De liderazgos y días de furia

El proyecto minero Hierro Indio, en el departamento de Malargüe, provocó días de furia para el oficialismo esta semana. Y fracturas, dejando una clara señal: los liderazgos políticos se aparentan frente a la formalidad  partidaria y mediática, y nadie que deba simular “lealtad” deja de acompañar, no importa cuantos militantes  haya que movilizar.

Pero esos liderazgos se caen a pedazos con un gran estruendo cuando se trata de encauzar a la tropa –bien o mal-, detrás de ciertos proyectos que chocan con los intereses, y lo que es peor aún con el pensamiento, de importantes sectores de la sociedad.

Subestimar a la ciudadanía, desestimar su nivel de discernimiento – y no estamos aquí ni dando ni quitando razones-, es demasiado riesgoso, pues cuando se está frente al  devenir de la opinión pública,  se entremezclan situaciones tan diversas y complejas que difícilmente se puedan dilucidar en una mesa chica e inexperta, no importa que esté despojada de toda soberbia.

Las dicotomías no son menores si hay legisladores provinciales que plantean el temor de volver a sus departamentos si votan de una forma determinada.  Y mucho menos si quien “acompaña” un proyecto político evidencia escozor y agota todas las instancias posibles para evitar un empate técnico, que como Cobos por la Resolución 125, lo convierta en el personaje decisorio.

Es fácil confundir la legitimidad para gobernar que otorgan los votos, con la capacidad y apertura para hacerlo de acuerdo a los principios democráticos e institucionales más caros. 

Igual, creer que con un decreto al que se busca, tarde, respaldarlo con un aval legislativo difícil de conseguir, se puede burlar una ley, es desandar un camino sinuoso en el que la gran mayoría transitamos desde hace mas de 30 años.

 

 

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