Eduardo Dolengiewich y su cámara-alma

Ha exhibido sus obras en todos los Espacios de Artes Visuales de Mendoza, también en San Luis, Entre Ríos, Santa Fe, Salta y Buenos Aires.

Eduardo Dolengiewich es un reconocido fotógrafo mendocino con larga trayectoria en nuestro medio y en el exterior. Actualmente integra el grupo de artistas que presenta Rampa Visual durante el mes de enero.

«Bailarina en el túnel entre Cacheuta y Uspallata»

Ha exhibido sus obras en todos los Espacios de Artes Visuales de Mendoza, también en San Luis, Entre Ríos, Santa Fe, Salta y Buenos Aires. Ha sido jurado en muchos concursos desde 2013.

¿Cómo y cuándo inició tu relación con la fotografía?

A los 18 años empecé a trabajar en un negocio familiar de ventas de maderas y ferretería. Con el primer sueldo que cobré me compré una cámara de fotos, desde ese momento empezó a gustarme la fotografía. Al principio no sabía mucho y fotografiaba algunos paisajes y a mi novia, Susana (con quien estoy casado hace 44 años). Con el tiempo mis dos hijos se convirtieron también en modelos. Creo que en verdad fotografiaba por instinto y gusto, sin tener muchos conocimientos ni estudios.

¿Cuál fue tu formación?

A principio de 1990 realicé algunos cursos con profesores de Mendoza y luego en 1993 fui a Buenos Aires a tomar un curso intensivo con Lucien Clergue, gran Maestro y fotógrafo francés. Lo mismo hice en 1994 con Ralph Gibson, un increíble fotógrafo estadounidense. Dos cursos de desnudo artístico «me abrieron la cabeza», me permitieron ver de otra manera y sirvieron para expresarme con un sello propio y único. A partir de ahí comenzó un extenso panorama sobre la fotografía de autor y empecé a crear mis propias fotografías con temáticas variadas: desnudos, surrealismo, reportajes fotográficos, paisajes de autor.

En 1995 me sentí en condiciones de mostrar mis trabajos en una primera Muestra, que con el devenir del tiempo se multiplicó en 70 exposiciones individuales.

¿Cuáles han sido algunas de tus Muestras preferidas?

En 1997 expuse en el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú Casa de Fader y ese mismo año llevé mis obras al «V Coloquio Iberoamericano de Fotografía» en La Habana, Cuba. Recorrí gran parte de la Isla, me adentré en el alma de ese maravilloso pueblo, un pueblo de quijotes en marcha. Aparte de exponer allí registré con mi alma-cámara su idiosincrasia y exhibí esas fotografías en el Museo Municipal de Arte Moderno.

«Cuerpos Mágicos. 1997»

«Cuba Intima. 1998»

En 1993 Oswaldo Guayasamín estuvo en Mendoza y trajo su increíble Muestra expuesta en el Museo Fader. Gastón Alfaro, por entonces Director del museo, gestionó en 1998 que pudiéramos exponer él sus grabados y yo mis fotografías en la Fundación Guayasamín en Quito. Estando en Ecuador viví una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, porque tuve la oportunidad de desayunar con el gran Maestro, conversar largamente con él y hasta realizarle algunos retratos.

«Exposición en Ecuador. 1999»

Y luego en 2018, cuando se realizó una gran exposición del Maestro Guayasamín en el Espacio Cultural Le Parc, tuve el honor de tomar fotos de todas esas obras.

Mendoza. 2018

Recientemente y gracias a la posibilidad que me brindó la Secretaría de Cultura, pude exponer en Suiza en octubre de 2019, acompañando la exhibición de la muestra y presentación del libro «Vórtice» de Orlando Pelichotti.

«Preparando la Muestra junto a Orlando Pelichotti en Suiza. 2019»

He participado como colaborador en varios libros. En enero de 2017 se editó «Imágenes, cuentos cortos y otras yerbas» con cuantos de Jovita Kemelmajer y fotografías de mi autoría.

¿Cómo ha influido tu trabajo como fotógrafo en tu carrera artística?

Trabajé como fotógrafo exclusivo del Teatro Independencia durante 4 años (2012-2015), luego otros 4 años como fotógrafo de la Secretaría de Cultura de Mendoza (2015-2019). Estos trabajos me han dado un rodaje y una experiencia increíble, porque me especialicé en la fotografía de ballet (y la danza en todas sus expresiones) y de teatro, siendo estas ramas del arte dos de mis grandes amores.

Con respecto al ballet, otro momento clave en mi carrera fue el haber registrado la despedida de la danza de la primera bailarina del teatro Colón, Paloma Herrera, en noviembre de 2015. Fue un hecho que me marcó en lo artístico y que aún hoy me estremece de emoción.

¿Formaste parte del equipo de registro y restauración del Museo Fader verdad?

Sí, entre junio y agosto de 2017 fui convocado por la Secretaría de Cultura y junto al historiador del Arte Pablo Chiavazza, registré fotográficamente las más de 1.700 obras de la colección completa del Museo.

¿Cómo ves posicionada a la Fotografía hoy?

La fotografía está incluida dentro de las Artes Visuales y hace mucho tiempo dejó de ser la hermanita menor de la pintura. Ha ido tomando vuelo y dimensión propios. Recordemos que en nuestra provincia existe desde hace unos años el Espacio «Máximo Arias» dedicado especialmente a la fotografía. En los países del norte, la fotografía de autor tiene un valor similar al del arte pictórico y ha adquirido una presencia importantísima en salones, ferias internacionales y bienales.

«Una cierta mirada. Espacio Máximo Arias. 2018»

La creación de una Obra fotográfica tiene una lógica y un tiempo quizás distinto al de una pintura, pero los tercios, las masas y la composición son bastante similares y cercanos. Se plasman en distintos materiales pero con miradas similares.

¿Cómo fue el cambio de la tecnología en tu métier?

Las herramientas de la fotografía han ido variando. El mayor cambio se dio cuando pasamos de lo analógico a lo digital. Yo di ese paso en 2008 frente a la necesidad de trabajar, ya nadie quería «papel», todo fue variando hacia la computadora (me refiero a mi trabajo en empresas y entidades estatales). Afortunadamente he seguido haciendo fotos en papel para exhibir en Muestras y vender. Antes contábamos con un rollo con el que se podían tomar 36 fotografías y hoy en una memoria caben miles de toma.

Contanos acerca de ese experimento que solés hacer con el público…

Lo hago cuando teniendo la cámara en mis manos, la gente me pregunta con qué tomo esas interesantes fotografías. Entonces procedo así: me agacho, deposito el aparato en el piso y pregunto: «¿Sabés qué hace esa cámara en el piso? «. Y mi respuesta es: «Nada, la cámara no hace nada sola, detrás de ese aparato hay un Fotógrafo, una persona que da vida a ese instrumento. Un artista que sabe qué tiene en sus manos y con eso produce algo que moviliza a la gente, que la hace pensar y estremecer».

Actualmente ¿Qué estas haciendo?

Soy uno de los artistas promocionados por Rampa Visual durante el mes de enero junto a Sara Rosales, Elizabeth Hafner y Demián Parmeggiani y continuo trabajando en Mendoza.

¿Tus proyectos futuros?

Mi trabajo no tiene vencimiento y a pesar de que el tiempo real transcurre inexorablemente, tengo todo el ímpetu, las ganas y la pasión de hace 30 años. Hay nuevos proyectos en forma inmediata y a mediano plazo: posibilidades de nuevos clientes en lo laboral, perspectivas de algunas exposiciones y dictado de talleres desde lo artístico. También tengo la esperanza de poder concretar la impresión de un libro de mi autoría con fotografías de distintas temáticas y épocas de mi carrera.

Lo cierto para mí es que hay una cosa: el ojo entrenado , ávido, certero es el mismo con lo analógico o lo digital. La herramienta puede cambiar, pero luego de 30 años de oficio, mi experiencia, mi pasión y mi entrega, siguen siendo las mismas.

Por Alejandra Cicchitti/ nota original publicada por memo.com.ar

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