La historia arquitectónica del Parque General San Martín

Fue creado en 1896 y se lo llamó “Parque del Oeste” durante muchos años. Su diseño desafía el clima árido de nuestra provincia y su suelo pedregoso. Tiene 394 hectáreas de bosque que tienen un complejo sistema de riego por acequias y canales.

El Parque General San Martín es el paseo por excelencia de los mendocinos, el “gran pulmón verde” de la provincia. Su extensión lo transforma en el parque artificial más grande de América del Sur y este año cumplirá 125 años.

Luego del terremoto de 1861, Mendoza se encontraba con graves problemas sanitarios debido a epidemias de difteria, cólera y sarampión, así como conflictos aluvionales por las inundaciones.

En 1895, Emilio Civit, ministro de Obras y Servicios Públicos, promueve la idea de poblar el Oeste con objetivos como la reubicación de la Penitenciaría, la defensa aluvional a través de la forestación y la problemática sanitaria, para lo cual se trabaja con el médico higienista Emilio Coni, nombrado director de Salubridad.

El 6 de noviembre de 1896 se dicta la Ley 19, que es la norma de creación del entonces llamado “Parque del Oeste”, para lo cual se contrató al paisajista francés Carlos Thays, autor de otros importantes parques en Argentina.

Tan sólo 4 días después se presentan los planos del Parque, cuyos límites originales eran: al Este el canal Jarillal (calle Boulogne Sur Mer), al Norte la calle Unión (actual avenida Emilio Civit hoy llega hasta la calle Carlos W. Lencinas) y al Sur el Hipódromo Andino (hoy el límite es la calle San Francisco de Asís).

El parque tiene 394 hectáreas de bosque, para lo cual se debió superar un suelo pedregoso, el clima árido natural de Mendoza y hacer un complejo diseño de riego, que luego se hizo por acequias y canales, pero que en grandes zonas se realizaba con agua transportada en carros municipales tirados a caballo. Actualmente hay sectores que reciben agua aún con camiones regadores.

En el año 1900 se realizan de forma simultánea los bosquecillos, viveros, armado del Zoológico (ubicado en el sector del actual teatro Pulgarcito) y un sector de árboles frutales para obtener recursos para su autosustento.

En 1906 se introducen reformas en los planos originales del lago artificial y, 4 años después, el parque se extiende hacia el oeste, abarcando el Cerro del Pilar, hoy llamado Cerro de la Gloria.

Cuentan que en aquellos años la Banda de Música de la Policía de Mendoza ofrecía conciertos y desfiles todos los domingos en el Quiosco de Música que se encontraba en el predio de la calesita. El parque comienza a poblarse de estatuas con la adquisición de la Fuente de los Continentes, los Caballitos de Marly y la creación del Rosedal con sus fuentes, pérgolas y estatuas.

Cambio de nombre

La Historia del Parque encierra gran parte de la propia historia de la Provincia de Mendoza por lo que, con los años, se le siguieron haciendo reformas y construyendo calles, avenidas y edificios que conocemos en la actualidad.

En 1947, por la Ley 1744, se impone el nombre de Parque General San Martín y se cambia el nombre de la avenida Uriburu por Avenida del Libertador.

La arquitecta Cecilia Raffa, del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales del Conicet (Incihusa) nos invita a conocer las particularidades que llevaron a que desde 1938 en adelante el Gobierno provincial buscara “el perfeccionamiento de la estética en los lugares de solaz público” en especial del Parque General San Martín.

Por aquellos años el renombrado arquitecto Daniel Ramos Correas intervino sobre el espacio público mendocino dándole preeminencia al verde urbano a través de proyectos basados en los principios del pintoresquismo, aggiornado a la sociedad de masas que se venía gestando.

La concepción paisajística de Ramos Correas

El paisajismo planteado por Ramos Correas se basó en la indisoluble relación entre Arquitectura y Paisaje. A este vínculo se deben las particularidades que distinguen su obra como la recreación de una naturaleza ideal, mediante una amplia intervención en el ambiente fitogeográfico, esto es: “ficción de la naturaleza” profundamente estudiada y sistematizada; la incorporación en las intervenciones de arquitectura pintoresquista, casi mimetizada con el entorno por el uso de materiales autóctonos como la piedra local; la eliminación de vallas verdes o arquitectónicas; el uso de desniveles y la creación de diversas situaciones perceptuales (secuencias) para jerarquizar los distintos espacios y sus usos, así como la utilización de la vegetación como elemento compositivo de color, textura y a la vez límite espacial.

Ramos Correas presentó al Ejecutivo provincial, un plan de 22 puntos para la intervención (conservación, terminación y mejoramiento) del Parque General San Martín. La intención de Ramos Correas fue rescatar el pensamiento integral del proyecto del paisajista francés Charles Thays quien, respondiendo a un encargo del entonces ministro Emilio Civit, proyectó en 1896 el paseo bajo las premisas del modelo mixto de jardín, “con la nobleza de la verdad del paisaje y del horizonte”.

Necesariamente el Parque tenía que responder en su configuración artística, en su ficción panorámica y en los atributos de belleza proporcionados por el ingenio del hombre a esa idealidad estética.

Renovación estética

El más importante paseo de los mendocinos había recibido, en la primera mitad del siglo XX, algunas intervenciones que, en palabras de Ramos, habían llenado el lugar de innumerables adefesios que interrumpían la contemplación de la floresta, contrariando la concepción del paisajista con “anarquía de puntos de vista arquitecturales y (…) variedad y eclecticismo de opiniones”.

El paseo se había llenado de canteros con dibujos “preciosistas”, de “ensayo” de estatuaria, de un Rosedal con “simulaciones” aristocráticas, de pérgolas y veredas “relamidas”, de edificios “improcedentes” y de galpones que recordaban fábricas, factores todos que desnaturalizaban y negaban materialmente el concepto de parque y que era necesario remover.

En el paseo estaban ubicados el edificio de la antigua estación de tren liliputiense y el inmueble que ocupaba la Dirección Provincial de Arquitectura, en ambos casos la recomendación fue demolerlos. Se habían construido también, las sedes de al menos seis clubes deportivos, instalados allí desde inicios de siglo hasta promediar la década del 1920.

En un primer borrador del Plan, Ramos Correas sugirió el traslado de esas instalaciones, pero en la versión final, posiblemente entendiendo que políticamente no tendría apoyo para tamaña empresa, recomendó la realización de mejoras para las instalaciones.

De hecho, él mismo fue proyectista durante 1940 de la sede del Andino Golf Club en las inmediaciones de Playas Serranas; deduciéndose que, de acuerdo a su concepción, el edificio que diseñó en lenguaje pintoresquista si se adaptaba a su entorno (formas curvas, volúmenes puros, uso de madera en los interiores, poco ornamento exterior), no así los edificios deportivos construidos con anterioridad.

En su concepción paisajística, primó la idea de acentuar la ficción mediante procedimientos artísticos que al aplicarse lograran, dentro de lo artificial, acercarse a la naturaleza virgen: “mientras más cierta sea la aproximación lograda a la verdad infinita y divina, mayor y más digno resulta el ideal de belleza que se propuso el artista en su proyecto arquitectural”.

El Plan de mejoras para el Parque, regulador en la medida en que establecía pautas generales para presentes y futuras intervenciones en ese espacio se dividió en nueve capítulos. Contempló diversas intervenciones que este arquitecto- paisajista delineó, justificando en cada una de ellas las acciones a realizar por la Dirección de Parques o bien, las que ya en ese momento la mencionada repartición había puesto en marcha.

Si bien Cirvini en la apreciación de que en la obtención del cargo de director de Parques de Ramos Correas intervino la propuesta que realizó al Ejecutivo provincial de mejorar el estado del principal paseo de los mendocinos, se considera que ésta no tomó forma de “plan” sino hasta tiempo después de que Ramos ocupara el mencionado cargo. Los primeros registros del Plan con que se cuenta son de enero de 1940 y corresponden al borrador del escrito y a la publicación por “entregas” del proyecto en el diario Los Andes, de febrero del mismo año.

Los principales apartados del documento, se refirieron al gran teatro al aire libre, al nuevo Parque Zoológico y a la remodelación del Cerro de la Gloria, pero el Plan, de amplio espectro, también abarcó la limpieza y mejoramiento de varios sectores del paseo, entre ellos el Rosedal, y la recuperación de una serie de terrenos en la zona Este del Parque, sobre la avenida Boulogne Sur Mer.

La propuesta incluía el retiro del cerco perimetral y de los portones peatonales de acceso, acción que haría real la “democratización” de un espacio que era de dominio público. Razones de estética y de cultura ciudadana, decía Ramos, hacían imprescindible que los paseos fueran abiertos por lo cual la eliminación de las vallas murales y los cierres groseros destacaría la jerarquía de la naturaleza, convirtiendo a la floresta en prolongación de la ciudad.

Fuente: Cecilia Raffa. Plazas fundacionales, el espacio público entre la técnica y la política (1910-1943). Descargable aquí.

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