El Comandante Juan Antonio Rodríguez

La campaña al desierto también tuvo su hito en San Rafael, así nos lo relata la profesora e historiadora María Elena Izuel, una colaboradora excepcional de nuestro diario.

HISTORIA DE MI TERRUÑO
ARTÍCULO N° 41

EL COMANDANTE JUAN ANTONIO RODRÍGUEZ

*La presencia de Rodríguez, impactó favorablemente en el General Aldao, supo desde el primer momento que tendría en él a un fiel servidor y  valeroso guerrero, a su vez Rodríguez encontró en Aldao a un padre, a quien sirvió siempre con entusiasta agradecimiento, hasta confesar que se haría matar por él; así fue que en vez de ser admitido como soldado raso, fue incorporado entre los oficiales y se destacó en la campaña al desierto de 1833, mereciendo los ascensos primero a Teniente y luego a Capitán. Su excelente conducta, su capacidad  y habilidad militar, le hicieron acreedor a los premios que por decreto el Gobierno de Mendoza acordó para los “jefes, oficiales y tropa que expedicionaron contra los indios y Pincheira”; a él se le entregaron campos en el Chacay (Malargüe).

En 1835, ante el peligro que significaban los ataques de indios desde el Sur, ya que toda la zona sureña se hallaba despoblada, Rodríguez se ofreció a salirles al encuentro y mantenerse en ella. Aldao necesitaba una persona muy valiente para comandar el Fuerte de San Rafael, recientemente reconstruido, ya que la lucha contra los indios no había terminado y en ese cargo lo designó al Capitán Juan Antonio Rodríguez, que se desempeñó desde 1835 a 1847. Al sitio llegó  acompañado sólo de doce soldados y algunos indígenas amigos.

De a poco su guarnición se fue reforzando con voluntarios y pobladores que regresaban a sus tierras, que les había donado el Gobierno de Don Pedro Molina; ante la seguridad que brindaban las tropas del Fuerte. Señala  Narciso Sosa Morales en La Villa Vieja que el fuerte de San Rafael «desde su fundación hasta hacerse cargo Rodríguez, había permanecido en el más completo abandono, los pocos que se animaron a probar fortuna en estas regiones vieron constantemente sacrificados sus esfuerzos por el asedio sin tregua de los indios, debiendo la mayoría abandonar estos lugares; por otra parte la guarnición muchas veces fue muy reducida por destinársele en las luchas civiles y más de una vez cuando languidecía el fuerte, sus pocos moradores y las tribus de indios amigas de las inmediaciones, se  trasladaban a Mendoza solicitando garantías para sus vidas y mejor atención de las autoridades centrales a esta fundación tan necesaria no sólo para el progreso regional, sino como vanguardia de los pueblos del norte».

De a poco los pobladores volvieron a labrar la tierra y trajeron el ganado a los puestos que estaban abandonados, mientras Rodríguez perseguía incansablemente a los indios, en enérgica e implacable acción, sembrando el terror entre las tribus enemigas.

Con sus soldados era autoritario y duro, la traición y las deserciones eran castigadas con penas máximas, pero de este modo y dando siempre el ejemplo de intrepidez y valentía, consiguió templar el ánimo de sus soldados para que permanecieran en sus puestos ante el peligro.

Era muy minucioso en realizar las anotaciones, llevaba un diario de su vida y de sus recorridas por el sur mendocino de lo que  ha dejado una hermosa descripción, que fue  reproducida por  don Vicente Pérez Rosales en su obra, como “El Leguario de Rodríguez”, donde menciona los lugares del paisaje y las distancias entre ellos, la flora y la fauna y también la producción. Cuenta don Pérez Rosales, en su obra “Recuerdos el Pasado”  que fue invitado a visitar el Fuerte de San Rafael por Rodríguez y cuando se fue a dormir encontró en su cama un rollo de papeles, donde estaba anotado el “leguario de Rodríguez”.
En los doce años que comandó el fuerte tuvo una actuación meritoria., fue época de paz y la colonización pudo llevarse a cabo.

En 1847 ordenó la realización de un censo que nos da una clara idea de cómo era el San Rafael de aquel entonces. El documento original de este Censo, el primero en la región, se encuentra en el Archivo Histórico de Mendoza, comienza con la frase típica de toda la correspondencia y documentos de ese momento “ Viva la Confederación Argentina” “Mueran los salvajes Unitarios”, pese a que Pérez Rosales en Recuerdos del Pasado explica que nunca Rodríguez utilizó en su correspondencia este encabezamiento sino este otro  “Viva la fe de Cristo y la razón”,  pero puedo asegurar, con fundamento, que Pérez Rosales se equivocó.

*por la Prof.María Elena Izuel

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