Hotel Termal El Sosneado: Un hito histórico en el turismo

*Desde fines del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, las revistas técnicas y de arquitectura se convirtieron en órganos difusores de ideas y propuestas en torno del quehacer profesional. Para el caso que nos ocupa, la revista “Nuestra Arquitectura” publicó en su número 121 (en agosto de 1939), una nota del arquitecto estadounidense Lyman O. Dudley, titulada “Establecimiento Termal El Sosneado”. El artículo contenía detalladas descripciones y fotografías del hotel, proyectado por él e inaugurado en diciembre de 1938.

El texto resaltaba el objetivo principal del emprendimiento, propiedad de la Sociedad Río Atuel Limitada, que consistía en “aprovechar las vertientes calientes sulfurosas y radioactivas del lugar, muy recomendadas especialmente para enfermos reumáticos”. Respecto del panorama de la cordillera con sus cumbres nevadas, lo calificaba como “magnífico sitio, adecuado para fines turísticos” y favorecido “por estar cerca de la convergencia de varios senderos andinos”.

Respecto del establecimiento propiamente dicho, el texto se organizó en tres apartados: el edificio del hotel, las vertientes termales y el grupo de la usina hidroeléctrica.

El edificio se componía de subsuelo, planta baja y primer piso. Parte del subsuelo estaba destinado a los baños sulfurosos y contenía los cuartos para baños, cuartos de reposo, consultorio médico, salón de espera, toilettes y dependencias de servicio. La planta baja estaba ocupada “por una entrada, el escritorio, la portería, un amplio living room, bar y comedor, office, cocina, despensa y lavadero. Hay también un ala de dormitorios y baños y una escalera principal que lleva al primer piso y a la sección de baños termales del subsuelo”. El primer piso estaba destinado a dormitorios y baños. La distribución en este sector comprendía un pasillo privado y un cuarto de baño cada dos dormitorios, “con las puertas ubicadas en tal forma que se pueden alquilar las piezas de las tres siguientes maneras: a) como una habitación con baño privado, b) como dos habitaciones con un baño compartido y c) como habitaciones simples dependiendo del cuarto de baño general”. Además, el texto resalta que existía una sección de dormitorios más económicos, “sin baño particular, comunicado con los corredores públicos”.

En cuanto al mobiliario del hotel, el mismo fue “proyectado y ejecutado especialmente para la obra, con un estilo rústico apropiado a la arquitectura del edificio y al ambiente que lo rodea”.

Sobre la segunda parte del complejo, el grupo de vertientes termales, el texto especifica que se había instalado una estación de bombeo del agua sulfurosa, garaje general del establecimiento y una pileta termal al aire libre, “con su solario, vestuarios, administración y demás dependencias, incluso una playa de arena”.

Sobre la tercer parte, el grupo de la usina hidroeléctrica, el mismo constaba de: toma de agua con cámaras de compuertas de control, un canal de hormigón armado de 1200m de largo hacia una cámara de carga de 60m de caída y 140m de largo, un equipo de turbina de regulación automática de 150 HP directamente acoplado a un generador de corriente alterna de 120KW y 3150 voltios de tensión. Finalmente, un cable subterráneo de alta tensión de 1000m de longitud, que llegaba a un transformador de 380/220 voltios situado en la misma sala de tableros del subsuelo del hotel. Desde este punto se distribuían los cables de baja tensión “a las diversas secciones del establecimiento”. Esta parte del texto, apunta que “por la  falta de combustible y por la carestía de leña, carbón o petróleo, cuyo precio sería prohibitivo, la dirección de la obra resolvió como más ventajosa la construcción de esa usina, para el suministro de calor, de energía y luz para todo el establecimiento”.

Las comodidades con que contaba el hotel incluían cocina eléctrica para 80 comensales, tanques intermediarios termoeléctricos para el suministro de agua caliente, instalación de luz, 50 radiadores eléctricos, bombas de agua, batería de 9 resistencias termostáticas para la graduación de temperatura de las aguas termales y servicios varios como limpieza por vacío, lavadero, planchado y refrigeración.

Respecto de la construcción del edificio, se aprovecharon al máximo los materiales existentes en el lugar: “los cimientos, paredes exteriores y paredes principales interiores son de mampostería extraída del mismo terreno y asentada en mezcla de arena del río Atuel y cemento. Las paredes interiores y secundarias, tabiques, columnas, losas, dinteles, escaleras y tanques son de hormigón armado, confeccionado con arena y canto rodado del mismo río. No se ha empleado un solo ladrillo en toda la construcción”. Esta forma de construir, “con todas las paredes interiores formando un block monolítico con el esqueleto de hormigón armado, presenta una resistencia excepcional a los movimientos sísmicos, que hay que prever en esta zona de la cordillera. Todas las dificultades mencionadas pudieron ser superadas merced a la excelente colaboración y capacidad técnica de Christiani y Nielsen que fue la empresa constructora”.

Al final del artículo, el texto destaca que debido a la falta completa de población en el lugar había sido necesario “prever todo para hacer posible la vida del establecimiento: abastecimiento de agua, de luz, de fuerza motriz y calor, servicios de cloacas y residuos, depósito de comestibles, vivienda para empleados, peones y garaje”.

Como vemos, el hotel fue pensado para resolver la estadía en el lugar, a pesar de la distancia a los centros poblados y las dificultades que esto acarreaba. Esto respondió a un proyecto más ambicioso del gobierno neoconservador de la provincia que, a partir de la sanción de leyes de fomento, buscaba posicionar destinos turísticos en la montaña; según demuestra la ejecución de otros edificios contemporáneos al caso del Sosneado: el hotel de Villavicencio (1940), el de Potrerillos (1941) y el de Uspallata (iniciado en 1942 e inaugurado en 1948).

Para comprender estas actuaciones, es necesario contextualizar las prácticas turísticas modernas, que situaban a las carreteras en el centro de la escena. La historiadora Melina Piglia sostiene que, avanzada la década de 1930, se difundieron imágenes de las prácticas recreativas deseables en automóvil, vinculadas estrechamente a un sentimiento patriótico, promoviendo un “modelo de viaje en el que el objetivo era el propio recorrido, más que el destino final” y buscaban enlazar “una serie de hitos y vistas patrióticos, ya fueran estos rasgos naturales, restos del pasado nacional o colonial o muestras de la pujanza y el progreso nacional”, como confirma el caso que abordamos de la cordillera sanrafaelina.

Fuente de las imágenes: revista “Nuestra Arquitectura”, disponible en Universidad de Buenos Aires. Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Centro de Documentación – Biblioteca «Prof. Arq. Manuel Ignacio Net». Buenos Aires, Argentina.

*Nota elaborada para Día del Sur Noticias por Arq. Pablo Bianchi. INCIHUSA-CONICET, UNCuyo Sobre el Hotel Termal El Sosneado

El Arquitecto Pablo F. Bianchi es Docente Facultad de Ingeniería- U.N.Cuyo y Docente S.G.A.-Goethe Zentrum Mendoza

pfrbianchi@yahoo.com

Nota del autor: «Estas imágenes no ven la luz desde 1938, cuando se hizo la publicación que refiero en el texto. El repositorio digital de donde obtuve la revista (y las imágenes) provienen de la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires»

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