La política energética puede salvar o hundir a la Argentina

Las turbulencias macroeconómicas que estamos atravesando no son otra cosa que los efectos no deseados de un problema recurrente en la economía argentina, que es la falta de dólares, lo que los economistas llamamos la restricción externa, es decir la economía argentina no genera los dólares necesarios para financiar su gasto.
En este último punto, el sector energético tiene bastante para contar. En el 2006 el balance comercial energético aportaba a la economía 6.000 millones de dólares. En el 2014 ese superávit se revierte a un déficit de 6.900 millones de dólares. Esa diferencia de casi 13.000 millones de dólares explican en su totalidad la pérdida de uno de los famosos superávit gemelos: el superávit externo de balance de pagos.
¿Qué pasó a partir del 2016? Se focalizó el subsidio en Vaca Muerta, se removieron regulaciones, la producción de gas aumentó y fue necesario reducir e importaciones que -sumado a la caída de los precios internacionales y a inviernos más benignos- lograron que este año se finalice con un balance energético equilibrado. Eso se completa con proyecciones oficiales que nos dicen que, para finales del próximo gobierno, el sector energético aportará nuevamente 6.000 millones de dólares a la economía como lo hacía en el 2006.
Moraleja: si tenemos una política energética inteligente, el sector energético aportará dólares a la economía; si no lo hacemos se transformará en el mediano plazo en una aspiradora que condicionará cualquier programa de desarrollo económico.
Por Alejandro Einstoss

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