Georgina Barbarossa: una gran actriz

Alejandra Cicchitti entrevista a una de las pilares de la escena y la pantalla, Georgina Barbarossa.

Georgina Barbarossa ha trabajado desde muy joven en diferentes ámbitos y su mayor desempeño ha sido en el teatro. Ha hecho televisión, cine y ha conducido muchos programas de la pantalla chica. Además ha ganado numerosos premios (Martín Fierro, Konex, Broadcasting, entre otros) y accedió generosamente a esta entrevista.

¿Cuál ha sido tu formación y tus comienzos en el arte dramático?

Provengo de una familia que amaba el arte era bastante melómana. Desde los 5 años recuerdo haber ido al Colón con mis abuelos a ver óperas y zarzuelas. Ninguno de mis familiares llegó a trabajar profesionalmente, pero cuando a mis 21 años les planteé a mis padres mi deseo de ser actriz, afortunadamente recibí todo su apoyo.

Yo ya sabía tocar el piano y la guitarra y decidí tomar cursos de canto, de jazz, de tap y otras cosas más. Antes no existían los estudios de comedia musical como ahora y siempre estudié y seguí estudiando.

 «Chicago» (2011)  

«Hay un 50% de suerte según donde hayas nacido y otro 50% depende de tus ganas de buscar e investigar. Si te quedas con el texto que aprendes, eso es algo muy limitado»

¿Quiénes fueron tus Maestros, tus referentes?

Empecé a estudiar con el gran Lorenzo Quinteros, también fui alumna de Lito Cruz, de Augusto Fernández, de Carlos Moreno, de Francisco Javier, de Roberto Villanueva, creo que quizás me olvido de otros.

Tuve un gran apoyo de todos mis Maestros, ellos son mis referentes, mis padres, mis guías. Como Directores de teatro, el primero fue Pepe Cibrián y después Antonio Gasalla quien me dio gran seguridad en el escenario.

Recuerdo particularmente a Augusto Fernández, porque siempre nos hacía estudiar a Shakespeare y a García Lorca. Nos decía que si podíamos actuar sus obras, podíamos hacer cualquier cosa. Y eso es real, es así. Yo también se lo digo a mis alumnos. Augusto fue un hombre muy estudioso, una de las personas más cultas que he conocido. Se sabía de memoria todas las obras del dramaturgo inglés, incluso con las distintas versiones y adaptaciones. Algo impactante es que conocía hasta los signos astrológicos de cada personaje, con las características que eso implicaba en su papel.

¿Es importante seguir en formación, cómo se nutre la carrera?

Creo que los actores tenemos que estar siempre estudiando distintas disciplinas, viendo pinturas, esculturas, yendo a museos, leyendo muchos libros, además de ver teatro. Es un oficio que se aprende con los años. Todo lo que hayas viajado y vivido, sumará condimentos al personaje. Podés enriquecerte con gimnasia, con clases de tango, de idiomas, sabiendo Filosofía, apreciando arquitecturas, escudriñando la Historia. Son armas que te hacen rico en recursos. La curiosidad es un gran disparador y ahora con Google es más fácil poder buscar de todo.

Para mí el NO no existe, el único NO es la muerte. Siguiendo esta premisa de mi vida, fue que este verano pude trabajar con Flavio Mendoza en «Un estreno o un velorio» haciendo acrobacias, colgándome del escenario, aunque me moría de miedo.

«Un estreno o un velorio» (2010-2020)

¿Algunos actores que hayas admirado en tus comienzos?

Siento mucho respeto y aprecio por grandes actores y directores que confiaron en mí durante mi Carrera. Confieso que siempre invoco a 4 de ellos antes de salir al escenario: Ana María Campoy, Jorge y Aída Luz y Niní Marshall.

Hace muchos años atrás con Héctor Alterio hicimos la obra «El búho y la gatita». Después de una función, estando en mi camarín, fue Niní a visitarme. Me impactó, no me lo esperaba porque yo siempre la había admirado. Venía a felicitarme por mi labor y a partir de ese momento nos hicimos amigas. Tuve el placer de tenerla entre el público en todos los estrenos de mis obras y además al día siguiente me hacía una suerte de devolución. Me daba una crítica constructiva con los cortes de la obra, me decía lo que le parecía que iba a funcionar y lo que no.

Mi fantasía cuando estudiaba teatro, era ser una mezcla de Niní Marshall y Norma Aleandro y también tuve la suerte de que Norma me dirigiera en una obra, un honor para mí realmente.

¿En qué consiste el trabajo de un actor?

El trabajo del actor es enorme. Además de estudiar continuamente como dije, no se trata solamente de aprender el guión. Hay que buscar al personaje, imaginarse su familia, las circunstancias que está viviendo o vivió y muchas, muchas aristas más.

Yo le digo a mis alumnos que un artista puede construir el personaje de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera.

Si lo hace de adentro hacia afuera, tiene que preguntarse si es a quien representará es un enfermo, un psicópata, si tiene algún tic u obsesiones. Pensar e imaginar cómo se vestiría, qué colores le gustarían, cómo comería (aunque no lo haga en escena).

Yo lo armo mucho de afuera hacia adentro por lo siguiente: para mí es muy importante cómo camina quien voy a interpretar. Le busco inmediatamente el calzado. El andar, el caminar me dará el personaje. Es muy loco pero por lo general me imagino rápidamente cómo se mueve, cómo se viste, por eso lo imagino también desde la vestimenta.

El abordaje depende del personaje que tenga que hacer. Cada rol es un nuevo desafío, para no repetirme. No es una tarea fácil encontrarlo. A veces el director o los mismos compañeros son quienes me ayudan a lograrlo. Un consejo que le doy siempre a mis alumnos es que cuando estén perdidos en escena, busquen los ojos de sus compañeros y que además es tan bueno saber actuar como escuchar.

La peor parte, lo que más detesto es aprenderme la letra. Si uno tiene el libro con antelación y se aprende las líneas, creo que tiene un 50% del trabajo realizado. Entonces el artista no se está atado a una hoja de papel durante los ensayos y puede moverse sin leer y saber cómo hace su personaje para, por ejemplo, poner la mesa, cortar una fruta, para poder jugar, porque en definitiva actuar es jugar.

  «Vidas privadas» (2012)  

¿Podrías explayarte más?

Esto es lo genial del teatro. Es un acto de amor y de fe. El artista va a maquillarse y vestirse para hacer creer a la gente durante una hora o dos, que ese cuento mágico es verdad y el público también se va a bañar, a vestir, se pondrá el mejor perfume, y se creerá por un rato ese cuentito.

Nunca he sentido hastío de hacer el mismo personaje durante varios meses, nunca. Algo que realmente me cuesta mucho, que me provoca rechazo, es salir de mi casa para ir al teatro. Pero una vez que llego soy la mujer más feliz del mundo. Saludo a todos los cómplices, a todos los que permiten que salgamos al escenario: al boletero, los utileros, los técnicos, los iluminadores… Ellos son nuestros aliados y forman parte de la obra.

Me gusta transformarme en mi camarín y por eso llego 2 horas antes de que empiece la función. En general me maquillo yo misma. Ahora existen maquilladores, estilistas, mucha gente para ayudar al actor en la preparación.

Tuve el honor de ser maquillada en mis comienzos y de haber aprendido las técnicas con Ana María Campoy. Ella me aconsejaba: «Tú tienes que maquillarte mucho el ojo y mucho la boca para que la gente pueda verte de lejos». Y la propia Aída Luz me enseño a colocarme las pestañas postizas. Pero en general me maquillo sola.

  «La decisión» (2015)  

«La única vedette es la obra»

¿Alguna situación difícil del oficio?

Cuando se termina la temporada. Se te desgarra el alma porque hay que dejar a la troupe que te ha acompañado tanto tiempo. A veces uno pasa más tiempo en el teatro que en su casa. Cada obra tiene un lapso de tiempo y muchas veces somos niños ingenuos y creemos que durará para siempre.

  «Los Grimaldi» (2013)  

¿Cómo estás viviendo como actriz este período de confinamiento?

Esta situación me pone triste por no poder actuar y saber de toda la gente que involucra una obra y que por ahora no puede trabajar. Lo lindo es que estoy dando clases on line, una situación nueva que vuelve realidad lo que imaginaba al leer los libros de Aldous Huxley y de Ray Bradbury. En estos días se ha incorporado a mis clases gente del interior y siento que esta es una nueva posibilidad de enseñar que jamás había soñado.

¿Estuviste actuando en Mendoza, más precisamente en San Rafael, verdad?

Sí tuve la alegría de trabajar en la temporada de verano (2018-2019) con la obra «No hay 2 sin 3» y me encantó esa provincia. Fui y fuimos muy felices durante esos 3 meses. La recorrí entera y me gustó mucho su gente que es educada, amable y que sabe cuidar el medio ambiente. Cuando terminó la temporada fue muy triste, no queríamos irnos. Espero volver pronto a disfrutar nuevamente.

  «No hay 2 sin 3»  

Por Alejandra Cicchitti Nota publicada por memo.com.ar

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