompañantes (Liliana Herrero, Lilián Saba y Marcelo Chiodi) no tuvieron tiempo de probar sonido. Además, tuvieron que esperar las 3 de la mañana para subir a escena. Antecedentes al margen, Juan y sus amigos largaron con la inmortal “Tonada del viejo amor”, que el público coronó con un aplauso sostenido y vivas desde los cuatro rincones de la plaza. Pero el sonido distaba de ser el mejor. El tucumano, fiel a su estilo agudo, abundó: “Hay símbolos que tienen que ver con nuestra patria y con nuestra cultura que es necesario saber respetar, como esta guitarra criolla, sin enchufe, que nos ha engalanado por todo el mundo”. Y remató: “Por eso merecíamos el tiempo para poder hacer una prueba de sonido antes de actuar, no por nosotros sino por respeto a ustedes y al homenajeado. Hay mucha tecnología acá, entonces hagan sonar bien una guitarra criolla, por favor”, mientras la plaza desbordaba de aplausos. Dicho lo dicho, Juan siguió con las también inolvidables “Trago de sombra” y “Milonga del alucinado”.

Pero el problema técnico no se solucionaba y, como correlato, la excelencia de lo que sucedía arriba no bajaba fielmente al auditorio que, pese a todo, en ningún momento dejó de reconocer el talento y el rigor de la puesta artística sobre el escenario.

El tributo al gran maestro de la guitarra, de la voz pausada y profunda, continuaba a pesar de todos los pesares. Hasta que de repente, el maestro de ceremonias Marcelo Simón irrumpió en el escenario para “despedir” a los artistas, ordenar el giro del escenario hacia atrás y poner en escena a Flavia Martínez quien, sin quererlo, quedó de frente a la multitud que a los gritos clamaba por el regreso de “Falú por Falú”. Pero ya no más. Los locutores intentaron alguna salida decorosa a la situación, pero en la plaza el clima se caldeaba cada vez más. En vano fueron la bronca y los lamentos de la gente. Alguien decidió sacar a los artistas de escena, de un plumazo, y a otra cosa.

Lo que se anunciaba como un espacio para el merecido recuerdo, con un profundo viaje a las raíces culturales, fue un acabado ejemplo de vergenza ajena, además de una falta de respeto al homenajeado, a los artistas y al público. Una noche que pintaba para inolvidable resultó un bochorno.

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