Juan Pi: El fotógrafo de las cosas nuestras

Don Juan Pi se transformó en el fotógrafo de San Rafael. Como no había muchas familias que se pudieran sacar fotografías, porque eran muy caras, sólo se sacaban una. Además, el trabajo no era mucho y las ganancias tampoco, motivo por el cual debió buscar otro trabajo que le diera más ganancia, por eso se dedicó como todos los pioneros a la agricultura. Compró una finca cercana al pueblo, en la que trabajó muy bien.

También adquirió el hotel Club, el primero de la zona, que había pertenecido en un primer momento al francés Luis Audebrand y cuando éste se retiró lo adquirió Emilio Langlais, también francés. Luego lo compró Pi y lo publicitó en el Ecos bajo el nombre de hotel Cosmos. Lo había comprado con todos los muebles que pertenecieron al hotel Club y lo mantuvo varios años.

Podía desempeñar varios trabajos porque era muy poca la clientela en el estudio fotográfico, pero nunca lo cerró porque le gustaba mucho la fotografía.

Casi en la misma época se instaló el médico Hermann, quien también era fotógrafo y se había instalado con estudio en Fotografía El Relámpago, pero no ejerció esa profesión mucho tiempo.

También abrió las puertas Fotografía Siglo XX, de Edmundo Cuenin, pero estuvo sólo un mes, porque vio que la clientela no alcanzaba para dos fotógrafos, de modo que se alejó y lo dejó a Pi, que ya estaba establecido.

Pi mantuvo su finca, que al decir de él mismo, era modelo. Aseguraba: “Es la más hermosa finca de San Rafael”. A comienzos de 1913, cuando había aumentado la población en la ciudad, vio que tendría mayor clientela.

Las fotografías se sacaban en ese entonces con las máquinas de cajón y los negativos, llamados daguerrotipos, se imprimían en placas de vidrio, bastante grandes, eso influyó para que muchos se borraran porque habría que haberles hecho un tratamiento especial. Aparte era muy complicado para archivarlas.

Pi tenía un carácter muy fuerte y se hacía lo que él decía: cuando sacaba una fotografía y a él no le gustaba la rompía, así hubiera sido del gusto del cliente. Su respuesta era: “Yo no estoy de acuerdo con el dicho de que ‘quien paga manda’, en las fotos mando yo”. Pero si entregaba un retrato y le hacían alguna observación, rompía la obra y le decía que se fuera a otro lado. Su lema era: “O la recibe sin chistar o la rompo”. Si algún cliente protestaba porque no le gustaba la foto que le había sacado y a él sí le gustaba, se la ponía bajo el brazo, lo sacaba por la puerta y le daba un ligero puntapié.

Cuando construyó su estudio, lo que le costó bastante porque las mangas de piedra le rompían los vidrios que tenía en el estudio, colocó en la vidriera una pajarera y adentro ponía la foto de quien no pagaba, con el letrero “preso por deudas”. El deudor se apresuraba a pagar para que lo sacaran de la pajarera.

El último local en el cual estuvo trabajando quedaba en calle Bombal y tenía un sótano, donde la familia guardó durante mucho tiempo algunas cámaras y negativos. Este sitio se inundó y mucho material se perdió; luego el doctor Humberto Lagiglia se llevó lo que quedaba al Museo de Historia Natural.

Formó parte de la primera comisión directiva de la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de San Rafael, estuvo entre los fundadores. Durante muchos años fue secretario de la entidad y presidente en los años 1933-34-35 y 36. Colaboró en sacar algunas revistas de la Cámara que lamentablemente se han perdido y que eran un documento inapreciable del San Rafael antiguo; estas revistas estaban ilustradas con fotografías de Juan Pi y artículos sobre economía escritos por él.

Era muy amigo de don Otto Suter, los dos eran suizos, del mismo cantón, hablaban el mismo dialecto y sus esposas también eran amigas.

No le gustaban las fotos de estudio, prefería los paisajes, pero las que sacó en mayor cantidad fueron fotos familiares. es simpático ver en las fotos cómo colocaba algunas cortinas de fondo y las sacaba en el patio de su casa.

Las últimas fotos que tomó fueron de la caída de ceniza del volcán Descabezado, de lo que hizo toda una colección que lamentablemente se están perdiendo ya que permanecen en los negativos.

En la última salida al campo en busca de la fabulosa Ciudad de los Césares, iba con unos ingenieros. El fotógrafo llevaba fiambre y pan para comer y les convidó a sus compañeros, quienes no aceptaron; luego intentó convidarle a su perro, pero éste tampoco quiso comer. Lamentablemente no hizo caso de esta “advertencia” y comió el fiambre, que estaba en mal estado, por lo que a los tres día falleció por intoxicación. Esto ocurrió el 23 de marzo de 1942.

Por Profesora María Elena Izuel historiadora de San Rafael

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