El primer Intendente de San Rafael

La villa- Imagen Nestor Riera(*)Deoclecio García, fiel defensor de la democracia, de la constitución y de las leyes, repuesto el gobernador Arroyo, reasumió su cargo como Jefe de Policía, pero renunció al poco tiempo. Nuevamente fue Jefe de Policía en los gobiernos interinos de Nicolás Villanueva y de Ezequiel García. Era tanta la inestabilidad política, que en ese año, 1867, se sucedieron 9 gobernadores.

Fue también candidato oficialista a diputado nacional, pero la elección recayó en Francisco Calle, aunque fue impugnada, pues San Rafael, no había podido votar por carecer de registros. En 1869 fue designado diputado Nacional, junto con Francisco Civit, cargo que desempeñó hasta l874.

En 1880, al no estar de acuerdo con la política imperante en ese momento, decidió alejarse de la Ciudad de Mendoza y se instaló en San Rafael, donde adquirió terrenos en la margen derecha del Río Diamante, dedicándose a la ganadería y abrió un comercio mayorista y minorista; vivió rodeado del aprecio de todos los habitantes de la Villa, por su hombría de bien y por ser reconocido como una gran figura en lo político, social y militar.

Debido a sus antecedentes y también a que era el principal comerciante establecido en la Villa, el Gobernador Rufino Ortega, en 1884, buscando prestigiar su administración, lo nombró subdelegado en San Rafael, cargo que fuera creado en 1856 por el gobernador Pedro Pascual Segura para designar a la máxima autoridad civil del Departamento, ya que hasta ese momento sólo existía la autoridad militar del Fuerte.

Como vecino y agricultor fue designado Primer subdelegado de aguas del Río Diamante por decreto del 29 de mayo de 1884.

Fue en ese mismo año cuando se inauguró la Municipalidad en San Rafael, creada por decreto del Poder Ejecutivo el año anterior, y realizadas las elecciones departamentales para elegir ediles, las primeras en San Rafael, fue designado como Intendente, por lo que se convirtió en el Primer Presidente Intendente del Departamento, su secretario fue don Marcos Quiroga; todos trabajaron con mucho entusiasmo, tal vez por la novedad de gobernarse a sí mismos.

Durante su gestión, en 1886, le tocó luchar contra una epidemia de cólera que comenzó en Bs.As. y aunque desde la Gobernación se realizaron grandes esfuerzos para impedir que se propagara en la Provincia, no pudo evitarse, y llegó también a San Rafael; favoreció su extensión la falta de agua potable, ya que el agua para beber se tomaba de las acequias donde se contaminaba fácilmente; en Mendoza fallecieron familias enteras, más de 100 personas por día; finalmente se tomaron medidas acertadas para detenerla, con la ayuda de un grupo numeroso de médicos que llegaron de Bs. As., bajo las órdenes del Dr. Juan Bautista Gil: cortaron el agua de las acequias y se derramó cal en ellas, se obligó a hervir el agua que se repartía por los hogares; García también adoptó otras medidas: hizo blanquear y desinfectar todas las casas y consiguió que los doctores García Quintana y Carlos Malbrán viajaran a San Rafael para atender a los enfermos; como ya te he contado en esa época todavía no habían médicos permanentes en la Villa, el Dr. José A. Salas, si bien viajaba periódicamente a San Rafael, residía en Mendoza y estaba muy ocupado con la peste.

Se preocupó mucho por el adelanto de la Villa: arboló las calles, hizo cerrar los terrenos baldíos, encargó el trazado de una nueva plaza, llamada luego del Centenario, propulsó la instalación de nuevos locales para las escuelas: de varones y de niñas, inició la construcción del nuevo edificio para la Iglesia, impulsó la agricultura y la ganadería, se preocupó por la asistencia social y la instalación de transportes para comunicar San Rafael con Mendoza y Malargüe, como así también el trazado del carril desde la Villa a Cuadro Nacional, facilitando la comunicación con los otros distritos, trabajo que realizó el Ingeniero Balloffet, con la colaboración de los vecinos que donaron las tierras necesarias, abandonando el camino costanero del río Diamante, que era comido constantemente por las crecidas del río y por consiguiente, muy peligroso.

Su obra como Intendente fue muy fecunda.

(*) Por profesora María Elena Izuel

 

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