El cura Marco trajo a los italianos

Esta semana la Profesora e Historiadora María Elena Izuel, nos cuenta como llegaron los italianos a nuestro suelo.

Cuando llegó a estas tierras el Regimiento 7º de Caballería, venía con él, como Capellán del Regimiento el Presbítero Manuel Marco,  conocido en la historia del departamento como el Cura Marco.

Tras la muerte de Fray Inalicán ningún sacerdote se estableció en la zona, hasta la llegada del sacerdote Manuel Marco: «Anteriormente llegaban misiones católicas, muy de tarde en tarde, a cristianar y a casar, ceremonias que eran esperadas con grandes preparativos. EI acontecimiento congregaba a los  pobladores diseminados por los campos y desde leguas y leguas llegaban con sus familias a tomar parte de los festejos y a recibir los sacramentos».

EI Cura Marco era de origen italiano y poseía una pequeña fortuna heredada de sus padres; a la vez que atendía el culto en la Iglesita, se desempeñó como  maestro en la Villa, y se dedicó a formar empresas de carácter económico, fue un gran empresario, ya que adquirió tierras en gran cantidad. En asocio con Frugoni comenzaron la explotación de la tierra, en la zona de lo que es hoy Las Paredes y Capitán Montoya. También había instalado un molino harinero a orillas del río Diamante y comenzó la explotación de las Salinas de EI Diamante, que compró a los herederos del cacique Goico, única fuente de donde se extraía sal en esa época para todo Mendoza.

Entusiasmado con los proyectos de colonización que ofrecía el Gobierno Nacional, decidió viajar a Buenos Aires en procura de ayuda económica y gente preparada para trabajar el campo con fines agrícolas, ya que en la zona hasta ese momento, todos se dedicaban a la ganadería y no tenían experiencia en el labrado de la tierra.

Pese a que recorrió muchas oficinas no obtuvo el apoyo económico que esperaba del Gobierno,  pero sí a la gente que necesitaba, ya que encontró en el Hote1 de Inmigrantes a veinte familias italianas que acababan de desembarcar, dispuestas a trabajar inmediatamente.

Provenían de la región de Lombardía, del norte de Italia, donde «sobraban brazos y faltaba tierra». El grupo estaba formado por parientes y amigos, que durante 3 años trabajaron con empeño haciendo sacrificios y sufriendo privaciones para poder ahorrar y realizar el viaje.

En diciembre de 1883, llegaron en el vapor «Centro América», al puerto de Buenos Aires, sin encontrar a nadie que los esperara  y tal como sucedía con todos los inmigrantes que arribaban, fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes, donde por cinco días tenían hospedaje y alimento a cargo del Gobierno. Allí los encontró el Padre Marco y los convenció para venir a estas tierras, influyó mucho el hecho de que hablara la misma lengua que ellos, con quien podían entenderse y  además era sacerdote, todos ellos eran católicos. E1 trato se hizo de palabra y consistió en que trabajarían para él en sus tierras, las que podrían ir comprando de a poco, con su trabajo; corriendo los gastos de traslado y manutención por cuenta de Marco. Marco les pagó los gastos de transporte y viajaron a estas tierras, que nunca, ni tan siquiera, habían oído nombrar.

Viajaron en vapor, en tren y luego en carretas. Para  hacer el trayecto Mendoza- San Rafael, tardaron 6 días, debiendo cargar el agua, ya que no se encontraba en la travesía. En el viaje  sólo vieron campos despoblados, desiertos tan enormes que les parecía irreal, se asustaron mucho  y también les dio temor la enorme cordillera que veían atrás. Estaban acostumbrados a Italia, donde no existía espacio libre.

Muchas anécdotas  se cuentan de este viaje, ya que todo les llamaba la atención: la presencia de los carreros, que usaban chiripá y botas de cuero de potro, que comían asado y tomaban mate; quisieron imitarlos, se reían de los carreros diciendo que no sabían asar la carne, tardaban mucho  tiempo en hacer el asado, entonces un día se prepararon para hacerlo ellos e hicieron una enorme fogata donde pusieron la carne, en su inexperiencia,  la quemaron, quedó convertida en trozos de carbón,  y también se quemaron la boca al tomar los mates, que con sonrisa socarrona les ofrecieron los carreros.

Cuando llegaron a las tierras del Cura Marco situadas en  Las Paredes, se alojaron en chozas y en un galpón de adobe y comenzaron a trabajar: nivelaron, desmontaron, hicieron las acequias, los surcos, sembraron cereales y hortalizas, criaron aves y conejos para subsistir. Abrieron los canales Frugoni-Marco y Socavón para regar sus campos, de ahí derivaban las acequias para riego. Todo fue hecho a pala y pico.

Los italianos estaban asombrados de la feracidad de las tierras ya que todo lo que plantaban crecía y crecía. Pero…, este pero es el mismo que aún nos aqueja: llegaron los vientos, el conocido Zonda,  en ese momento terrible, pues no encontraba obstáculos, como ahora lo son las trincheras de álamos, y los cultivos se quemaron. Lo poco que quedó tampoco llegó a la cosecha, pues cayó una violenta granizada que acabó con todo.

El cura Marco había perdido toda su fortuna, perdió todos sus bienes, hasta las Salinas del Diamante y no podía mantenerlos más, con lo único que contaban eran sus brazos y sus deseos de trabajar, su empleador les sugirió que   viajaran a Mendoza donde había mucho trabajo, se reunieron y después de una larga discusión en la que algunos querían hacerle un juicio al Cura por no mantener la palabra,  decidieron, con mucha pena, cargar sus pocas pertenencias en carros para partir.

 

Prof. María Elena Izuel

 

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