Inflación: saltó de menos del 2% mensual a cerca del 3% mensual

Desde el 20 de mayo, la inflación de los últimos 30 días, medida sin el efecto de los precios regulados, saltó de menos del 2% mensual a cerca del 3% mensual.

Hasta la escapada del dólar, la tasa de inflación de los precios online (que no toma en cuenta el efecto de los aumentos de tarifas y otros precios regulados) medida con respecto al índice de los 30 días anteriores, estaba bajando. Se ubicaba por debajo del 2% mensual. Eso hacía presumir que la tasa de inflación promedio del mes (que compara los precios promedios de mayo, con los precios promedios de abril) iba a ser algo más baja que la observada en abril. La tasa de inflación medida por INDEC habría sido, de todas maneras, bastante más alta por efecto del aumento de los precios de la energía durante mayo.

A partir de del 20 de mayo, la tasa de inflación de los últimos 30 días pegó un salto desde el 2% mensual a cerca del 3% mensual, reflejando el comienzo del traslado a los precios del aumento del precio del dólar. Este aumento sólo tendrá un efecto marginal en la tasa promedio de inflación del mes de mayo porque incidirá sólo durante los diez últimos días del mes, pero su efecto será mucho más significativo sobre la tasa de inflación de los precios no regulados en el mes de junio. No sería raro que la tasa de inflación mensual medida por INDEC en mayo resulte cercana al 3% y que esa misma tasa se repita en junio, a pesar de que para este mes no se contemplan ajustes en los precios de los precios regulados.

En el Gráfico 4 se comparan la tasa de inflación medida por INDEC y la tasa de inflación medida a partir de los precios online de los bienes y servicios no regulados. La diferencia refleja precisamente el efecto de los ajustes de los precios regulados que viene siendo significativa desde el mes de febrero y que probablemente va a ser más alta en el mes de mayo que en los tres meses anteriores.

El Banco Central y el Gobierno tenían la esperanza que la tasa mensual de inflación comenzara a descender en junio, mes para el que no se planeaban aumentos importantes en los precios regulados. Incluso se comenzó a comentar que en lo que resta del año 2018 y 2019 ya no se producirían ajustes importantes de los precios regulados. Se mencionó como posibilidad que los aumentos de precios de la energía anunciados para el mes de julio no se aplicarían. Pero todas estas expectativas y planes se vieron repentinamente frustradas cuando la salida de los capitales de corto plazo y la reacción del Banco Central provocaron la fuerte escapada del precio del Dólar.

Con el precio del Dólar a 25 pesos, la lucha contra la inflación se complica en varios frentes: en primer lugar, por el traslado de la devaluación a los precios, que, aunque el Banco Central espera que sea limitado a causa de la restricción monetaria que supone la tasa de LEBACs del 40%, no será insignificante y probablemente supere el 50% del porcentaje de devaluación.

En segundo lugar, porque el aumento del precio del dólar aumenta el monto de los subsidios que el gobierno tendrá que pagar a las empresas energéticas, dado que los costos de la energía se ajustan por el precio del dólar en prácticamente el 100%. Aún con los fuertes aumentos anteriores y los del mes de mayo, que generaron tanta resistencia, los precios pagadas por el gas y la electricidad por los usuarios todavía estaban 40% por debajo de los costos de producción o importación. Con el aumento del precio del Dólar, el atraso tarifario ha aumentado en alrededor de 20%, es decir que ahora los precios pagados por los usuarios se ubican 60% por debajo de los costos de producción o importación. Incluso el desfasaje puede llegar a ser mayor, porque están aumentando mucho los precios del gas que necesitará importarse este invierno. Este problema ya ha sido advertido por el Presidente Macri, que ha dicho que será necesario seguir ajustando los precios de la energía.

La interrupción repentina del flujo de capitales de corto plazo puso de manifiesto que el Gobierno puede verse impedido de seguir financiando el déficit fiscal con nuevo endeudamiento y ahora ya se está negociando un programa de apoyo del FMI. Por consiguiente, el ajuste fiscal se ha transformado en un imperativo. Y es imposible pensar en un ajuste fiscal significativo si es que el Tesoro debe aumentar el pago de subsidios por la energía. Sin duda, el gobierno enfrenta un dilema muy complejo.

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