La discusión de la «matriz productiva» sólo puede ser institucional

La  re-discusión de la “matriz productiva” de la provincia pareciera ser una premisa de estos tiempos  en que el gobierno provincial ha expresado la manifiesta intención de impulsar la actividad minera.

 Se escuchan propuestas provenientes de variados ámbitos de la vida política y económica.

Vamos a prescindir de mencionar aquí, porque están avalados por la historia, cuáles han sido los ejes sobre los cuales Mendoza creció y se instaló como una de las más importantes en el contexto nacional e internacional.

Aunque también es  dable aceptar  que cada sector (movido por sus propios intereses económicos)  se presente como imprescindible.

En lo que todos vamos a coincidir es que agua, energía e infraestructura son fundamentales. De la mano de estos pilares llegarán las inversiones, los recursos humanos y la tecnología.  Y por ende, los mercados, si inteligentemente  sabemos agregar valor a nuestros productos primarios.

La discusión y el debate, entonces, no puede ser sectorial sino institucional, y la puesta en práctica de las decisiones que se tomen no deberían implicar la retroalimentación de un Estado ya sobredimensionado y con grandes dificultades para equilibrar sus cuentas. Ya lo ha dicho recientemente un informe de la Auditoria General de la Nación (AGN): el Estado ha crecido más que la economía y Mendoza no es ajena a esa realidad.

Al pensar la Mendoza futura, todas las propuestas sectoriales son válidas y todas las alternativas pueden llegar a ser viables si encuentran algún grado de consenso en la ciudadanía.

Las “audiencias públicas” son un mecanismo auténtico al que se puede recurrir institucionalmente, pero también sabemos que el grado de participación  que se alcanza  es relativo  e incluso, (ya ha pasado)  dejan un margen de sospecha de poder ser manipuladas.

Por eso pensamos que la mejor de todas las  “audiencias públicas” que se pueda realizar la hallaremos en la manifestación de las urnas cuando los ciudadanos son convocados a votar.

Pero para eso es imperioso que los partidos políticos y los candidatos que participen  en los comicios propongan plataformas electorales claras y precisas,  auténticas guías de acción, y profusamente comunicadas,  sobre aquellos aspectos que más preocupan a la población. Y qué luego sean respetadas,  claro.

Ya ha sucedido que algunos candidatos piensan una cosa en tiempos de campaña y luego falazmente deciden ejecutar todo lo contrario cuando llegan al gobierno.

Será un avance significativo para nuestras instituciones que los hombres que busquen llegar  al manejo de la cosa pública garanticen el respaldo, pero  también el control, de los partidos políticos que representen,  para que la voluntad ciudadana no sea burlada. Fortaleciendo a los partidos políticos estaremos fortaleciendo directamente a la Democracia.

En los últimos días han ocurrido algunos episodios vinculados con  la  política,  rayanos en la violencia,  que según se dice, han puesto en alerta al oficialismo que teme su propagación.

La dirigencia debiera aprovechar  ese temor para la revisión de algunas prácticas de poder que por habituales han abandonado toda ortodoxia.

Michel Foucault, uno de los pensadores más influyentes del Siglo XX en su libro  “El Poder, una bestia magnífica” sostiene que el poder político “es mucho más profundo de lo que se sospecha. Hay centros y puntos de apoyo invisibles,  poco conocidos. Su verdadera resistencia, su verdadera solidez se encuentra quizá, donde no lo esperamos”.

Y es eso precisamente lo que seguirá percibiendo  la ciudadanía mientras los proyectos, las iniciativas y las ideas no sean discutidos como parte de un proceso colectivo que sobre todo garantice transparencia.

 

 

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