El kirchnerismo de Scioli y el Plan Brady de Cristina

 

Por Gabriel Profiti / NA.

«Las críticas fueron injustas e ingratas.» Contrariamente a su habitual tono componedor, Daniel Scioli se paró claramente del lado del Gobierno en la escalada con los empresarios reunidos en el Coloquio de IDEA y afinó su perfil de candidato K.

Horas antes, en la cumbre anual de Mar del Plata la crema del establishment nacional había diagnosticado que «el modelo económico está agotado», tras lo cual el ministro Axel Kicillof los definió como «nostálgicos de los 90».

Scioli, el único referente del Gobierno que había concurrido en los últimos años a la reunión ya había vuelto a decir presente en la apertura del miércoles, con una defensa del camino recorrido y su habitual latiguillo de que lo mejor está por venir.

El viernes, en medio de su segunda actividad en una semana con referentes de La Cámpora, ordenó difundir las declaraciones que había hecho minutos antes pidiendo a los empresarios actitudes constructivas y reprochándoles su ingratitud.

Ese día el Gobernador se fotografió en Suipacha junto a Eduardo «Wado» De Pedro y Alberto «Cucho» España, referentes de La Cámpora, y el martes había inaugurado un local en Lanús con el secretario de Justicia, Julián Álvarez, quien sueña con ser intendente de ese distrito y ve en Scioli un salvoconducto.

El kirchnerismo sciolista también se vio el jueves en San Luis, donde el exvicepresidente se mostró con el intendente K de la Capital, Enrique Ponce, a quien promueve en la provincia como contracara de los Rodríguez Saá. Por ese viaje no pudo asistir al «contracoloquio» oficialista organizado en la ciudad balnearia.

El acercamiento entre sciolistas y kirchneristas también alcanza a líneas intermedias como el que mantiene Nicolás Scioli con Ariel Sujarchuk, de la agrupación Kolina y que también alcanza al Movimiento Evita.

El oficialismo empieza a ver en Scioli la posibilidad más concreta de continuar en el poder, pero la gran duda es si finalmente Cristina y Máximo Kirchner le darán su apoyo.

La estrategia electoral del mandatario provincial desconcierta a varios de sus hombres, pero en sus cálculos está conseguir todos los votos del oficialismo en las primarias y luego buscar un triunfo en primera vuelta con el 40 por ciento.

El panorama, tal como están las cosas, no parece sencillo para Scioli. Una encuesta difundida esta semana por Isonomía reveló que un 70 por ciento de la población quiere cambio más que continuidad para 2015 y solo un 30 por ciento se inclina por la opción inversa. .
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El frente externo
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Scioli también se ocupó de «bancar» a Cristina Kirchner en lo concerniente al frente externo, más allá de que aspira a que una solución a la crisis por la deuda cambie por anticipado el clima político y económico de cara al próximo período.

Mientras crecen las versiones de que el Gobierno promoverá un arreglo con los fondos buitre en enero, fuentes del Palacio de Hacienda señalan que las opciones son «acordar o encapsular».

Ninguna de las dos es sencilla: arreglar, de acuerdo con las premisas del kirchnerismo, requerirá de la totalidad de los holdouts, no sólo los buitres y por un monto menor al reclamado; y encapsular significa que la Argentina recupere fuentes de financiamiento e inversiones sin acordar.

«Las dos son difíciles, pero por eso se analizan las dos variantes», indicó una fuente oficial. Dentro de esa estrategia está la de «diversificar las fuentes de financiamiento» y en ese marco, el Gobierno emitió por primera vez un bono atado al dólar, el Bonad 16, y reunió 983 millones de dólares.

Al hablar de las posibles soluciones, las fuentes recordaron el Plan Brady, al que la Argentina ingresó a fines de 1992. Se trató de un plan diseñado por el ex secretario del Tesoro de EE.UU. Nicholas Brady, como forma de resolver la cesación de pagos en la que habían caído varios países latinoamericanos tras la crisis de la deuda externa de la década del 80.

La Argentina emitió 25.000 millones de dólares en bonos. El plan permitió a los bancos acreedores desprenderse de los créditos incobrables que tenían con la Argentina, cambiándolos por bonos que vendieron a sus clientes, muchos de ellos pequeños ahorristas en EE.UU. La operación fue presentada por el Gobierno de Carlos Menem como «la solución al problema de la deuda».

La diferencia con la crisis actual es que en aquella ocasión los acreedores eran bancos y la negociación fue más sencilla, pero el bosquejo es el mismo: una solución integral.

De todos modos, ocho años después del Brady la carga de la deuda volvió a ponerse abrumadora y el Gobierno de Fernando de la Rúa lanzó el Megacanje, diseñado por el banquero David Mulford. Esa reestructuración, que sólo agravó el peso de la mochila, es investigada por la Justicia argentina, incluido Mulford. .
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El Código y la agenda
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Más allá de las polémicas y las zozobras generadas por la economía y a que el fin de su estadía en el poder se vea más cercano, Cristina Kirchner sigue dominando la agenda política con la promoción de iniciativas legislativas.

La última es la reforma del Código Procesal Penal, un antiguo reclamo de gran parte de la familia judicial y también de la política, para que los procesos penales se vuelvan más ágiles.

La oposición llamó la atención sobre la posibilidad de que la reforma enmascare la promoción de fiscales cercanos al kirchnerismo ante el frente judicial que los funcionarios deberán afrontar con el cambio de gobierno.

Cristina pretende dejar una «huella institucional» con estas reformas que incluyen los códigos Civil y Comercial, Penal, y Contencioso Administrativo; la aprobación del Digesto Jurídico, una ley de responsabilidad civil del Estado y una ley orgánica del sistema penitenciario federal, entre otras.

Además, al anunciar el envío al Congreso del nuevo proyecto de ley, la Presidenta apuntó a terminar con las «puertas giratorias» de delincuentes, en lo que pareció un endurecimiento de sus posiciones ante la principal preocupación de los argentinos: la inseguridad. Sergio Berni y Scioli celebraron.

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