La pasión por los juguetes

Por Alejandra Cicchitti  Ricardo Olivera Wells ha pasado la mitad de su vida coleccionando juguetes antiguos. Vive en San Isidro, provincia de Buenos Aires y debido a sus intervenciones y conocimientos en el tema, es un referente destacado en nuestro país.

Nuevamente gracias a Rampa Visual y su propuesta «El baúl de los juguetes», podemos conocer a una persona muy especial. Ricardo Olivera Wells ha pasado la mitad de su vida coleccionando juguetes antiguos. Vive en San Isidro, provincia de Buenos Aires y debido a sus intervenciones y conocimientos en el tema, es un referente destacado en nuestro país. Su pasión, generosidad y compromiso quedó plasmada para siempre en la creación del Primer Museo del Juguete en Argentina en San Isidro. Esta institución acaba de cumplir 9 años el pasado 16 de julio.

La cocinita es de una de las marcas más afamadas del mundo, MARKLIN de origen alemán que inició antes de la 1ra. Gran Guerra y sigue fabricando hasta hoy. Esta es una reedición de 1997.

¿A qué edad empezó el gusto por la colección de juguetes?

Soy el mayor de cuatro hermanos y esta pasión se despertó en mí de grande, aunque siempre nos gustaron los juguetes a los cuatro. Algo para destacar es que reconocíamos fácilmente los nombres y marcas de todos.

Nunca la situación de la familia fue holgada, económicamente hablando y a pesar de ello, todos tuvimos juguetes y además valiosos. Eso nos llevó a cuidarlos con esmero y muchos están en sus cajas originales. Y confieso que nunca un «potrero» o la pelota llamaron mi atención.

En el coleccionismo poseer la caja original es tan valioso al punto de poder valer tanto como el juguete mismo.

Primero un modelo indefinido (para no pagar regalías a la fábrica del auto real) muy parecido a un impala, fabricado en la década del 60 por la fábrica GORGO. Es de chapa litografiada y mide unos 30 cm de largo.

Este es un modelo en escala, un clásico Ford Falcon. Fue fabricado por BUBY y el que ilustra la foto fue una reedición de 1970.

¿Qué lo llevó a iniciarse en el coleccionismo?

Allá por los años 80 o 90 yo atendía y aun atiendo una gestoría del automotor. Un cliente, cuyos hijos se dedicaban a la restauración de importantes autos antiguos, tenía en la oficina del taller como decoración, una gran cantidad de autos en escala en miniatura que siempre llamaban mi atención.

Un día él me regaló un auto para armar. Como nunca fui hábil para los trabajos manuales, tardé algunas semanas en abrir la caja e iniciar el proceso de ensamblado. El día que lo armé, solo un par de horas, mi euforia fue ilimitada.

Salí corriendo a comprar una y otra maqueta y así me introduje en el mundo del coleccionismo.

¿Siempre los autos fueron sus juguetes especiales?

No, fui mutando de gustos. Primero, fueron autos en escala, luego me especialicé en camiones y vehículos de bomberos y luego juguetes en general. Tengo una cantidad relativamente importante (dice con humildad).

El camión de bomberos es una miniatura en escala 1/50, de origen alemán, marca SIKU. Como particularidad tiene un tanque donde se carga agua y mediante una bomba (el botón negro, que está casi al medio del camión) se acciona y el agua sube por el hidroelevador y sale por el cañón ubicado en la barquilla. Tiene 20 cm de largo y el hidro extendido 40 cm.

¿Es verdad que usted colaboró en un libro sobre los juguetes Matarazzo?

Sí, los autores Diego Lescano y Daniel Sudalsky, son amigos míos y colaboré en la concreción del libro, facilitando el 50 % de las piezas que lo ilustran. La idea fue hacer un catálogo de la marca y resumir la historia de esta importante fábrica y fue publicado en 1995.

¿Podría contarnos brevemente la importancia de esta fábrica?

La fábrica MATARAZZO fue sin dudas, la más importante en Argentina y también en América del Sur. Inició su actividad en el año 1938 y funcionó hasta 1955. Fabricó muchísimos juguetes de chapa y los distribuyó a toda América. En su momento de auge, llegó a producir 5000 juguetes diarios. Eran juguetes populares a precios accesibles y florecieron ante las limitaciones de importaciones por la Guerra.

Camión de bomberos emblemático de la marca Matarazzo, con chapa litografiada.

«Quiero contar a todos que este camión de bomberos se lo compré a usted Alejandra, en su casa de antigüedades de Mendoza hace muchos años, lo restauré completamente y es de los años 40.

¿Cómo sigue su historia?

Un día asistí a una muestra de Juguetes Antiguos en el Museo Histórico de San Fernando, mi ciudad natal. Exponía el artista plástico Jorge Meijide (Meiji es su nombre artístico), quien además se ha dedicado a la ilustración gráfica. El leitmotiv elegido fueron los juguetes. Había hecho esculturas de algunos de ellos, en grandes dimensiones. Allí tomé contacto con él y su obra artística.

Tiempo después, vi en la prensa local que la Municipalidad de San Isidro, había creado el MUSEO DEL JUGUETE, partido donde yo vivía y que serviría para exponer las obras de Meiji. De inmediato me comuniqué con él y puse a disposición del proyecto todos los juguetes de los que yo disponía y que hiciesen falta.

La puesta en valor de la sede llevó muchos años. Por fin, hace nueve años el Museo abrió sus puertas y viene desarrollando una importante actividad cultural, junto a los demás museos que posee la Administración Municipal.

¿Cómo es eso de que el coleccionismo y el Arte lo llevaron hacia la Museística?

Desde la aprobación del Proyecto de Creación del Museo hasta su apertura, me desempeñé honorariamente como Director. Durante esos nueve años tomé contacto con diversas entidades afines a la Museística, intentando formarme acorde a mi función.

Por iniciativa propia, recorrí muchos museos del país y del exterior y especialmente de juguetes. Visité por ejemplo el Museo Valenciano del Juguete, una Exposición del Juguete Español en Valladolid, el Museo del Juguete de Cataluña, otro Museo en Alemania y en Latinoamérica la Fundación Casa del Juguete en Mérida, Venezuela.

De visita en Uruguay, conocí el Museo dedicado al artista Joaquín Torres García.

En la exposición se ofrecía el libro «Aladdin. Juguetes transformables». Conocí entonces la vida y obra de este gran artista uruguayo, nacido en 1874.

¿Y nuevamente el Arte y el coleccionismo se cruzaron en su vida?

La verdad es que sí. La obra pictórica de Torres García, importantísima, no fue valorada en su tiempo y entonces se vio obligado a buscar ingresos para sostener una numerosa familia. En base a sus estudios, comenzó a diseñar y construir juguetes transformables, a partir de la madera, un material que conoció desde su infancia, ya que su padre era carpintero. Los hizo en varias ciudades del mundo, donde trató de hacer conocer sus cuadros y juguetes. Volvió a su patria y falleció en Montevideo el 8 de agosto de 1949.

Por supuesto compré en esa oportunidad el libro, que leí y releí con interés varias veces. De esta manera sus diseños de juguetes quedaron grabados en mi retina.

Un día visitando una venta de garage, de un antiguo coleccionista de arte, encontré un juguete de la época francesa de Torres García, un Jouet AladdinEl reconocimiento fue inmediato y la compra también.

Hoy esa pieza, de la cual acompaño fotos, es sin dudas una de las mejores de mi colección. Nacido como un juguete, el tiempo y la genialidad de su autor, lo han transformado en una obra de arte.

¿Cuál es su experiencia como coleccionista?

Lo que he relatado es una prueba de lo interesante que puede ser un hobby, no en cuanto a un mero acumular de objetos, sino a estudiarlos, conocerlos y por sobre todo a amarlos.

En mi caso, este hobby me ha dado enormes satisfacciones. El poder compartir mis piezas aportadas al Museo del Juguete de San Isidro y disfrutar del goce de las personas más grandes cuando reconocen en las vitrinas esos juguetes que tantas alegrías les dieron…

Además durante estos años he cosechado un grupo de queridos amigos con quienes compartimos esta pasión común, la cual nos reúne mensualmente para «hablar de juguetes».

Otro ícono: Juguetes Jugal. Esta es una muñeca Pielangeli. Circa 1960.

Ser coleccionista implica espontáneamente tener algo en que pensar todos los días, ya que siempre podemos encontrar un tesoro o recordar una historia de cada una de las piezas que nos acompañan.

Por Alejandra Cicchitti 

Nota publicada originalmente en memo.com.ar

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