El amor por los fierros

Te voy a contar una historia, un punto de vista distinto de algo frió, pero contado con amor.

A vos que quizás te gusten los fierros, pero no entendes demasiado; a vos que sos joven, o a vos que siendo mujer no alcanzas a comprender, menos si tú pareja es fierrero.

Bien lo expresa el dicho, la diferencia entre un niño y un adulto es simplemente el tamaño de los juguetes.

Sobre la mesa encontrarás un montón de piezas, con formas extrañas, como si fuera un juego de rompecabezas, verás a su lado una persona cargada de amor, donde se toma un respiro, para tranquilamente, con sus manos percudidas, la paciencia intacta y los cientos de conocimientos al servicio de cada parte, para encajar acordemente cada cosa en su lugar.

En aquella mesa, cada pieza tiene una forma única, especial, los tornillos con sus sofisticados hilos de rosca, cada uno de ellos para un lugar y sus cabezas también, bielas, pistones, aros, retenes, cojinetes, block, cigueñal, la leva con sus precisas formas que lo modifican todo, tapas y demás, cada cosa con una ciencia por detrás, no es solo un pedazo de fierro, es arte, es ingeniería, es física, es matemáticas, es experiencia, mañanas. Esas piezas van desde lo absurdo y básico hasta lo complejo y muy pensado, todo en un solo conjunto.

Parece imposible, ver tantas partes, que al juntarlas, son un baile sincronizado, donde a pesar de las diferencias, cada cosa necesita de la otra para poder funcionar… ja funcionar, ese ya es otro tema, por que al darle arranque, es donde se olvidan los reniegos, es donde el alma se llena, es donde se destapa una cajita de música y la bailarina da vueltas y vueltas.

Para el fierrero, los sonidos, los olores, el poder en un mariposa, que ingresa aire y combustible, dejando potencia, son el éxtasis, es inflar el pecho y decir «yo lo hice», con esas manos percudidas, con la pilcha estropeada, con la cara sucia, con la presencia desprolija, donde ese hombre sentado allí al lado de esa mesa, tiene pinta de inculto, pero es un genio, que ha llegado a resolver, los problemas que varios ingenieros, no supieron tener en cuenta.

Por Ariel C. E. Frey

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