El pulpero de la F-100 rescató a una Chevrolet que se encajó en Las Grutas

Si hay que dar una mano, entre pulperos no hay grieta ni pica de marcas: Cristian Firmapaz remolcó ayer a dos colegas y amigos que se habían quedado encajados en la arena cerca de Fuerte Argentino. «Nosotros nos ayudamos y listo», explica. La historia y el video.

La jornada había empezado a las 4 de la mañana para traer leña. Pasado el mediodía una de las camionetas se quedó al regresar y Firmapaz lo remolcó.

Si hubiera que elegir una escena para cerrar la grieta que existe entre los fanáticos de Ford y los de Chevrolet, sería, sin lugar a dudas, la que se filmó ayer en Las Grutas, cuando Cristian Firmapaz, el pulpero que se ganó todos los aplausos desafiando el agua con su F-100, le dio una mano a un colega remolcando su camioneta, que había quedado encajada en la costa.

Y no vale alegar quien remolcó a quien ni quien tiraba más… la imagen de esa gauchada salvadora en la que ambos salen, asegurándose a fuerza de cooperación llegar a destino con su carga, es tan potente que anula todo favoritismo.

Los dos a bordo de vehículos que, si no se vieran en acción, más de uno sospecharía que están para el desguace. “Con las vidas que les damos ya es bastante con que nos aguanten” bromeó Cristian al hablar de las camionetas.

Tanto él, como el otro conductor se dedican a hacer leña en los meses de invierno y también en la época previa a la temporada fuerte de los clásicos pulpitos, que capturan y venden generalmente tras el arranque de enero. Ayer, el mediodía los sorprendió cerrando una jornada laboral que había arrancado a las 4 de la mañana.

Todo ocurrió así: cargado de leña y a punto de pegar la vuelta desde una zona cercana al Fuerte Argentino, esa meseta ubicada a 42 km de Las Grutas, José Espínola, el conductor de la Chevrolet, se encajó en la arena, yendo en subida, debido a la rotura del diferencial, una pieza clave. Estaba con Alfredo Salazar, otro pulpero.

Al rato llegó Cristian, que también, después de una agotadora jornada hachando leña, regresaba a la ciudad. “Que hacés, vendido” le gritó José. Cristian soltó la risa y, ambos, organizaron todo para salir del paso, como tantas veces lo hicieron en estos años.

“Llegar llegamos, más tarde de lo previsto pero cada uno con la carga intacta” se enorgulleció Cristian, al recordar la anécdota. “Es que en el campo y en la playa, las diferencias no existen. Nos ayudamos y listo” sintetizó, dando por tierra con cualquier diferencia.

Fuente Diario Rio Negro

 

 

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