La Familia de Don Hilario Pérez

En el año 1890 viajó hacia América don Hilario Pérez Arco. Había nacido en un pequeño pueblito de la bella Granada,en España.

Siendo ya un jovencito conoció en su pueblo,a una hermosa joven, cuyo nombre era Carmen Ruiz Lonjamón,los jóvenes se enamoraron, él tenía 20 años y ella 18 y se pusieron de novios, pero…al padre de la chica no le gustó el joven, lo consideraba muy pobre, joven y sin futuro, por lo que no aceptó que el noviazgo continuara. Este señor era propietario de una mina de oro, y como debía hacer una entrega urgente del metal,les hizo un pedido insólito a sus obreros: que trabajaran un Viernes Santo, casi ninguno aceptó, los pocos que quedaron estaban trabajando cuando se produjo un accidente en la mina y murieron tres de los operarios.

Nadie quiso volver a trabajar con él y tuvo que pagar grandes sumas a los familiares de los muertos, perdió la mina y decidió entonces viajar a América con su familia. El viaje también le servía para separar a los jóvenes.

El novio, desesperado, vendió todo lo que tenía y viajó de polizón en el mismo barco. Al llegar a Chile, la futura suegra, a quien sí le gustaba el chico, enterada de la aventura del joven, decidió ayudarlo,le prestó dinero para que comprara una tropilla de mulas y se presentara en la casa como vendedor. El joven había cambiado, le había crecido la barba y el padre de la chica no lo reconoció.

Comenzó el trato entre los dos y le gustó mucho el muchacho, porque vio que era muy trabajador.Cuando finalmente conoció la verdad, aceptó al joven y se celebró el matrimonio en Chile.

El viaje de bodas lo comenzaron cruzando la Cordillera para instalarse en Mendoza, atravesando Los Andes a lomo de mula. Según me relató una nieta, la abuela Carmen siempre contaba que su luna de miel había sido sumamente original, cruzando la cordillera en mula y donde casi pierde la vida, pues la mula en cierto momento y pese a lo seguras que son, se despeñó, pero el guía alcanzó a sostenerla y la salvó de una muerte segura.

Se dirigieron a San Rafael y en un principio se ubicaron en la actual Villa 25 de Mayo. Después de un tiempo se trasladaron y se instalaron en la Calle Larga. A don Hilario lo
ayudó mucho don Daniel Julián, español como él, quien le vendió unas tierras, las que ocupó para plantar trigo, según la costumbre que traía de su tierra.

No conocía lo que significaba la caída de granizo, “la piedra” y al ver como escapaban todos ante una tormenta diciendo “que se viene la piedra”, don Hilario, sin saber aún lo que era, pensaba: “Debe ser una señora muy mala, todos huyen antes de que llegue”.

Cuando vieron la caída de la piedra y el daño que hacía, se dieron cuenta lo mala que era. En su finca la piedra le llevó todo y no le pudo pagar a don Julián, pero éste le dijo que lo esperaría hasta que cosechara. Después de esto comenzó a plantar viñedos.

Tuvieron seis hijos: el mayor Francisco, contrajo matrimonio con Berta, fue el que formó luego la compañía de colectivos,”La Central” que con el tiempo se transformó en empresa Carlos Pérez; Isabel,casada con Francisco Martín, tuvieron 8 hijos; Concepción se casó con Ramón Gallardo,tuvieron dos hijos: Mercedes y Walter; Carmen se casó con Alfredo Bresca; Rafael contrajo enlace con Mercedes Barruti, tuvieron cuatro hijos: Rafael Humberto, Carmen, Amalia,Nélida, pero Mercedes falleció y Rafael volvió a contraer enlace, de su segundo matrimonio tuvo un solo hijo de nombre Walter; Hilario, hijo, se casó con María Luisa Longo, el matrimonio tuvo cuatro hijas: Haydeé, Blanca, Lidia y María Rosa.

Don Hilario Pérez, en una de las fincas que adquirió, trazó una calle a la que denominó Rusa, le dio ese nombre, porque vivían en ella tres hombres a los que les decían rusos.

Al fondo de la calle construyó su bodega don Hilario, esta estaba en la línea ancha de Cañada Seca,que es la segunda calle después del Canal Babacce.

El Dr. Schestakow, quien también era ruso, tuvo una finca en sociedad con don Hilario,quien llegó a poseer 160 ha con viñas. La bodega, construida en 1920, era pequeña, pero tenía piletas de hormigón, aunque de tamaño reducido y el techo era de madera. El vino lo vendía en bordelesas; las acarreaba en carros tirados por bueyes hasta la estación de Salto de Las Rosas, y en el ferrocarril lo enviaba a Bahía Blanca. Registró la marca “La Andaluza”.

La Bodega evolucionó y era muy moderna, hasta que Rafael, su hijo, se hizo cargo y compraron otra bodega en la intersección de la Línea Ancha y Ruta N° 143, quedando esta primera bodega abandonada.

Por Prof. María Elena Izuel

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