Julio Sosa, el Varón del Tango y  Fierrero: hace 55 años nos abandonaba

Uruguayo por nacimiento, argentino por adopción. Un 2 de febrero de 1926 nació en Las Piedras, Uruguay, Julio María Sosa Venturini, más conocido como Julio Sosa y apodado ‘El Varón del Tango’. Falleció a los 38 años el 26 de noviembre de 1964, en Buenos Aires, 55 años atrás en el tiempo.

Finalizado el verano del ’49, Julio María Sosa Venturini, oriundo de Las Piedras, Uruguay, más conocido como ‘Julio Sosa’ y apodado “El Varón del Tango” luego de actuar exitosamente en Punta del Este, decidió probar suerte en Buenos Aires, junto a un compañero coterráneo. Ambos uruguayos jóvenes e inquietos, se fueron a vivir a una pensión en la Avda. de Mayo… y triunfaron.
Uno desde el tango, Julio Sosa, y el otro, que arribó como actor, se convirtió en el “Hombre-Ovni”, Fabio Zerpa.

Para ese entonces, Julio Sosa ya era una figura. Lo había logrado en apenas una década y media, movilizando multitudes que lo seguían en cada actuación. Tanto que alguna vez en un club, la gente que pugnaba por entrar hizo caer un paredón. “La atracción era él”, contó el maestro Leopoldo Federico quien, con su orquesta, lo acompañó desde diciembre de 1960 hasta el final de su vida.

Julio Sosa, tenia una pasión, y esta era su amor a los fierros, a medida que ganaba dinero, invertía en autos. Tuvo un “ratón”, un De Carlo, luego un Isetta, una motoneta y el famoso DKW Fissore de color rojo que en su momento, fue un fiel deportivo de época. Este, el último que condujo aquella fatídica madrugada del ’64…

Quienes estuvieron con él esa última noche, cuentan que los hechos se dieron de la siguiente manera; salieron de una cantina del Abasto llamada “El varón del tango”, donde despedían a un compañero de la orquesta, que se casaba. Y que Julio Sosa en su DKW Fissore rojo (un deportivo y lujoso auto alemán de aquel entonces) subieron Marta (su pareja en ese momento) y otros dos amigos. Julio estaba mal porque quería que esa comida de despedida se hubiera hecho en otro lado. Como manejaba con vehemencia, a las pocas cuadras los dos amigos se bajaron. Quiso ir a un hotel con Marta, pero como discutió con el conserje, no lo dejaron entrar. Entonces, dejó a ella en su casa en Sarandí y México y enfiló hacia la Costanera, para ir a comer al Carrito 7 (estaba en Salguero y el río), donde era habitué para sus atracones, destino al que nunca llegaría…

Un testigo del accidente dice que ésa madrugada del 26 de noviembre de 1964, Julio Sosa iba por Figueroa Alcorta a alta velocidad y que, al querer esquivar un camión con combustible, lo rozó y dió de frente contra un blanco pilar de hormigón (que en aquellas épocas se utilizaban para proteger los semáforos), el que estaba en medio de la avenida, por aquel entonces de doble mano.

Su conocida pasión por la velocidad y su poca habilidad para conducir, durante aquella fatídica madrugada le habían jugado en contra…..pues lamentablemente murió a las pocas horas.

Tiempo después del accidente, su mujer, Susana “Beba” Merighi que era enfermera y trabajaba activamente se encontró con varias deudas y para afrontarlas, puso en venta el DKW Fissore maltrecho.

Un vecino de French, admirador de Julio Sosa, se enteró de esa venta, y lo compró sin dudarlo.

Al DKW Fissore no lo usó en demasía pero invirtió en mantenimiento y estacionamientos ya que lo cuidaba como ‘a una novia’. El deportivo alemán rojo fue reconstruido por completo al que se le devolvió su esplendor. Después de muchos años, su dueño se lo terminó vendiendo a un coleccionista.

‘El Varón del Tango’ sigue siendo escuchado, pero muy pocos sabían de estas historias. Una, lo tuvo como protagonista. La otra fue conocida solo por sus allegados…su amor por los fierros.

Por Andres de MG

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