La Bodega de Valentín Bianchi

La Bodega de Valentín Bianchi

“La pequeña Bodega de los grandes vinos” fue la bodega que así denominó don Valentín Bianchi. Tuvo un origen muy humilde y se ha convertido en una de las Bodegas más importante de la zona y conocida en todo el mundo por la calidad de sus vinos.

Don Valentín Ángel Bianchi nació en el pueblito de Fasano, provincia de Bríndisi, Italia, el 1° de enero de 1887. Estudió para maestro en Italia, pero los sueldos eran muy malos, ya que la situación económica por la que pasaba Italia era pésima, entonces pensó en viajar a América, donde ya se encontraba su hermano Daniel, con su esposa, y más precisamente estaban ubicados en San Rafael. Le costó muchísimo decidirse, pues debía dejar lo que más amaba: su madre Constanza, pero finalmente resolvió viajar, pensando que si trabajaba en América le podría enviar dinero. En 1909, llegó a la Argentina. Se alojó en el Hotel de Inmigrantes, y después se dirigió a las oficinas del Ferrocarril, donde le informaron que en Mendoza hallaría trabajo.

Al desembarcar lo esperaba un amigo de la infancia Ángel Sardella, quien le mostró Buenos Aires, que lo dejó maravillado, pues pensaba que era una pequeña aldea y se encontró con una gran ciudad.

Tomó el tren para dirigirse a Mendoza, y después de un largo viaje, llegó a la estación donde lo esperaba su hermano Daniel. Consiguió trabajo en el ferrocarril por sus conocimientos matemáticos y su buena caligrafía, tal es así que al poco tiempo lo conocían como “el gringo de la letra bonita”. Hacía una letra estilo inglés perfecta.

En Mendoza se quedó unos meses, y ya en San Rafael vivió con su hermano en una casa en calles Comandante Torres y Ortíz de Rosas, lugar donde luego construyó la primera Bodega.

En esta ciudad continuó llevando la contabilidad en el B.A.P.: Ferrocarriles Buenos Aires al Pacífico.

Entró a trabajar en la Bodega de su amigo don Carlos Sardi, donde llevaba la contabilidad. Tuvo muchos amigos, en especial el Dr. Schestakow, quien fue luego el médico de la familia, él fue quien salvó a su pequeño hijo Nino cuando tuvo meningitis..

Tenía un caballo alazán al que quería mucho, que lo transportaba a todos lados. Él le daba una orden y el caballo cumplía, se llamaba “El Chiche”, y ese fue el primer nombre que tiempo después le puso a su Bodega.

Se casó con Elsa Pilati, también italiana quien había viajado con su madre y sus hermanos, los enólogos Pilati, a quien conoció en San Rafael. El matrimonio tuvo seis hijos: Ana, Nino, Enzo, Silvia, Eugenio y Mario.

Don Valentín desarrolló múltiples actividades: llevó la contabilidad en el B.A.P., tuvo una fábrica de soda, después fue rematador, tuvo un aserradero, una agencia de automóviles y una empresa de ómnibus, en la que tuvo como socio a su cuñado don Ugo Pilati.

También fue Concejal durante el año 1923, en el Concejo Deliberante de San Rafael, por el Partido Socialista.

Cuando vendieron la empresa de colectivos, en 1926 formó con su cuñado, el Enólogo Ugo Pilati, una sociedad cuya razón social fue “Bianchi y Pilati S.R.L.”, primero compraron una finca con viñedos y al año siguiente comenzaron la construcción de la Bodega a la que llamaron “El Chiche”, el nombre de su caballo, la misma fue construida en Comandante Torres y Ortíz de Rosas 847.

Tenían muchos contactos en Italia, donde había quedado gran parte de ambas familias, por lo que pudieron importar los toneles óvalos de Conegliano (Véneto) donde se encontraba la fábrica de los mejores toneles, de ese momento. Eran toneles de roble de 50 hl de capacidad, típicos de la zona, eran ovalados, lo que los distinguía de los comunes. Introdujeron las primeras cepas de Prosecco, variedad de vid desarrollada en Treviso. Il vino si fa cosi. Pag. 50

Don Valentín estaba dotado de un gran espíritu luchador, había trabajado durante gran parte de su vida sin reparar en el descanso, hasta realizar su sueño dorado: poseer una bodega propia en la cual podía verter toda su energía, todo su conocimiento y todos sus anhelos, con el fin de convertirla en un establecimiento de renombre. Y este fin anhelado, lo logró plenamente.

Prof. María Elena Izuel

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