El tren ¿trajo el progreso?

(*)En los  días posteriores a la llegada del tren, San Rafael vivía en medio de una gran alegría, había llegado el símbolo del progreso, de un progreso que se creía indefinido, por eso en el Ecos de San Rafael de la semana posterior a la llegada del tren se puede leer : ¡Ha muerto San Rafael! ¡Viva San Rafael!, lo que nos indica que ellos pensaban que una nueva era comenzaba para San Rafael.

Con la llegada del tren las tierras se valorizaron y se efectuaron varios loteos,  Iselín trazó un pequeño pueblo, que comprendía las 15 manzanas ubicadas entre las calles: Av. H. Yrigoyen, Av. San Martín,  calle Bombal y Av. Rivadavia. Se reservó algunas manzanas para vender y donó  los terrenos para las calles,  para la Municipalidad,  la Iglesia, la plaza, que entregó arbolada, la policía, la escuela  y el hospital.

La llegada del Ferrocarril no produjo progreso para todos, ya que pese a los pronósticos de que “el trigo y el maíz hasta ahora sólo han bastado para satisfacer las necesidades de los habitantes, mas en lo venidero no cabe duda que tomarán grandes proporciones”. Lamentablemente ocurrió todo lo contrario, prácticamente estos cultivos desaparecieron, ya que la producción de los pequeños cultivos que existían, bajo riego, no podía competir en precios con los de la Pampa, donde el riego es natural, por la abundancia de lluvias;  como consecuencia, también  produjo la ruina del negocio de los molinos harineros.

La llegada del ferrocarril provocó la decadencia de la diligencia, la Mensajería La Guerrera, llamada por los lugareños La Perrera, por lo incómodo del viaje que se efectuaba hasta Mendoza; como así también de los transportes de carga: de las tropas de carretas y las mulas cargueras.

Tampoco fue bueno para la Familia Salas, ya que estaban convencidos que tendrían la terminal de la línea y si bien el tren llegó en agosto de 1903 a Cuadro Nacional y lo recibieron con grandes festejos,  incluida una cena y baile en la casa de don Estanislao Salas, la terminal no era esa, sino que siguió hasta las tierras de Iselín.

 

No todo fue malo

Como siempre ocurre, lo que es desgracia para algunos, es suerte para otros, así fue con los viñateros y bodegueros, estos encontraron la  forma de poder enviar sus frutos  y vinos a toda la República, o al menos a todos los lugares adonde llegaba el Ferrocarril. Cierto es que era un flete caro, pero creo que debía salir mucho más barato que enviarlo en vasijas de cerámica cargadas en mulas o en  carros, con  los que  se tardaba mucho tiempo, debían pagar elevados jornales y al vino se lo sacudía demasiado.

Se vieron muy beneficiados los italianos que vendían su vino embotellado, ya que no producían cantidades como para venderlo en bordelesas. Se llegaban hasta el tren y lo enviaban a algún amigo de otra ciudad, con quien tenían confianza, generalmente familiares que habían quedado en otra provincia. Como sus vinos eran muy especiales, la venta era buena.

Los franceses y españoles tenían trato con firmas importantes de Bs. As. como Calvet y Cia, situada en la calle Cuyo 838 de Buenos Aires.

La partida y llegada del tren era una fiesta

No sólo había en el tren servicios para pasajeros, sino que  también habían vagones de carga. Los días de llegada y salida del tren, eran días de fiesta. Por muchos años la vida intelectual, económica y social quedó condicionada a los horarios del tren. Casi todos se juntaban en la estación tanto para despedir a los pasajeros, que eran muchos, como para despachar las mercaderías o sólo por curiosidad. Cada productor llegaba con sus carros llenos de productos y lo despachaba. La uva de mesa se expendía bien acomodada en cajones y era enviada sobre todo a Buenos Aires.

En 1903 apareció esta noticia en Diario Los Andes: “El G.O.A. incorpora 150 vagones de doble piso para el traslado de uva.  El G.O.A. ofrece a los inmigrantes a trasladarlos gratis a la zona de la punta de rieles. San Rafael es el departamento más rico”.

Esta noticia nos lleva a pensar que se vendía mucha uva de mesa y que era requerida desde varios puntos del país y del extranjero, en ciertos momentos existieron vagones frigoríficos, para el transporte de uva, no sé qué resultados tenía.

El ferrocarril también favoreció a los bodegueros porque pudieron despachar sus cascos llenos y hacerlos retornar vacíos,  en cierto momento se quejaron, ya que el costo del flete era igual,  fueran llenos o volvieran vacíos, finalmente actuó el Gobierno y bajaron el flete de los cascos vacíos.  Hasta la llegada del tren los toneles y barricas se hacían de álamo y luego  lograron   transportar  la madera, en especial roble, para hacer toneles y cubas o traerlos enteramente armados como hicieron muchos de los grandes bodegueros.

La opinión de una persona que llegó con el primer tren fue muy beneficiosa para San Rafael, fue un comisionado Boer que buscaba lugar para una colonia de su país, y quedó reflejada en el Ecos de San Rafael,  dijo que: “…lo que aquí lo había maravillado era la irrigación; la abundancia del riego y también la forma en que estaba organizado; que por ambos conceptos, los puntos donde en su país el riego artificial era practicado, no alcanzaban a la altura de esta comarca”.

Los horarios

Los primeros trenes que llegaron el 8 de noviembre de 1903 no lo hicieron en los horarios que el Ferrocarril Gran Oeste Argentino ofrecía,  los que regirían a partir del 15 de noviembre; en la ilustración que está a continuación vemos  la oferta que aparecía en los periódicos  con los horarios establecidos, los que se cumplían sin atrasos,  eran muy puntuales, como que estaban a cargo de los ingleses. Se puede leer  también los nombres de las estaciones, algunos de las cuales, con el tiempo, se cambiaron.

En el Periódico Ecos de San Rafael, que se editaba  los días miércoles, se publicaba la lista de los viajeros, tanto si iban a Mendoza o a Buenos Aires o si llegaban de ellas, así es que leyéndolos podemos saber que había muchos pioneros que viajaban en forma permanente.

Los trenes nocturnos,  llevaban coches dormitorios con camarotes y todos estaban provistos de coche comedor, ya que el viaje duraba varias horas,  eran coches muy lujosos.

Prof. María Elena Izuel

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