El puente

Es una oportunidad única. Frente a la adversidad de un puente colapsado, Mendoza tiene la ocasión de mostrar al resto del país su INSTITUCIONALIDAD. Y puede explicar (haciendo, no diciendo), que lo que se apunta de nuestra pequeña “república” es verdad. ¿O acaso es un verso mentiroso?

Frente a ese infortunio, con el que se verán afectados cientos de miles de mendocino, que se pongan en marcha los mecanismos de defensa de lo que tanto nos hemos vanagloriados durante años, aunque creo que poco a poco hemos ido perdiendo esa institucionalidad, porque nuestra dirigencia, en su afán político, no ha sido capaz de sostener.

Que nadie politice lo ocurrido.

Nadie, absolutamente nadie, está en condiciones de tirar la primera piedra, aunque ya ha habido los algunos intentos. Que nadie se raje las vestiduras. Que a nadie se le ocurra, por ejemplo, formar una COMISIÓN INVESTIGADORA. No hace falta. Confiemos en los organismos creados para defender a la ciudadanía. Y si no podemos confiar en ellos que QUEDEN EN EVIDENCIA. Y actuemos en consecuencia.

Que sea la Fiscalía de Estado, que sea el Tribunal de Cuentas (si corresponde). Si no, la Justicia. Supongo que ya habrá jueces y fiscales actuando libremente. Demostremos que en Mendoza el ESTADO no es una entelequia.

Hay responsabilidades sin duda: en los funcionarios que firmaron la licitación y se desentendieron apareciendo después para la foto de la inauguración; en los ingenieros que hicieron los cálculos y la planificaron, o en la empresa que la construyó…o en Juan de los Palotes. Que el árbol (los Medios), no nos tape el bosque.

Si. El Estado NO es una entelequia.

El ESTADO es el que construyó también el barrio inundado de Luján. El ESTADO (en este caso nacional a través de la C.N.R.T) es el que permite que las empresas de transporte despidan a los choferes que se niegan a manejar de nuevo sin haber descansado lo suficiente. ¿Los choferes que se resignan y obedecen manejar en esas condiciones tienen que drogarse para aguantar y no ser despedidos?

Que no sea una apología encubierta de lo que se dice combatir.

Por Juan Carlos Fernández Moreno-Periodista Independiente

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