El Sapo: Un juego que se tornó tradición

En épocas pasadas, la diversión de nuestros abuelos o bisabuelos era pasar largas jornadas en clubes barriales o reuniones familiares disputando partidas de diferentes juegos como bingo, dados o truco.

En paralelo a estas formas de diversión, antiguamente existía una práctica de precisión que solía encontrarse en bares de las ciudades capitales o pulperías de las zonas rurales. Estamos hablando de El Sapo.

Popular como cualquier juego de casino y tradicional como la generala, esta forma de diversión era una sensación a principios del siglo XX. Te contamos su historia y sus particularidades.

Origen de El Sapo

Conocido como también como el juego de la rana, hay quienes sostienen que el surgimiento de esta práctica se relaciona con una leyenda de los Incas, un pueblo aborigen que habitaba la región sur de América, extendiéndose en gran parte de los territorios actuales de Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Chile.

Para esta civilización los sapos eran animales sagrados y venerados por sus poderes mágicos. Por este motivo en los días festivos se lanzaban piezas de oro a los lagos. De acuerdo al mito, si una de las ranas que habitaban en el agua se comía el elemento arrojado, se transformaba en ese metal precioso y era capaz de conceder un deseo al tirador.

Dado que los deseos concedidos eran muchos, uno de los emperadores incas ordenó la construcción de un gran Sapo de Oro para que la realeza indígena se divirtiera. En este juego se debían tirar pequeñas fichas y embocarlas en esta gran pieza dorada.  Con el tiempo se convirtió en un rito llamado Pukllay Sapu, que significa “jugar sapo”.

Con el tiempo el juego se popularizó al otro lado del océano Atlántico, especialmente en Francia. Allí en un principio se llamó Le Tonneau, ya que se jugaba en un tonel o barril. Sin embargo, años más tarde se conoció como Le Jeu de la Grenouille, que significa rana en francés. Su fama era tal que se convirtió en Patrimonio Cultural e Inmaterial del país galo.

El Sapo se extendió por el territorio europeo. En Portugal se lo conoce como Jogo do Sapo, en Bélgica como Tonspel y en Cataluña se lo llama La Rada. En América también ganó notoriedad y se lo conoce como el Juego de la Rana o del Sapo.

Dinámica del juego

El objetivo es lanzar fichas, argollas o discos de hierro y embocarlos en los diferentes agujeros que posee la mesa del sapo. Si bien el tablero suele ser de madera, en algunos lugares existen modelos de metal.

Los orificios se encuentran en la parte superior de la estructura y algunos otorgan más puntos al ser acertados ya que la dificultad para alcanzarlos es mayor. A medida que se embocan las fichas, caen en la parte frontal de la mesa, donde están marcados los puntajes que ofrece cada agujero.

En la parte de arriba también se encuentra la figura del sapo. Cuando se acierta, suele ser el orificio que otorga el mayor puntaje. Sin embargo, en Argentina el juego cuenta con un elemento que tiene un valor superior: La Vieja.

Se trata de la imagen de una cara con la boca abierta que se encuentra en el fondo del tablero. Si el jugador logra embocar su ficha en ese orificio, obtendrá la mayor cantidad de puntos. 

 

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