Hiro Nakamura es Miembro Honorario de Fladem Argentina

Simonovich-HiroNakamuraAna Maria Mendez Violeta Hemsy-Pepa VivancoNélida Hiroko Nakamura, reconocida musicoterapeuta mundial fue designada, como miembro honorario, en el último Congreso del Foro Latinoamericano de Educación Musical, sección Argentina – FLADEM Ar , llevado a cabo durante los días 1-2- y 3 Mayo en la  Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Mirá la galería de imágenes al final de la nota.

El tema principal de debate fueron los Modelos pedagógicos en la formación del músico. La educación continua de intérpretes, compositores, musicólogos y docentes. Tuvo una amplia participación de casi todas las provincias del país, incluso se contó con la asistencia de integrantes de paises vecinos que recurren a la Argentina, a tomar aire fresco, de los educadores musicales,  que vienen trabajando mucho y bien, prueba de ello, es que la presidencia de Fladem Internacional que realizará su Seminario Latinoamericano, en el mes de setiembre en Costa Rica,la ocupa un argentino, Alejandro De Vincenzi.

El día anterior a la realización del Congreso Argentino de Educadores Musicales 2014, se realizó la Asamblea Anual y se elegieron autoridades, siendo reelecta nuevamente como presidenta la sanrafaelina Profesora Ana María Méndez, para un nuevo periodo.

La Miembro Honoraria Hiro Nakamura dictó un taller  «Lo tenía y no lo sabía» relacionado al conocimiento tácito. Todo aquello que uno sabe sin haberlo estudiado. Poder nominarlo para poder utilizarlo en la música popular o en la música del siglo XX. Dificultades más comunes. Cómo trabajar con gente que no “sabe música”.Al decir de los asistentes, «un verdadero motivador y disparador para continuar profundizando en la educación musical».

La Historia con la música de Hiro Nakamura

Los heridos musicales: Creatividad y Musicoterapia, Reflexión y Polifonía (Hiro Nakamura)

Desde el año 1988 soy docente de la Universidad del Salvador de Buenos Aires y Coordinadora del Área de Música de la carrera de Musicoterapia. A lo largo de estos años he observado un alto porcentaje de alumnos que se acercan a estudiar Musicoterapia tratando de encontrar una respuesta a sus dificultades para el hacer musical. Aman profundamente la música, pero con una idealización tan grande que les impide resolver el conflicto.

Una de las razones de esta dificultad podríamos encontrarla en cómo aprendieron, en cómo fueron enseñados, en los métodos con los que estudiaron y que les provocaron una profunda insatisfacción.
Heridos por un amor no correspondido, heridos por la música. Lo padecí, sé de qué se trata.
“La herida sabe el secreto de la cura, pregúntale a ella”. (Parafraseando a Norberto Levy, de su libro La autoasistencia psicológica.)
Los conservatorios comienzan a educar al niño a muy temprana edad. Si durante 8 o 10 años, la educación que recibe es sólo a través de la lectura e interpretación de los grandes genios de la música, su autoestima va a resultar disminuida. Esos maestros desconocían que con los métodos adecuados, desarrollando la creatividad, se fortalece el yo, la autoestima, la autonomía.
“El síndrome del genio en la educación musical conduce con frecuencia a un debilitamiento de la confianza. Interpretar música es una reconstrucción del pasado, por cierto una experiencia útil y deseable, pero ¿no podríamos utilizar algunas de nuestras energías en enseñar para que las cosas ocurran?”, afirma R. Murray Schafer1 en El rinoceronte en el aula.

Biografía pedagógica

Me desempeño en la docencia desde siempre. Si bien incursioné en la composición y en la interpretación, nunca me he apartado de la enseñanza. Apenas egresé del Conservatorio, como Profesora Superior de Piano en el año 1962, ya sabía, con el título bajo el brazo, que no me serviría para lo que más deseaba, trabajar con los niños en las escuelas.Me habían enseñado sólo a tocar el piano y con esa única herramienta, los niños se me iban a subir a la cabeza. Como diría Fritz Perls: “Si tienes por herramienta sólo un martillo, utilizarás todo como si fuera un clavo”. Así veía mi futuro.Finalizando la carrera me enteré que al mes siguiente, en diciembre, ofrecían un curso de perfeccionamiento pedagógico en el Collegium Musicum de Buenos Aires. Fui la única de la promoción que se anotó. Mis compañeras deseaban obtener el título, cerrar el piano y prepararse para las anheladas vacaciones de verano.Así sucedió…, muchas lo cerraron y nunca más lo abrieron.La semana de perfeccionamiento consistía en experimentar por primera vez lo que era hacer música entre todos, conocer los recursos que podíamos utilizar con los niños y sentir el placer que significaba ser guiada por artistas que amaban la docencia.Continué estudiando y trabajando en la institución a lo largo de 11 años. Allí pude conocer distintos autores como Dalcroze, Orff, Willems, y tener como maestros a innovadores de la pedagogía: Patricia Stokoe, Violeta de Gainza, Guillermo Grätzer, Erwin Leuchter, Juan Schultis, Ljerko Spiller…Como los fundadores del Collegium eran prestigiosos músicos europeos, que habían llegado a la Argentina huyendo del nazismo, cada vez que visitaban Buenos Aires músicos importantes, venían a la institución y nos encontrábamos tomando clases magistrales gratuitas, tanto alumnos como docentes. Tengo recuerdos imborrables de Robert Shaw, Vinko Globokar, Lanza del Vasto, Hans Martín Linde y distintos grupos de música antigua.

La crisis

Una vez dominados los métodos, si bien adquirí seguridad trabajando con ellos, luego de llevarlos a la práctica durante 11 años, con niños, adultos, docentes de música, bailarinas…, comencé a cansarme de esta modalidad y el dar clases empezó a resultar aburrido. A la distancia puedo pensar que ese modo resultaba algo conductista. Planificando cada paso podía predecir el “producto” final. Anticipaba lo que iba a venir.El nacimiento de mi tercer hijo me obligó a pedir licencia, pero al finalizarla no pude retomar las clases. Me resistía a volver a lo mismo.Esta crisis la tuvimos varios compañeros de mi generación y cada uno fue encontrando distintas soluciones. Hoy en día al encontrarme con ellos, con Pepa, Gustavo, Marga, los siento como hermanos. Aman lo que hacen, tienen adeptos y no esperan jubilarse.Uno de ellos, mi amiga Marga Grajer, cantante lírica y popular, actriz, directora de teatro y docente, viendo mi dificultad para reinsertarme en la docencia, me invitó a presenciar sus clases de música que lleva a cabo en una escuela de teatro.

De la técnica a la emoción

En las clases de Marga, la exploración vocal-corporal, la selección y la construcción, eran la base de su trabajo. El movilizarlos sensorialmente despertaba lo emocional y todo confluía en un trabajo musical grupal.Al finalizar el primer año, los alumnos de actuación, creaban escenas a partir de sus recuerdos y las montaban en un pequeño escenario. Lo que mostraban era increíble, parecían actores consumados. Como público me emocionaba, me conmovía verlos actuar. El secreto residía en que contaban cosas propias, desde la memoria emotiva. Los personajes y las situaciones salían de ellos. Estaban involucrados.Mi mayor desafío era ver cómo transferir esta modalidad de trabajo a la enseñanza musical. Deseaba generar el mismo compromiso emocional a través de la música. “El artista formula ese aspecto esquivo de la realidad que por lo común es considerado amorfo y caótico; es decir, objetiva la esfera subjetiva.Lo que expresa no son sus propios sentimientos reales sino lo que él sabe sobre el sentimiento humano.Una vez que tomamos posesión de un rico simbolismo, ese conocimiento puede sobrepasar toda experiencia per­sonal.Cuando nuestra cultura sobrepasa sus antiguas fronteras y establece contacto con otras culturas, nos interesamos en nuevas posibilidades del sentimiento.Ampliamos la cultura de nuestro sentir”.(Susanne K. Langer: Los problemas del arte).

Trabajé como docente en la formación musical de los actores durante varios años y atravesando lo complejo de ir explorando, buscando otras formas de enseñar, me encontré con los cuadernillos de R. Murray Schafer: El Rinoceronte en el aula y Limpieza de oídos.Me produjo una profunda alegría y excitación saber que había otras maneras de enseñar. Puso palabras a pensamientos que sentí como propios. Me abrieron la cabeza. “Enseña como te gustaría que te enseñen, tal vez algunos te sigan. El problema de la educación musical es de tiempo, tradicionalmente se ocupa del pasado. El artista, a través del acto creativo se ocupa más del presente y del futuro.Y más tarde entendí esto: En una clase programada para la creación, el docente debe planificar su propia extinción”. (R. M. Schafer: El rinoceronte en el aula). Considero que el desarrollo de la creatividad musical en grupo, en el que lo musical abre la puerta de la memoria emotiva, es un cruce de ruta que me brinda un camino abierto, con un destino incierto, en donde el resultado sorprende a todos.

Los tres niveles de la creatividad

C. M. Martínez Bouquet, médico, psicoanalista, psicodramatista, terapeuta transpersonal, ha realizado una división esclarecedora y muy valiosa. Ésta me ha permitido evitar discusiones académicas con algunos colegas que, dudando del valor de las creaciones de los alumnos, las descalifican al compararlas con las de los “genios”.Es el marco teórico que desarrollo y trabajo en mis clases. Creatividad A: se caracteriza por dar origen a una obra muy valiosa, que introduce una novedad en la cultura a la que pertenece. Es propia del genio. Con su obra expande los confines de la cultura en cualquier campo. (Debussy con el Impresionismo, Picasso con el Cubismo, Einstein con la Teo­ría de la Relatividad, etc.)Creatividad B: da origen a un producto personal y auténtico; pero no hay aquí genialidad, hay talento. En su creación utiliza y combina los elementos de su época.Creatividad C: no hay obra ni producto, se trata de la capacidad de expresarse acabada y armoniosamente.Cada creatividad representa la transgresión de algún límite.(Desarrollaré sólo la B por ser la más factible de trabajar en las clases.)La B transgrede lo convencional, la pertenencia –sin diferenciación e individuación– a la masa, la superficialidad, el sometimiento a formas obsoletas ya no más significativas. Los productos de la creatividad B se caracterizan por ser personales y auténticos. “Está favorecida la individuación y el reconocimiento de sí mismo.” (Martínez Bouquet: La ruta de la creación)3.

Dialogando con Ana Catalano

Es socióloga, investigadora en temas vinculados a diseño curricular y desarrollo de competencias laborales.La entrevista con Ana me permite apreciar cómo un interlocutor sensible ayuda a ordenar los pensamientos de un músico. Luego de ver el vídeo, en donde mis alumnos de musicoterapia muestran la práctica de distintos estilos musicales, ella me pregunta:–¿Qué es lo que les propones primero?–En cada clase les doy un estilo–¿Cómo trabajan el estilo?–Comienzo con una canción africana y con ésta iniciamos el recorrido de la primera parte del programa: “Del canto tribal al Blues”. Un recorrido por distintos estilos y la emoción que contiene cada uno.

La voz, los resonadores vocales

Descripción de una clase. Enseño la canción africana con su letra original que, para nosotros que no entendemos ese dialecto, es como cantar con jitanjáforas y mientras la van aprendiendo les pido a los alumnos que usen diferentes resonadores corporales y sigan cantándola.Prueban con los resonadores de cabeza, (voces agudas), los resonadores nasales, (les resulta muy gracioso y se divierten haciéndolo), los resonadores de pecho, los sonidos más graves que puedan realizar. Acomodan su cuerpo para cada sonido que emiten. Así vamos explorando timbres, alturas, intensidades, velocidades y los resonadores corporales.Las voces se amplifican por la cantidad de participantes (30 a 80 alumnos). Les pregunto si eso que escuchan les evoca alguna imagen.La producción grupal los envuelve sonoramente y así afloran distintas imágenes: “Voz de viejito, de niño, de dibujo animado, de robot, de monstruos, de fantasmas, sonidos de la selva, del mar…”Invito a que agreguen esa imagen a sus voces, que refuercen la interpretación de la canción con esa intención.Desde la intencionalidad vemos de inmediato cómo se modifica la producción sonora. Cómo se potencia la expresividad.Todos entendemos de qué se trata, qué estamos representando. La canción va adquiriendo distintos sen­tidos.Jugamos distintos personajes que imitan con el cuerpo y con la voz. Mientras se van desplazando tratan de representar a un militar, un cantante de ópera, un viejito caminando lentamente con bastón, un borrachín.Ésta es una representación muy especial, se pierden las inhibiciones vocales/corporales y se divierten jugando con el personaje. Desde la voz actúan sonoramente esa imagen, esa situación y adquieren una soltura inusual al mismo tiempo que ríen de su propia producción. Están realizando algo insólito. Emiten sonidos ­ricos, complejos que, si lo solicitara técnicamente, les resultaría difícil llevarlos a cabo. A veces, para animar a los más inhibidos, participo de la actividad y juego con ellos las mismas situaciones.–Vos les proporcionas el espíritu de la música, como el espíritu del tango.–Sí, les enseño las características musicales de cada estilo, lo esencial. La escala, los giros melódicos característicos, los ritmos, la armonía. Lo esencial que permite distinguir a cada uno.También es de fundamental importancia conocer el contexto histórico del cual provienen. Cada uno es consecuencia de lo político, de lo social.Es importante que los alumnos lo conozcan y relacionen que la forma de emitir las voces en los cantos de trabajo, en el blues, esa riqueza tímbrica, surge al amparo de las emociones, de lo que el hombre vivió en aquellos momentos. Nos sumergimos en cada historia. De esta forma dan lugar a una técnica vocal diferente a la académica.–¿Qué te parece que los sitúa a ellos más? ¿Todos estos elementos más contextuales de la historia social, del significado de la música, o la escala musical, el ritmo?–A mí me parece que es la forma en que lo trabajan, la integración de lo técnico musical con lo expresivo, como si fuera un juego. Acceden a lo desconocido, a través de lo lúdico.¿Desconocido?, es relativo, porque ellos lo han visto, escuchado, conocido, a través de algún medio. Acá utilizo esa idea del “conocimiento tácito” del que habla Schön, traen a la superficie lo que en algún lugar tienen almacenado. Yo llamo a esto reciclar la información, darle otro uso, como con la utilización de los materiales descartables, darles otra función.El humor hace que pierdan el temor reverencial y se encuentren relacionando, combinando, una serie de técnicas que no sale del pentagrama sino de la acción de combinar los conocimientos simbólicos de la música con los sentimientos. Bajan las inhibiciones, es el “to play”, el jugar, el “jugarse”, “me la juego”, que trae implícito el compromiso. Esto no se impone, surge del modo de conducir la tarea.–¿Cuál de todos los lenguajes es el que más ayuda? ¿El corporal, la palabra, el musical? ¿Cuál es el que permite que ellos se abran más, se suelten más?–Creo que la voz, es el instrumento más rico. La exploración de la voz, las imágenes, los sentimientos que se desprenden de las voces, cuando se escuchan a sí mismos. Es como si pudieran descubrir que una misma cuerda está habitada por distintos personajes, no sólo el que mostramos habitualmente, “el de los buenos sentimientos.”–Claro, estarías hablando de lo que uno no se permite, sentimientos que no se permiten tener como esa alumna que te decía “soy pacifista”… ¿Cómo se trabajan las dificultades? Fragmento de una clase.Mostramos las características musicales y expresivas del estilo del Rock Heavy con mis ayudantes.La base rítmica, la distorsión de la voz, la técnica del Machaque en la guitarra, la intensidad, el sentimiento que predomina, etc. Mientras percuten en el pupitre semicorcheas, van gritando: “¡No, no, no quiero, no quiero!”, lo repiten insistentemente, agregándole cada uno, a esta frase, lo que no quieren.Entre risas y sorprendidos por lo que sale, todos, en grupo, lo van haciendo, lo van gritando. Van distorsionando sus voces. Los gestos corporales expresan ese estilo.Nadie se siente observado, la clase se asemeja a un gran caos. (Caos para el que observa, no para el que participa.)Esto permite que se animen hasta los más tímidos.Al finalizar la clase se acerca una alumna, una señora de 40 años aproximadamente y me dice con todo respeto:–Profesora, yo… no voy a poder trabajar este estilo.–¿Por qué?–Soy pacifista… además voy a la iglesia todos los domingos.–Está muy bien que seas pacifista y que vayas a la iglesia, pero éste es un ejercicio, es como hacer escalas, como el Hannon. Es un ejercicio, un ejercicio emocional. Esto no va a cambiar tu personalidad.(Creo que esa era su fantasía).–Pídele a los ayudantes de cátedra que te den una mano o a tus compañeras. Practícalo con ellas.Durante varias clases observé que se reunía con otras compañeras, fuera de la hora de clase, y lo ejercitaba. Me comentó que lo estaba logrando (¡!).Si le tocara trabajar con chicos de la calle o en un reformatorio de jóvenes, ¿qué haría?, ¿con qué música trabajaría?(Final del diálogo con Ana Catalano.)

Dialogando con el Dr. Martínez Bouquet acerca de esta dificultad

–La gente confunde valores con sentimientos, los valores son espirituales, son normas que recibieron. Cada religión, cada cultura, tiene y enseña sus valores.–En cambio, los sentimientos les pertenecen a las personas, son de sustancia distinta.–La cultura, ciertas culturas, reprimen algunos sentimientos. La señora pacifista confundía estos dos niveles.–Los que se niegan a transitar los sentimientos, después generan síntomas. El síntoma aparece en el que sólo obedece las normas que le dieron y no se permite cuestionarlas, aunque esté en de­sacuerdo.(Final del diálogo con Martínez Bouquet.) Esta es una de las razones valederas para la musicoterapia. El poder transitar distintos estilos musicales, posibilita expresar sentimientos que en la vida cotidiana no siempre están permitidos y esto es totalmente terapéutico.

La intuición: Rescatar las percepciones efímeras

En el arte, en la ciencia, en la vida, el percibir, el sentir, el intuir son sensaciones valiosas que en la educación nunca se nominan, se omiten. Es algo desacreditado. Cuando coordinamos una clase, y de pronto percibimos ciertas señales que emite el grupo, el alumno, éstas se nos manifiestan como pensamientos débiles, fugaces. Cruzan nuestra mente, nuestra emoción, y es de gran importancia aprehenderlos, anotarlos si es necesario. A veces, en el mismo instante, transformamos ese emergente en una consigna. Realizamos una traducción analógica a lo musical, de esa sensación, pálpito, intuición, que “a veces son una valiosa fuente que nos puede indicar el camino a seguir, sin ­saber por qué.” (El profesor intuitivo, compilado por Atkinson y Claxton)4.

La importancia de trabajar en grupo

Trabajar en grupo, en pequeños grupos, en donde uno hace y aprende con el otro. La totalidad está en el grupo. Lo que yo no sé cómo resolver, al otro se le ocurre cómo resolverlo. Cada integrante va dando sus ideas para realizar un producto común. Apoyarse en el conocimiento, en la experiencia del otro. Yo tomo del otro y él de mí, hay un intercambio. Lo llamo “aprendizaje solidario”, otros autores hablan del aprendizaje vicario.El grupo permite que cada uno vaya fortaleciéndose en las propuestas aprendiendo a defender las ideas propias y aceptar las de otros.A través de la creatividad musical en grupo, podrán ir rotando los lugares y experimentar distintos roles.

La improvisación musical

En las pedagogías actuales, en las más abiertas, la improvisación musical es una manera de afianzar el conocimiento. Una manera de evaluar el aprendizaje, cuánto se entendió del lenguaje del autor, de la obra, del estilo.No discrimina lo clásico de lo popular y reconoce que para improvisar o crear música no es necesario saber leer notas. Excelentes compositores inventan sus obras de oído, son autodidactas. Desconociendo la lectura y la escritura musical, producen obras muy hermosas.Lo ideal sería tener esa formación dual. La académica, con la lectoescritura, y la práctica auditiva.Si bien el tema de la improvisación no está presente en todos los conservatorios, salvo en la materia Composición que es otra cuestión, algunos estudiantes que se relacionan con la música clásica y la popular, por lo general van adquiriendo soltura para improvisar. Recrean distintos autores y estilos.Dentro de la música académica del siglo XX, las ideas de John Cage son muy enriquecedoras y liberadoras. Su famosa frase: “Todo ruido es digno de ser considerado”, la técnica del cluster, la indeterminación, lo aleatorio, el minimalismo, habilitan, dan la apertura para desarrollar la creatividad y desplegar las ideas personales enriqueciendo la improvisación musical.

La música en la musicoterapia
El musicoterapeuta en la Argentina, está habilitado para trabajar en distintas instituciones con pacientes y/o alumnos que tendrán necesidades distintas, según las edades, clases sociales, dificultades físicas, etc. Para ello es importante que pueda tener diversas herramientas, una amplia gama de recursos musicales.Trabajando con personas de la tercera edad, he notado que de­sean conocer la música que les gusta a sus nietos adolescentes, para estar más cerca de ellos. También volver a recordar la música del pasado, cuando eran jóvenes. Así fue como en un taller, crearon una canción en tiempo de vals, que decía así: “Que me hace muy feliz, cantar canciones de ayer, las alegrías pasadas volverán a florecer.”

El cantar despierta la memoria emotiva

La mayoría de la inmigración en la Argentina es de Italia y España. Conocer las canciones de esa generación es importante para poder compartir sus músicas.Cada grupo, según su nivel social o institución que los contenga, tiene su repertorio propio y el docente, coordinador, terapeuta, no puede saberlo todo, pero desde una actitud plástica abierta vale cultivar el “enseñaje”5, enseñar y al mismo tiempo aprender.Desde el punto de vista terapéutico, es muy gratificante para el alumno ver que el docente valora su saber.

Relato de dos modalidades musicoterapéuticas

1) Sesión individual. Musicoterapeuta que atiende en su consultorio de Buenos Aires a una joven con dificultades para relacionarse con sus pares.Luego de varios encuentros en donde el paciente se encuentra familiarizado con el marco terapéutico y ha explorado los instrumentos, la terapeuta le pregunta:–¿Cómo estás hoy? Contámelo con el teclado.El paciente frente al piano, mediante la técnica del cluster, incursiona por los agudos, los graves, bloques más densos, más livianos, y relata cómo se siente, su estado de ánimo. En la improvisación es posible ver el mundo interno de la persona.La terapeuta recoge la información que el paciente manifiesta desde lo musical-corporal-expresivo y, desde su propio marco teó­rico, va dando nombre, significado a los distintos momentos del ­relato.Otras veces interactúa con él, tocando, asumiendo distintos roles según las necesidades de ese momento clínico (de apoyo, de desafío, de ayuda, dando una base rítmica, armónica, etc.).A lo largo de los encuentros el paciente irá desarrollando su vínculo con lo musical y con el terapeuta. Evaluará sus progresos, su autonomía para desarrollar lo musical, la plasticidad, la capacidad de interactuar, la relación de esta actividad con otras acciones de su vida cotidiana.2) Sesión de musicoterapia grupal en una clínica psiquiátrica cerca de Tokio, Japón.Tuve posibilidades de presenciarla invitada por el Dr. Matsui, médico psiquiatra de 60 años aproximadamente. Toca el piano y asiste a la clínica como musicoterapeuta, una vez por semana. Lo acompañan dos asistentes, jóvenes profesoras de música que estudian con el Dr. Matsui.Cooperan preparando la sala de 4 por 8 metros, colocan sillas y una enorme pizarra, en donde fijan enormes carteles con las letras de las canciones que cantarán los pacientes. A medida que van entrando los 30 pacientes, de 40 a 80 años, se van sentando. Tienen diagnóstico de esquizofrenia. Algunos hace 20 años que están internados. Dos tienen barbijo (mascarilla), seguramente están resfriados. Están medicados, tranquilos y cantan siguiendo las letras de los carteles. Son canciones populares japonesas de distintas épocas, el psiquiatra los acompaña con el piano. Al finalizar cada canción, comentan lo que el texto les recuerda a cada uno y hablan de sus vidas. Cantan una canción que habla de la lluvia y al terminar el médico les pregunta:–¿Recuerdan alguna lluvia?Hablan del tiempo, de qué les sucedió una vez cuando llovía, de la lluvia de la otra noche.–¿Cómo era?–Fue muy fuerte, hubo un trueno, era tan fuerte que… ¡parecía una bomba!–¿Qué bomba recuerdan?Hablan de la bomba de Nagasaki. Los pacientes más viejos se animan y cuentan recuerdos acallados, silenciados. Dos enfermeros, parados detrás de las sillas, van anotando lo que los pacientes relatan porque después ese material será trabajado con los respectivos terapeutas personales.Vuelven a la canción y el médico los acompaña con el piano. Improvisa distintos momentos de la lluvia, del viento, de la tormenta. Los pacientes bailan con sus manos, con sus brazos y sus torsos.Se despiden hasta el próximo encuentro.

Lo terapéutico de expresarse creativamente a travésde la música

Cuando uno se enoja, ríe o llora el cerebro libera diferentes sustancias químicas que influyen en todo el organismo. Las genera el Sistema Límbico, fortaleciendo la salud física y emocional. La música nos brinda la posibilidad de transitar toda la gama de los sentimientos humanos.Considero que toda actividad de aprendizaje, sensiblemente conducida, que tenga la mirada abierta al grupo, que habilite lo que va emergiendo de cada persona, que desarrolle la creatividad, que favorezca la individuación, el darse cuenta, que rescate la identidad, las raíces de su cultura, que les permita llevar a cabo sus deseos, que no se someta a modelos impuestos, que le permita saltar el cerco de sus autolimitaciones, es salugénica.

Nélida Hiroko Nakamura es Coordinadora del Área Musical de la carrera de Musicoterapia de la Universidad del Salvador, Argentina. Formadora de Capacitadores del Centro de Pedagogías de Anticipación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Miembro fundador y ex presidenta del Foro Latinoamericano de Educación Musical.

Fuente: Flademar – Trabajo realizado por la entidad para comunicar el conocimiento a los educadores musicales.

Imágenes gentileza Juan Carlos Barroso-Juan Martín Reynoso

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