Fiestas bajo consumo…responsable

Fiestas bajo consumo...responsable

El “espíritu navideño” es desde hace décadas el del capitalismo: a comprar, que se acaba el mundo. Veinte alternativas para surfear diciembre gastando menos y disfrutando más.

¡Jo jo jo, están atrapados! La época de los brindis y los arbolitos es también la de las corridas y el estrés. Y las compras compulsivas, que generan deudas y pilas de basura. Es difícil escapar a los mandatos que obligan a juntarse, a comer y a regalar, todo mucho y ya. Lo saben lo médicos, que hacen horas extra atendiendo ataques de pánico y hasta infartos: las fiestas son exigentes.Todo empuja a comprar. ¿No tenés tiempo para cocinar? Comprá la comida hecha. ¿Te faltan vasos? Llevá descartables. ¿Quedaste mal con tu cuñada? Dale un paquete grande. Los shoppings son hormigueros, los bancos bombardean con promociones, las tarjetas de crédito arden (y pasarán factura durante meses). Las fiestas son el mejor invento del capitalismo. Si hasta Papá Noel va vestido de rojo en honor a la más conocida de las gaseosas.

Antes de entrar en la vorágine, sería útil tomar aire, parar la pelota, contar hasta tres y pensar en por qué hacemos lo que hacemos. No es cuestión de boicotear las fiestas, sino de disfrutarlas. ¿De verdad necesitamos comprar tantas cosas, poner a circular tanta materia nueva en un mundo ya saturado de objetos?

Regalar es hermoso; es hacerle sentir al otro especial, querido. Pero se desvirtúa cuando se convierte en un problema a resolver lo más rápido posible, una compra más a tachar de la lista. Celebrar también es hermoso, a menos que genere más estrés y gastos que alegría.

Aquí, veinte ideas para reducir el consumo desaforado de las fiestas. Y, sobre todo, para tratar de correr la celebración del eje del consumismo zombi, a ver si encontramos otro que nos haga más felices.

EL BANQUETE

1. Comida colaborativa. Esto no es ninguna novedad, sino más bien la norma: repartir las responsabilidades a la hora de cocinar ayuda a pasarla mejor y estresarse menos.

2. Todo en su medida. La FAO calcula que un tercio de los alimentos del mundo se desperdician. Si son seis en la mesa, tres lechones es un poco mucho. Calcular razonablemente ayuda a evitar el derroche (y, de paso, el gasto excesivo).

3. Alimentos locales y directo de productores. Vale todos los días, pero en las fiestas más: mejor elegir siempre productos frescos, dentro de lo posible locales, con la menor cantidad de envase posible. Menos latas, más fruta de estación; no hace falta comer frutas secas como si estuviéramos en pleno invierno europeo. Y hablando de eso, la Feria del Productor al Consumidor de la Facultad de Agronomía de la UBA abre este fin de semana; ideal para aprovisionarse rico, barato y siguiendo las normas del comercio justo.

4. Vajilla reutilizable. Es tentador comprar descartables para ahorrarse el momento de lavar los platos. Pero, ¿qué quiere decir “descartable”? Que no importa haber gastado en algo que usamos una sola vez, ni tampoco dejar circulando en el planeta un montón de plástico que no se va a biodegradar en mil años (no es una forma de decir, es lo que tarda el poliestireno). Mejor lavar los platos; incluso los “descartables”, que pueden usarse la próxima vez. El lavado es otro momento para charlar. Y el que tenga más voluntad que fondos puede aportar lavado de platos en vez de otra ensalada; será muy bien recibido.

5. La sobra también es banquete. Si hubo un error de cálculo, lo importante es no desperdiciar esa comida. Se puede repartir entre los comensales, hacer otra fiesta al día siguiente, regalarla en la esquina… todo menos tirarla.

EL ARBOLITO

6. Ramas creativas. En el hemisferio norte, cada diciembre se talan millones de pinos que terminan en la basura a principios de enero. Aquí es menos grave: apenas gastamos en arbolitos de plástico, chirimbolos y luces de colores. Si no hay arbolito de años anteriores, se puede hacer uno con materiales reciclados, o decorar alguna planta de la casa. Lo mismo vale para los adornos y guirnaldas: una oportunidad genial para reciclar papeles de colores.

LOS REGALOS

7. Regalos locales de pequeños productores. Siempre mejor comprarle a un artesano o un emprendedor que llevar un producto made in Taiwán de un supermercado; estimula la economía local y a veces hay productos únicos. Las ferias son ideales para esto; este fin de semana hay encuentros en todo el país.Una que se destaca es la organizada por la TV Pública.

8. Libros de editoriales independientes. En los sellos menos conocidos, con apuestas arriesgadas, es donde está bullendo lo nuevo de la literatura. La feria de editoriales independientes La liga del bien es una oportunidad para conseguirlos este fin de semana.

9. Cosas ricas. Si cuesta desprenderse de la idea del regalo tradicional, comprado, facturado y envuelto, una buena opción es comida o bebida. Una caja de bombones o una botella de whisky son siempre bienvenidos, y al menos sabemos que no quedarán juntando polvo en un rincón.

10. Objetos reciclados. Hay un gran flujo de creatividad produciendo cosas lindas, útiles y originales a partir de desechos, desde sombreros hechos con sachets de leche hasta hamacas paraguayas que antes fueron parapentes. Muchos pueden encontrarse en la Feria de Consumo Responsable que funciona cada domingo en Diagonal Sur, a metros de la Plaza de Mayo.

11. Plantas. Están vivas, dan alegría, color, y a veces hasta producen alimentos. Y, encima, suelen ser muy baratas: una aromática cuesta menos que un ramo de flores. La gente de Gratiplantas las regala. También, para el que tenga tiempo, se puede reproducir plantas propias en macetitas recicladas.

12. Cosas hechas en casa. Retratos el que sabe dibujar, suéters el que le gusta tejer, licores el que se da maña en la cocina, almohadones, macetas… cada uno sabe cuál es su fuerte. Para chicos, en particular, se pueden armar con facilidad muñecos, juguetes y kits para dibujar y hacer collages; hay miles de tutoriales en internet.

13. Regalos selectos de segunda mano. Las ferias americanas esconden tesoros para los amantes de lo vintage. Ropa, vajilla y muebles buscan su segunda oportunidad.

14. ¿Y por qué no gratiferia? La única diferencia entre un mercado de pulgas y una gratiferia es que en el primero se paga en y la segunda no. Puede encontrarse un mundo de cosas. Hay gratiferias físicas y virtuales, hasta algunas especializadas en libros.

15. Cosas propias. Versión extrema del regalo vintage. No significa sacarse de encima lo que uno ya no quiere, sino por el contrario dar aquello que el otro va a disfrutar más: algún libro especial, alguna prenda que le quedará bien, siempre bien envuelta y con moño.

16. Digitales. Desde hace años, muchos de los consumos culturales se han digitalizado. Una opción que lleva más dedicación que plata es regalar libros, películas, música o series en formato digital. El trabajo de buscarlas y reunirlas en un formato cómodo y accesible suele ser muy bienvenido.

17. Servicios. A veces, un regalo queda ocupando lugar durante años porque hace falta un trabajo para disfrutarlo: por ejemplo, un cuadro que necesita ser colgado, un arbolito que hay que plantar, una prenda a la que hay que acortar el ruedo. Regalar ese servicio, sea hecho por uno mismo o por otro, puede ser una opción refrescante. También se puede ofrecer otros, como un corte de pelo o una sesión de fotos.

18. Experiencias. Desde hace años se pregona que las experiencias son los nuevos bienes: que vivir cosas nuevas hoy resulta más satisfactorio que acumular objetos. Incluso hay empresas que venden regalos de este tipo, desde cenas hasta saltos en paracaídas, desde días de spa hasta cursos de esquí acuático. Se puede copiar la idea en casa, y regalar desde un curso que sabemos que el otro siempre quiso hacer hasta un picnic en algún lugar especial, una entrada a un recital o una obra de teatro, o una membresía aalgún makerspace o taller de fabricación digital.

19. El propio tiempo. Todos necesitamos ayuda. Todos podemos ayudar. Se puede regalar, por ejemplo, un cupón válido por tres horas para ayudar al otro a ordenar su placard, o acompañarlo a hacer algún trámite engorroso, o cuidarle a sus hijos, o enseñarle eso que siempre quiso que le enseñaran… Son regalos que no tienen precio.

EL MOÑO

20. Menos derroche de papel. Abrir los regalos es casi la mitad del placer de recibirlos. Nada más lindo que un buen paquete de colores. Pero después de las fiestas, todas esas bolsas, cajas, cintas y moños se convierten instantáneamente en basura; las fiestas duplican la cantidad de basura per cápita. Por eso, lo ideal es reducir al mínimo el packaging en lo que se compra, y en cambio hacer paquetes en casa con materiales que ya tengamos. Todo vale: papel, tela, cinta, cajas, cartón, hasta papel de diario. Con los regalos que nos toque recibir viene más papel, cajas y moños que servirán para homenajear a otro la próxima vez.

También es una oportunidad ideal para compartir auto, y así ahorrarse problemas de estacionamiento y nafta. Bueno, en realidad… es la época de compartir, en general. Felices fiestas. MARCELA BASCH TELAM

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