¿Cuánto vale un montañista muerto?

Compartimos este relato de Adrian que resume varias sensaciones, sentimientos y opiniones que se han vertido estos días en virtud de lo sucedido en el #NangaParbat, para nosotros refleja mucha verdad. ¿Vos que opinas?

Desde chico mi viejo me llevaba a la montaña a comer un asado y mientras él ponía el fuego siempre me motivaba a subir esa lomada, ese cerrito o montañita y ver todo desde arriba.


Con el tiempo, y después de conocer esta pasión no ha dejado de latirme el corazón al caminar por un sendero, subir un filo, caminar por el hielo, sentir el viento en la cara, que el agua se te congele, caminar sin rumbo hasta encontrar esa ventana que te marque el camino de regreso.


Cada experiencia ha sido una película increíble que se ha grabado en mi cabeza, muchas veces como protagonista y otras como cameraman.
Sin ir más lejos hace casi unos 21 días que los montañistas se han vuelto estrellas de cine, hay empresas que han facturado, diarios que han rankeado, fanpages que sumaron miles de seguidores y las fotos de los protagonistas han recorrido y se han compartido por el mundo entero como uno de los mejores estrenos de esta temporada.

¿Pero cuánto vale un montañista muerto?

Vale mucho más de lo que te imaginas: Prensa gratis, titulares en primera plana, debates, opinólogos, especialistas, apoyos económicos y hasta funcionarios comprometidos y dispuestos a colaborar con dinero, con equipamiento, y hasta reconocimientos. Todo esto ¿a cambio de qué? ¡Suena bastante lindo!… claro que suena lindo, pero lo triste es que, para que esto suceda, te tiene que estar pasando algo verdaderamente fuerte, verdaderamente escalofriante, deberías estar “Tocando el Vacío” para que uno y otro medio te reconozca como una figura emblemática o un gobierno te nombre como figura importante de tu región. Claro está que si no te pasa nada, no vas a recibir nada ni ayuda de nadie, es más, tal vez te pongan trabas, te critiquen y hasta te quieran “prohibir la entrada a una montaña” o bien algún periodista mediático diga que él y todos los demás pagan los impuestos para que después haya que ir a rescatarte… lo mismo que sucede si pasa con alguna otra actividad o deporte.

He tenido la dicha de conocer uno de los protagonistas, y esta película me ha atrapado estos días durante la mañana, tarde y noche. (y no solo como espectador, sino también como oyente, como público, como guionista y también como crítico. He sufrido, he sentido mi pecho apretado de dolor, de pena, de furia, agitación, de esperanza y de paz). Pero como crítico de estas películas me he mantenido al margen, aunque he hablado entre mi familia y amigos, investigando y obteniendo algunas pruebas contundentes. No soy más que otro montañista y apasionado que respeta toda opinión vertida. Respeta a las familias, a los amigos y a los protagonistas que eligieron el mejor guion, sin y con producción, con escenografía y con altura, con estudio y con simpleza, con esperanza y con sentido común.
Nadie es ajeno a lo sucedido, todos los que practicamos esta actividad sabemos a qué nos enfrentamos, sabemos lo que si puede pasar y vamos descubriendo en cada paso lo que no conocemos.

“Hacernos los necios o no querer ver la realidad es una forma de ocultar que no estamos preparados para esto”

Lo cierto es que muchas veces cuando comenzamos a “filmar”, nos olvidamos de sellar el contrato, nos olvidamos de anotar esas letras chiquitas que dicen y dan respuestas al que pasa si:…. Qué pasa si ocurre esto, que pasa si ocurre lo otro. Esas letras chiquitas que deben ser tan grandes y claras que no permitan que ese contrato lo tengan que revisar otros y por sobre todas las cosas pagarlo.

Hace unos años un gran amigo, haciendo un “film” de estos lindos en una montaña preciosa perdió la vida en Perú haciendo lo que cada uno de nosotros sabe: “Simplemente subir montañas” fue muy triste, pero peor fueron las semanas siguientes, los meses desgarradores para juntar dinero que permitiera llegar al cuerpo.

Luego, que lograran traerlo a su tierra, conseguir rescatistas, helicópteros para obtener mejores tomas, papeles, cuestiones diplomáticas, políticas diferentes, trámites y más papeles. Lo que muy pocos sabían e incluso su familia, era que su voluntad no era volver si pasaba algo, sino quedarse donde su camino había terminado. Pero claro, en su contrato para esta “película” se olvidó de anotar y firmar la letra chica y todos tuvimos que hacer lo posible para terminar de cerrarlo con uno de esos abogados que le buscan la vuelta a todo…

Hoy está película lleva casi 21 días, donde los estrenos se han dado antes de terminar de filmar, donde el público reclama una segunda edición, donde los protagonistas no son más que polvo entre la inmensidad que los cobija, cobijará y cobijo durante esta larga filmación.

“Hoy vale mucho más un montañista muerto” que cientos de apasionados que desafían su sueños, sus deseos en busca de algo muy personal subiendo montañas, a veces con sentido de cuestiones solidarias, otras tan solo personales, pero hoy vale más el sufrimiento, la agonía, la historia de un final no feliz, porque los medios necesitan ese título marketinero, amarillista, desgarrador y de sufrimiento. En vez de titulares llenos de sueños, motivadores y que enseñen que no es solo subir una montaña, sino también es, encontrarle respuesta a la escuela de la vida llamada naturaleza.

Comprendo a cada uno que espera nuevas pruebas, otros resultados, que espera el milagro y que sigue con esa esperanza firme como me pasa a mí. Pero no debemos ser ciegos y hacernos oídos sordos de todo lo que ha sucedido, porque al fin y al cabo a todos cuando está por terminar la película nos pasa que esperamos que los protagonistas sigan activos para nuevas ediciones y muchas veces esto no sucede.

Con un fraternal abrazo a toda la familia, amigos y espectadores, espero que nuestros protagonistas puedan descansar en paz como esa paz que solo los que alguna vez hicimos montaña podemos desear firmar en nuestro contrato antes de salir.

Por Adrián Zorrero

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