Historias: Infante de Marina mendocino y nadador de aguas abiertas

Un Infante de Marina nacido en Guaymallén que integra la Armada Argentina, es también un reconocido Nadador y competidor de Aguas Abiertas. Él contó su experiencia en la Fuerza y en su actividad deportiva.

El Suboficial Primero Gabriel Ceferino Lucero de Guaymallén, Mendoza, tiene 44 años y vive en Punta Alta hace más de 20. De un tiempo a esta parte combina su trabajo en la Armada Argentina con la natación; esfuerzo que coronó logrando el tercer puesto en el último Campeonato Argentino de Natación en Aguas Frías. El Suboficial Primero Gabriel Lucero habló de su provincia natal, de su vida en la Fuerza y del descubrimiento que resultó convertirse en un nadador.

BASE BATERÍAS 

El Suboficial Primero Gabriel Lucero, infante de Marina, se encuentra destinado en el Comando de Instrucción y Evaluación de la Infantería de Marina (COIE) en la Base Baterías, al sur de Buenos Aires. Allí es el encargado de Capacitación y Evaluación.

Lucero ingresó a la Armada en 1991, primero como Marinero Tropa Voluntaria y luego tuvo la posibilidad de continuar su carrera como personal de cuadro permanente. Hasta el 2001 estuvo en el Batallón de Infantería de Marina N°4 en Ushuaia (provincia de Tierra del Fuego); y apenas fue destinado a la Base Baterías hizo un curso en la Compañía de Ingenieros Anfibios.

“De grande terminé el secundario; soy un hombre formado gracias a la Armada. En mi caso, ingresé por amor a la Infantería de Marina que nació por Malvinas desde chico y creció pensando en ser parte de alguna Fuerza Armada”, contó de sus orígenes. Se decidió por la Armada aunque no tenía familiares cercanos en sus filas.

Su papá trabajó en Vialidad Provincial y su mamá fue celadora de un colegio, ambos ya están jubilados. De 7 hermanos, fue el único que siguió la carrera militar. “Ahora todos están muy orgullosos aunque mi mamá no quería que me vaya”, recordó. “Pero nunca me he sentido arrepentido de dejar mi provincia, y aunque muchos no me tenían fe, lo logré”. Gabriel asistió a la primaria en la escuela “Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino” en su Guaymallén natal, sumando otra razón para elegir la Armada.

“La vida es un sacrificio por lograr un objetivo de bienestar y siempre hay que dejar algo de lado; no es fácil alejarse de la familia pero vale la pena, no todos lo hacen y hay que valorarlo”, sostuvo el Suboficial Lucero. Respecto al desarraigo, recordó una anécdota de principios del año pasado en la Oficina de Incorporación de la Delegación Naval de Mendoza –que entre sus principales actividades promociona el ingreso de jóvenes a la carrera militar– y tuvo la oportunidad de conversar con ellos. “Creo que si la mente ya sabe qué va a pasar, se predispone diferente y lo enfrenta mejor; y lo he comprobado también en mi experiencia como nadador en aguas frías”, rescató.

Combinando su trabajo en la Armada, Gabriel Lucero se dedicó a entrenar como nadador de aguas frías y el año pasado resultó tercero en la última fecha del Campeonato Argentino de Natación en Aguas Frías (NAF, octubre 2018) en Puerto Pirata, zona de Almanza en Tierra del Fuego, la competencia más austral de Argentina. Lucero nadó los 700 metros de su categoría 40-45 años, en 20 minutos, sin traje de neoprén, con el agua a 4 grados y la ambiental a -1ºC. La competencia reunió a más de 100 nadadores del país.

Cada vez que puede y al menos una vez al año, Gabriel Lucero vuelve a sus pagos. “La calidad de la gente es lo que más me gusta de Mendoza”, sonríe. Entre las experiencias más importantes en su carrera, destacó las Misiones de Paz con Naciones Unidas, una en la Isla de Chipre como Jefe de Sección, donde tuvo una treintena de hombres a su a cargo, y en la República de Haití. “La Armada es un mar de oportunidades para servir a la Patria, más allá de lo profesional, uno viene a la Armada a aprender sobre la vida y considero que la gente que uno tiene a cargo es lo que más lo motiva a seguir en carrera”.

Sus comienzos como nadador

A Gabriel Lucero le gustó nadar desde chico; y hasta hace 3 años nadaba solo. “Acá en Baterías lo hacía desde muy temprano en la Pileta de Suboficiales o en la pileta cubierta; y como quería aprender más técnica empecé a mirar videos por Internet y encontré una nota sobre gente de Mar del Plata que hacía un homenaje a los caídos y veteranos de Malvinas cruzando a nado el Canal de Beagle. Empecé a indagar sobre el tema hasta dar en el 2017 con información sobre una Clínica de Hipotermia y Agua Fría para guardavidas, profesionales nadadores y enfermeros; y allá me fui a Pilar”.

Contó que la clínica es una especie de curso, de bautismo en el agua, donde se realiza una primera inmersión en aguas frías y se compone de charlas con importantes expositores. “Conocí referentes importantes como Rubén González, que había cruzado el Estrecho de San Carlos nadando 5K; Camilo López, un nadador paisajista, así se llama a los que no compiten y que sólo disfrutan de nadar; Cristian Espíndola, de Prefectura Naval; Walter Ruano quien llevó la antorcha olímpica en los últimos Juegos de la Juventud en Buenos Aires”, enumeró.

Y continuó nombrando personalidades del mundo acuático como Claudio Plit, el tricampeón nacional, cuádruple campeón mundial y ganador de innumerables competencias de larga distancia y bajas temperaturas; Sergio Salomone, nadador del Río de la Plata; Ludmila Naroski, campeona sudamericana de apnea; Karina Fasi, quien tuvo un problema motriz y volvió a caminar gracias a la natación y completó la vuelta a nado en la isla de Manhattan; María Inés Mato, a quien le falta una pierna desde los 4 años y cruzó el Estrecho de San Carlos y el Canal de Beagle e incluso nadó en la Antártida; y al reconocido nadador trasplantado Gabriel Novoa, campeón sudamericano y subcampeón mundial en competencias de piscina.

“Ya no era lo mismo que nadar solo y tranquilo, eran muchos más kilómetros de lo que yo estaba acostumbrado, y el agua fría, algo que nunca había hecho; en la clínica nos metieron en el agua para sentir lo que le va pasando al cuerpo y reconocerlo: los pinchazos, el adormecimiento, la adaptación y la respiración. Se presta mucha atención al tema de la seguridad. Si el cuerpo tiembla, está bien; pero si la mirada está en el horizonte, hay problemas”, instruye.

“En el grupo me aceptaron automáticamente y yo me encontré con un mundo que me ayudó a abrirme socialmente y aprendí sobre la fuerza de voluntad. Conocí a muchas personas y ellos me conocieron a mí que soy quien soy gracias a la Armada”, aseguró Gabriel. “Fuera de la Armada soy lo que aprendí dentro, como a ser buen compañero. Y a este grupo de personas le gustó eso porque ellos también lo ponen en práctica”.

Hasta ha sido considerado un ángel de la guarda para otros nadadores, tal es el caso de Celia, una nadadora de 65 años que sintió la guía de Gabriel en las aguas del lago Nahuel Huapi. “Pienso que más que competir me satisface guiar a los otros en las travesías”, destacó con humildad.

Gabriel narró que después de Pilar hubo un encuentro en Sierra de la Ventana, otro en Viedma; un tercero en Mar del Plata y cuando se dio cuenta estaba compitiendo su primera carrera de 500 metros. “Fue mi primer nado en aguas abiertas; fui a cumplir mi meta de llegar simplemente; no recuerdo en qué lugar salí, sólo que nadé contra la corriente y terminé bien; luego un guisito, chocolate o té caliente para recuperar. Yo llevo mantecol y chocolates, pasas y nueces que es lo que me gusta, me sacia y da calor”, detalló Gabriel algunos tips de nadador.

Las siguientes brazadas

En una carrera de Mar del Plata, Gabriel ganó y le llevó el trofeo a Thiago Gentili en Punta Alta. “Me costó terminar, no creí que había ganado; en esa competencia me llevé la sensación de recibir más de lo que logré ganar y muchas personas me alentaron y apoyaron; me dije entonces, Thiago lucha contra la fibrosis quística, y espera con urgencia un trasplante bipulmonar; fue mi manera de agradecer y alentarlo a él, a su familia y a la ciudad en la concientización de la donación de órganos”, completó el suboficial.

“Considero que lo más importante de la actividad es el vínculo que se genera. Nos tomamos el tiempo para compartir vivencias desde el corazón. Nado porque cuando la mente piensa que no lo vas a lograr, y lo superás, es una alegría inmensa; nadar también me hace bien físicamente, bajé 20 kilos. El deporte me guió y doy ese consejo”, amplió.

Así llegó el momento de participar en la organización del Primer Encuentro de Aguas Frías en la zona; lo hizo en dos oportunidades y pudo reunir varios amigos y nadadores de rescate de la Armada. “El año pasado hicimos en Monte Hermoso la primera fecha del Campeonato Argentino, 1.000 metros, con una gran respuesta de la gente; la llamamos Aguas Abiertas de Invierno y la idea es que se continúe haciendo”.

“Combinar el trabajo, esta pasión por nadar y la familia cuesta mucho, pero me da grandes satisfacciones”, aseguró Gabriel, quien está casado con Macarena y tiene dos hijos, Rocío de 17 y Maxi de 14 años. “Maxi empezó a nadar, se ha motivado mucho, va al gimnasio y a la pileta. Es muy parecido a mí”, ríe. A él lo acompañó en su primera incursión de aguas abiertas en Monte Hermoso.

Dijo que disponer de tiempo para entrenar es difícil, ahora lo hace en Centro Club de Punta Alta donde encontró la técnica que buscaba, “antes era un nadador salvaje”, confiesa;  y lo han adoptado los Tiburones Recargados, nadadores de clubes deportivos de Bahía Blanca. El sacrificio vale, como supo decir, porque en diciembre pasado, el Municipio de Coronel Rosales –de la que Punta Alta es ciudad cabecera– reconoció a Gabriel Lucero como uno de los 160 deportistas destacados en más de 20 disciplinas de la localidad.

Algún día va a asistir a El Desafío del Atlántico Sur –que consiste en nadar 3 kilómetros en el mar de las Islas Malvinas, auspiciado por la Fundación “No me olvides” de Mar del Plata– y este año tiene en mente un curso de guardavidas en Bahía Blanca; pero su objetivo principal es compartir el compañerismo y la amistad, así como los valores humanos de compromiso, respeto, responsabilidad, cooperación, colaboración y solidaridad.

“Mi mayor expectativa es nadar en todos los rincones de mi país, incluso más que el hecho de competir con otros”, concluyó el infante de Marina y nadador de aguas abiertas.

Por Lic. en Comunicación Social María Silvina Rosas/  www.gacetamarinera.com.ar

 

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