“El Capitán Montoya”

Esta semana la profesora María Elena Izuel, nos cuenta una apasionante historia de nuestros antepasados. Un paraje sanrafaelino lleva el nombre de este bravo soldado.

HISTORIA DE MI TERRUÑO
ARTÍCULO N° 46

EL CAPITÁN MONTOYA

La historia de los malones es apasionante, en ella  se pone de manifiesto la valentía, el coraje de nuestros antepasados, a quienes no les importaba su propia vida, sino el bien de los demás, los aborígenes atacaban porque esa era su forma de vida, para obtener lo que necesitaban,  pero generalmente eran capitaneados por cristianos rebeldes, que por celos y envidia se habían cambiado de bando y eran los más crueles.

Cuando rodearon al Fuerte, sigue contando Narciso Sosa Morales que: “Las tropas apenas han tenido tiempo de prepararse; ya están listas y en terrible carga hacen su primera entrada, en las filas indias. El Capitán Ezequiel Montoya que ha visto a un capitanejo desertor dirigir los movimientos del enemigo, atraviesa las filas y le traspasa el corazón de un lanzazo, el que cae es el bandido Cáceres. Ante la actitud del valiente, las hordas huyen, atraviesan el río y organizándose nuevamente preparan su segundo ataque.

Desde la banda opuesta los salvajes desafían al primero de línea que pasase el río, que presenten combate. EI Coronel. Segovia con sus bravos oficiales y soldados en un acto de verdadera temeridad con tan desigual número de fuerzas atraviesa el río en medio del pánico de mujeres y niños que esperan un funesto desenlace en el desigual combate que iba a empeñarse. Pero quiere el destino que un hecho de esos ciertamente inesperados haga cambiar la situación.

Ya está el regimiento en la banda opuesta. Los rivales frente a frente, separados por escasa distancia, esperan segundos para empezar la lid. Los que desde los muros del fortín presencian los movimientos de ambos, juzgan cada vez más lejano el éxito de los suyos, cada vez les parece más numeroso el enemigo, lo que va a intentarse  es algo que limita en lo imposible. Pero los viejos, que pese a sus ruegos, no se les permitió acompañar al regimiento, conocen el coraje de los suyos y siembran esperanzas en las mujeres y niños que lloran desconsolados.
Se produce el milagro… cuando nadie preveía ni remotamente un cambio de situación, algo inesperado detiene por instantes el comienzo de la lucha

Un tal Barros, un forajido de los capitanejos  indios, desertor del Regimiento 1º de Línea donde  había sido trompa, que notábase tenía mucho ascendiente entre los suyos, montando en su brioso corcel y esgrimiendo su bien preparada lanza, terror de cuantos la vieron emplear porque el que tuvo la osadía de aceptar su reto jamás salió con vida,  se aparta de las filas indias, como una saeta cruza el espacio que lo separa del regimiento, resueltamente se presenta ante los blancos y con la pedantería propia de los facinerosos vocifera: “Que salga ese famoso Montoya tan mentado”.

Parece que la muerte de su compañero Cáceres había influido para su venganza.

Montoya, que ya contaba con muchos y continuados actos de arrojo, no vaciló un segundo, se presenta a solicitar permiso a su jefe para aceptar el reto y blandiendo también su vistosa lanza, jamás vencida,  se aparta de sus compañeros.

Ya están los dos gladiadores en la arena. Apenas han tardado un segundo en mirarse como si eso bastara para un certero golpe. EI bravo Montoya clava las espuelas a su apuesto caballo que parece interpretar la responsabilidad que le impone su amo y se dirige velozmente hacia su rival que acaba de hacer lo propio.

Ambos se encuentran en el centro con una precisión matemática, no hay ruido de lanzas al chocar, únicamente se advierte un cuerpo que cae. Es el trompa Barros. No ha hecho una exclamación, la lanza del Capitán Montoya le ha atravesado desde la boca hasta la nuca.  Ha sido el golpe de este magistral espadachín el que ha salvado al pueblo y modestamente, sin hacer alarde, como todos los valientes se presenta ante su Jefe solicitando el permiso de práctica para reintegrarse a su regimiento en medio de un emocionante recibimiento.

Los salvajes que asistían con verdadero optimismo a este combate, al ver caer a su jefe vieron que “Gualicho” provocaba una vez más su derrota, en vano sería intentar nada contra este personaje del Mal y enfrentando sus indómitos corceles hacia el sur se pierden detrás de las lomadas que ya bañaba el sol,  perseguidos por la terrible carga de esos 150 bravos defensores del fortín”.

Esta Historia, del  bravo Capitán Montoya, se pensó durante mucho tiempo que sólo era un mito, pero el General Fotheringan que había sido llamado desde el fuerte por el ataque de los aborígenes, relata que llegó al día siguiente al Fuerte y le relataron todo cómo había sido, por lo que fue real todo el hecho.

Se le ha rendido homenaje colocando su nombre a una zona del distrito de Las Paredes.

*Por la Prof. María Elena Izuel

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