La isla de Hashima, una isla fantasma

El 20 de abril de 1974, el último habitante de la isla de Hashima era evacuado transformándola en la “Isla fantasma”.

Esta isla perteneciente a la prefectura de Nagasaki, fue comprada al estado en 1887 por una empresa minera que las acondicionaba para explotarlas y luego las vendía a grandes empresas. La Mitsubishi compró esta mina de carbón en 1890 y comenzó a trasladar trabajadores y a sus familias.

Para ello la equipó con todos los servicios necesarios, generadores, plata potabilizadora, escuelas, policías, bomberos, registro civil, hospital etc. Se diseñó y construyó sobre ella una mini-urbe de 480 metros de largo por 150 de largo, es decir, más o menos un campo de fútbol. Un micro espacio en el que llegaron a cohabitar más de 5000 personas en 1959, convirtiéndose por méritos propios, como digo, en el lugar con mayor densidad de población del planeta. Pese a ello era autosuficiente, generaba tanto dinero que el nivel de vida estaba por encima de la media de Japón.

Por cuestiones económicas (el menor precio del petróleo) y cuestiones ambientales, la Mitsubishi comenzó a bajar su ritmo de producción, a principio de 1970 se decidió su desmantelamiento, como nadie quería comprarla se optó por abandonarla y devolverla a la jurisdicción del gobierno de Nagasaki.

Durante 4 años se fueron retirando los elementos valiosos, hasta que el 20 de abril de 1974 se retiró el último trabajador, a partir de allí fue cerrada durante años.

El paso del tiempo y el clima comenzaron a degradarla y destruirla, la empezaron a utilizar para ver los efectos del paso del tiempo en estructuras de hormigón.

En plena 2ª Guerra Mundial, alrededor de 1941, la isla estaba generando cerca de 400.000 toneladas de carbón al año. Los responsables quisieron rajar la gallina de los huevos de oro, pero para ello necesitaban mucha y muy barata mano de obra, y la consiguieron secuestrando a cientos de chinos y coreanos y convirtiéndolos en esclavos de las minas. Cerca de 1500 desaparecieron sospechosamente o directamente murieron por malnutrición o accidentes de tipo laboral.

Pero no todo eran minas y viviendas en Hashima. Por muy increíble que parezca había escuelas, parques, negocios, hospitales e incluso templos. Lo que no había, como era de esperar, eran zonas verdes. Debe ser maravilloso vivir en una ciudad sin un sólo parque. Y no sólo eso, a esto hay que sumarle un 95% de humedad y el perpetuo polvo del carbón pululando por las fosas nasales y pulmones de sus habitantes. Hashima se ha convertido, junto a Auschwitz, la mansión de Sharon Tate o Chernóbil, en uno de los destinos estrella del ‘Dark Tourism’.

Gracias o por culpa de otra guerra, la de Corea, entre en 50 y el 53, se volvió a disparar la demanda de carbón. Cientos y cientos de apartamentos y edificios conectados entre sí fueron apilándose cual piezas de Tetris en una metrópoli vertical en miniatura. Incluso tuvo que ser amurallada para poder protegerla de los fuertes oleajes con los que frecuentemente era sacudida.

Hashima pertenece a Nagashaki, y es ahí desde donde zarpan los barcos turísticos hacia La Ciudad Fantasma. Una ruina post-apocalíptica que no es sino la imagen de lo que supuso el boom industrial nipón.

Y precisamente por ser una ruina, los turistas que la recorren lo hacen bajo unas rigurosas medidas de seguridad. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de más de medio siglo de abandono. Con todo, y más allá de que parezca sacada de un cuadro de Giger o Beksinski, Hashima tiene su atractivo y su fama. Muchos la descubrieron gracias a que fue la guarida de Javier ‘Raoul Silva’ Bardem en el film de la saga 007, ‘Skyfall’. Y no sólo eso, sino que en 2015 pasó a formar parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.

 

Se puede visitar y recorrer virtualmente en Street View https://goo.gl/maps/yirLAD9Cesw8P3X99

Temas relacionados