La cuarta división en Calbilao Malal

Según las sábias indicaciones de un amigo, que sabe “la idomia”, medio experto y conocedor en la gramática y vocabulario del Chilidugu de Havestadt, me sugirió la mejor y apropiada definición del término Calbilao Malal, anterior al Chos Malal.

Es el primer registro de este lugar preferencial de los Pehuenches, desde antiguo, para descanso y alojo en sus malones y tráfico de ganados a las pampas y Chile.

Según él , sería: Calbilao malal, de Calbu, calfu, Calfi, calbi = azul; Lao, lau, apócope de Lauquen = agua, rio, laguna o curso de agua; Malal = Corral, valle entre cerros, alojamiento. Significado: Valle, corral o alojamiento del río de agua azul. Luego se cambuaría por curi, curri: negro. Y entre negro y azul……. queda Curi Leuvú.

No se si será…..,(los Pehuenches no escribían y los primeros oyentes huincas lo escribían como sabían o cómo lo entendían….). Le creo a mi amigo.

El Diario de viaje nos pinta esa histórica y mítica junta de ríos, el Neuquén y el Curi Leuvú donde se establece el Fuerte del 7° Regimiento, al mando del Comandante Napoleón Uriburu.

Queda claro, que el desierto, no era tal; junto a los pehuenches y salineros, con siembras y cultivos, ya había familias chilenas establecidas en la zona cercana a las Juntas. Una impensada Colonia chilena, con autoridades delegadas de Chillán, la famosa Colonia Malbarco.

La primera población “huinca” estable del Neuquén, conviviendo pacíficamente con los Pehuenches, desde la época de los Pincheira y los avatares de la “guerra a muerte” en los valles y cordilleras del Alto Neuquén. Que era necesario reivindicar a la soberanía argentina.

Desde la salida de San Rafael, el único hecho grave enka marcha de la Cuarta División, fue el fusilamiento del soldado desertor Javier Villarroel, el 25 de abril en el Valle del Río Grande.

Desgraciadamente, la jornada de Calbilao Malal, estuvo manchada de sangre….. Una gran mancha y estigma que cruza toda la gran empresa nacional de extender los límites de una Patria naciente y olvidada de sus hijos.

Con los méritos y las justas recriminaciones que hoy se pueden hacer, analizando lo pasado. Lo cierto es que así se dieron los acontecimientos. Entre sangre nació Chos Malal y quierase o no, asi son nuestras raices neuquinas.

****”Lunes 5 {mayo 1879} — A las 6 de la mañana se marchó de Huerin-Chenque, y por mal terreno fuimos a pasar el Curre-Leuvú a una legua de su confluencia con el Neuquén.

Continuando su curso, precedidos de la vanguardia, lo repasamos sobre las juntas, en donde se hizo campamento y se encontró la fuerza desprendida de Caipoche, antes, las tolderías de Payeiran, cacique ranquelino emigrado de la Pampa, y recién establecido junto con varias familias chilenas a corta distancia de aquí.

Del asalto resultó muerto el cacique Payeiran y 14 indios de lanza; 12 de éstos y 72 de chusma, prisioneros, y algunos chilenos, quedando en nuestro poder 100 vacas, 18 caballos y 500 ovejas. Hemos hecho hoy 15 kilómetros, en rumbo sureste.

El terreno recorrido es malo y sin pasto, si se exceptúa la legua que se bajó por el Curre-Leuvú, en que éste mejora algo, sin dejar de ser bastante escaso. En ese trayecto, el suelo es blando; hay algunos sauces chicos en la costa y mucha paja brava.

Varios ranchos de indios recientemente abandonados, y rastrojos con señales de riego por medio de acequias, manifiestan que este lugar ha sido ocupado con alguna preferencia por las tribus que ahora se encuentran del otro lado del Neuquén. La tierra vegetal es buena; el piso flojo con mucha arena y regular pero poco pasto. Han sido racionados los indios prisioneros.

Llegó a la noche el correo de San Martín. Se ha excusado decir la regularidad con que se ha hecho el servicio en los días anteriores y las medidas de precaución que se toman ahora contra cualquier ataque que pudieren intentar los indios sobre nuestras guardias avanzadas o caballadas así como se excusa manifestar el cuidado especial de que las últimas han sido objeto en las marchas o en los campamentos.

Un maestro herrero, contratado por la Comandancia de la división, acompaña la columna desde San Rafael, para ajustar las herraduras y diariamente los cuerpos se han ocupado de detalle tan importante.

El servicio, situado convenientemente a una distancia, es hecho por los mayores Torres e Illescas. El primero, río arriba, a una legua del campo, debiendo dar una guardia del otro lado del Neuquén, en el paso mismo, y el segundo también a otra legua río abajo.

El capitán López, del 7° de Caballería, a retaguardia, sobre el Curre-Leuvú, todos ellos con fuerza suficiente y orden de reconcentrarse en caso necesario, oprimiendo la caballada que está suelta”.

Por Isidro Belver

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