El crimen de los Chiaradía

Osvaldo BarrosoUn relato del Periodista Osvaldo Barroso, destinado «para los sanrafaelinos dispersos por la Argentina y el mundo», señala en su nota nuestro amigo.

Había entrado profundamente la noche en Capitán Montoya. La quietud de ese paisaje rural apenas era roto por el suave aleteo de la brisa al entrechocar en las ramas de los álamos y carolinos de la calle Circunvalación que corre paralela a las vías del ferrocarril. Ese silencio casi sepulcral de pronto se lleno de voces cuando dos lugareños pasaban cantando un viejo valsecito cuyano y de vez en cuando tomaban a «pico» de la botella de vino como para alegrar y aclarar el garguero.

Cerca de allí, en el amplio comedor de la antigua casona de la familia Chiaradia, cuatro personas, todas integrantes de la misma, estaban cenando, mientras esperaban la pelea que sostendría Nicolino Loche por el titulo mundial. Abril se despeñaba aquel año 1973 en un otoño sin complicaciones y la cosecha había dejado un buen recuerdo monetario.

De pronto se escucho el golpetear de manos en el patio y lo raro de todo eso era que los perros no ladraron. «Seguramente es alguien conocido de la casa» dijeron los comensales. El dueño del almacén salió al patio y quienes quedaron en el interior de la casa escucharon un cordial dialogo. Si, sin lugar a dudas era alguien conocido. Uno de ellos respondía al apelativo de «Pelusa» y era hijo de un señor Miranda que vivía a menos de 200 metros de allí y el otro para la familia Chiaradia era desconocido.

Su apellido Funes y su nombre Juan. Ambos querían comprar fiambre y vino y mientras el viejo bolichero cumplía el pedido los sujetos se quedaron en el comedor como interesados en presenciar el combate por TV, por lo que fueron invitados a quedarse y así lo hicieron.

Miranda y Funes se ubicaron detrás de los dueños de casa sin despertar sospecha, pero minutos después hubo un breve intercambio de miradas entre ellos que resultaría fatal para los cuatro ocupantes de la vivienda.

Miranda extrajo de entre sus ropas un machete de cortar caña y le aplico un violento golpe en la cabeza a don Chiaradia que le provoco la muerte en forma instantánea y luego hizo lo propio con la esposa del comerciante.

Funes, por su parte, armado con un revolver disparo contra la dos víctimas restantes, y una de ellas intento escapar hacia el dormitorio contiguo pero fue alcanzada por el asesino que termino de matarla a cuchilladas. Como signo evidente de su terrorífico accionar Funes violó a la anciana luego de muerta mientras Miranda comenzaba a preparar el botín: dinero, mercadería, cigarrillos, monedas y otros elementos. Después se dieron a la fuga. El silencio en Capitán Montoya era total. Al día siguiente un niño que fue a comprar al almacén de los Chiaradia quedo petrificado: todos los cuerpos estaban envueltos en inmensos charcos de sangre. Había sido una brutal matanza.

Pronto todo San Rafael quedo conmocionada por lo sucedido, mientras personal policial comenzaba las investigaciones. Alguien le conto a uno de los uniformados que había visto al «Pelusa» merodear la casa donde ocurrió el crimen y entonces, como Miranda tenia antecedentes (cargaba con otras dos muertes), fueron a buscarlo. Estaba en la casa de su padre pelando cañas.

Conducido a la Brigada de Investigaciones de San Rafael terminaría confesando que era uno de los asesinos de la familia Chiaradia » y que el cómplice era Juan Funes» también un viejo conocido de la justicia. A este se lo encontró el mismo día domingo, luego de buscarlo en Monte Coman y General Alvear, en la casa de su novia ubicada detrás de la Cárcel de Encausados de nuestra ciudad.

En menos de 24 horas la policía había esclarecido uno de los asesinatos en masa mas horrendo de la provincia y considerado además como en donde se empleo la barbarie en su máxima expresión.

Miranda y Funes fueron condenados a prisión perpetua, recuperando la libertad en los años 90. El «Pelusa», según dicen, se hizo pastor evangélico en la ciudad de Neuquén, aunque nunca mas volvió a San Rafael, mientras que Funes fue asesinado en una reyerta en Quemú Quemú en la provincia de La Pampa en el año 2003. «Este hecho forma parte de mi próximo libro «HISTORIAS PARA CONTAR, volumen Tres que aparecerá próximamente en San Rafael», nos dice Osvaldo Barroso.

*Por Osvaldo Barroso

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