Don Pablo Matile

Esta semana la Profesora e Historiadora María Elena Izuel, nos acerca parte de la historia de los inmigrantes que cobijó nuestro suelo y en el sentaron raíces.

Don Pablo Matile nació en Moscú en 1852, pero fue por casualidad, ya que su padre que era francés trabajaba en ese momento en una Sucursal del Banco de su padre en ese lugar. Toda su familia era de origen francés, se lo consideraba suizo-francés. Se casó  con doña Luisa Du Bois, también de origen suizo, matrimonio del que nacieron seis hijos,  la menor Teresa, nació en San Rafael y fue la madre de don Paul vonMengerhausen.

Había instalado en la ciudad de Le Locle una fábrica de tornillos de precisión para la relojería suiza, pero al escuchar las historias fabulosas que se contaban de América, vendió todo y decidió viajar.

A don Pablo le gustaban las aventuras y sabiendo que América era tierra de aventuras, decidió viajar con su familia para establecerse en algún lugar atractivo. Cuentan los descendientes de Matile que cuando la familia llegó al Puerto de Bs. As., Berta,  la niña más  pequeña tenía rubeola,  entonces le colocaron un chal rojo para  que no se notara, evitando de ese modo la cuarentena en el puerto. Relatan también que al bajar los cajones con todas las pertenencias, uno de ellos se cayó, justo el que contenía la vajilla de porcelana de Sevres, rompiéndose casi todo. ¡Cuántas peripecias! y… ¡Qué aventura!

También traían un piano y un violoncello, instrumentos que ejecutaban a la perfección los miembros del  matrimonio.

Pensaba viajar al Chaco y al Paraguay, pero en el Hotel donde paraban se encontraron con don Rodolfo Iselín quien los convenció que vinieran a sus tierras adonde él ya estaba instalado. Don Pablo no lo pensó dos veces, ya que le dijo que había sido tierra de indios.

Debemos pensar que venían de una  Europa culta, civilizada, donde las ciudades eran muy importantes y se trasladaron a esta zona, que en ese momento recibía el nombre de Las Polvaredas, pues lo único que se veía era mucho polvo, en especial cuando corría un vientito, fuera pampero o zonda.

Viajaron en tren a Mendoza y luego en la Mensajería La Guerrera a San Rafael, a esta carreta le  llamaban La Perrera por la incomodidad del viaje. En agosto de 1887 hacían su entrada en la Villa y pararon en el Hotel de don Blas Arbet, que los recibió hablando un perfecto francés, ya que era de esa nacionalidad. También perdieron algo de sus cosas cuando el carro en que venían se volcó al cruzar el río Tunuyán .

Le compró tierras a doña Aurora Suárez, enfrente a las de Iselín (hoy Barrio Matile) y ahí construyó su casa y comenzó las plantaciones. En un primer momento, en el trabajo no le fue bien, ya que tuvo problemas con los vientos, las heladas, las hormigas y el granizo, para poder regar debió colocar defensas en el río Diamante, pies de gallo, para que el agua entrara en su canal. Pasado un tiempo  pudo cosechar, construyó su pequeña bodega en sus tierras  y comenzó a elaborar sus vinos en cubas de álamo y después de roble.

La educación de los niños pequeños estaba a cargo de las institutrices que hacía venir Iselín para sus hijos y concurrían también los hijos de sus amigos.

Cuando ya eran mayores la mayoría de los extranjeros que venían de Europa con dinero, enviaban a sus hijos a estudiar en su tierra natal, ya que habían quedado parientes que los cuidaban, así hizo Matile con sus hijos mayores, una niña y un varón, de 15 y 16 años, Elena y Eduardo, los envió a estudiar a Europa y un  verano en que vinieron de vacaciones, había una epidemia de fiebre tifus, enfermaron y murieron los dos, con un día de diferencia. ¡Cuánto dolor! y tan lejos del resto de la familia. Los sepultaron en el jardín de la casa, ya que aún no había cementerio municipal.

Don Pablo era de religión protestante , hugonote, y mientras estuvo en la Colonia Francesa actuó como Pastor en los oficios del domingo, sin serlo.

Trajeron muchos libros e instrumentos musicales y gustaban de reunirse para escuchar música, ya fuera el piano, doña Luisa de Matile, que era concertista de fama,  los deleitaba con su música en su piano de marca “Pleyel” uno de los mejores de la época, o el violoncello “Amati” de don Matile. La vida social y cultural, en la Colonia, era muy importante, los días domingo se reunían en los oficios religiosos, donde don Pablo Matile oficiaba de pastor, aunque no   lo era,  y por las tardes, en las tertulias, realizadas una vez en cada casa, donde  después de tomar el té, escuchaban música o bailaban,  también charlaban sobre política y en ocasiones terminaban la reunión con alguna discusión ya que no se ponían de acuerdo.

Practicaban también deportes, sobre todo tenis, en muchas casas existían canchas de tenis, la de Iselín era muy concurrida.

La pequeña Bodega comenzó a crecer y en 1925 su producción anual llegaba a 1.800 cascos.

En el año 1927 falleció don Pablo y su esposa, la abuela doña Luisa falleció en  1932. La Bodega pasó a manos de  las hijas Juana Ester, quien permaneció soltera y de Berta, casada con don De Nevrezé, quienes luego construyeron otra Bodega, más moderna.

En el sitio donde estuvo la casa y la Bodega hoy se ha construido el Barrio Matile.

*por  Prof. María Elena Izuel

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