La sanrafaelina que enamoró a Hugo del Carril

(*)Por los bordos del canal Pavés la chiquillada corría por entre los altos sauzales y mimbrales. Las aguas del cauce pasaban rumorosas rumbo a la finca de los gringos de la Colonia Italiana y de El Cerrito, y por la antigua calle Patricias pasaban cansinas las mulas que arrastraban el pesado carretón del Turco Loco azuzadas por don Abuzzallet, el sirio de los mil caminos.

En Pueblo Diamante había decenas de baldíos donde los pibes se trenzaban en interminables partidos de futbol y entre ellos correteando detrás de la pelota de trapo iba ella. Ya en el barrio la conocían como la “María Macho”, una mezcla de “Pepita la Pistolera” jugando a la cowboys con la condición goleadora de Arsenio Erico, el entonces artillero máximo de Independiente de Avellaneda, mi ídolo.

Detrás de ese apodo que avergonzaba a las señoras que cuidaban sus hijas como piezas de porcelana, estaba el de Ana María Martínez, hija de un conocido vecino de origen español, quien vivía con su familia en una casita proletaria del antiguo barrio fundado por don Isaac Espínola en tiempos de la legendaria Colonia Francesa de Rodolfo Iselin.

Mientras tanto, allá por 1950 un hombre apuesto, rompía corazones en Teatros y los mejores cabarets de Buenos Aires cantando tangos al mejor estilo Gardel. Además era un excelente actor de cine participando en los primeros roles de las películas “Madreselva”, “La vida es un tango”, “Gente bien”, “El astro del tango” y una que fue esencial para él: “La cabalgata del circo” donde participó quien seria con el tiempo la Primera Dama de la Argentina en el gobierno de Juan Domingo Perón: María Eva Duarte, más conocida como Evita. Ese magnífico cantor de tangos, director de cine, actor, guionista y notorio embajador de la música ciudadana en el mundo entero se llamaba Piero Hugo Fontana, pero el mundo artístico lo conocía como Hugo del Carril.

Este multifacético personaje fue uno de los peronistas de mayor trascendencia, de modo tal que interpreto la conocida marcha “Los Muchachos Peronistas” , que ha formado parte de uno de los más emblemáticos signos de la liturgia justicialista, e incluso hasta hoy continua siéndolo. En 1955 al caer el gobierno de Perón, los militares detuvieron a Hugo del Carril, lo sometieron a rudos castigos y torturas y cárceles y tuvo que emigrar al recuperar la libertad gracias a la presión del mundo cinematográfico.

Alrededor de 1953 Del Carril viaja a San Rafael por razones artísticas y aquí conoce a esa muchachita de 22 años que hasta no hacía muchos años formaba parte de los personajes populares del viejo San Rafael: Ana María Martínez, la inolvidable “María Macho”, la chiquilla que trotaba por los bordos del canal Pavés jugando con los gandules de su edad, pateando pelotas de trapo o colgándose del carretón del Turco Loco para sacarle algunos salamines.

Ana María se fue a Buenos Aires con ese hombre colmado de gloria y de fama y en las luces de la ciudad se hizo actriz. Ana María Martínez paso a llamarse Ana María Linch. La chica sanrafaelina, de la mano de Hugo del Carril, se consagraría en la película “La Quintrala”, que se estreno en el Cine Avenida de San Rafael el 12 de setiembre de 1954 con la presencia de la querida “María Macho” y del mismo del Carril. Había vuelto a su pueblo envuelta en fama.

Separada de Del Carril con quien convivió 10 años, Ana María viajo a Estados Unidos afincándose en California donde filmo varias películas más en Hollywood, la meca del cine y nunca más volvió a su San Rafael natal. Murió en California en 1975. Tuve el honor de escribir su necrológica en el diario La Voz del Sur y un resumen de su vida contada por viejos vecinos de Pueblo Diamante y de abuelos que habían sido sus compañeros de aquella niñez inolvidable cuando la conocían como la “María Macho”. De Ana María Linch nunca nadie se acordó de ella a pesar de su fama y de Hugo del Carril me acorde de el porqué falleció en un día como hoy, 13 de agosto, del año 1989. Para ambos este es mi mejor homenaje.

(*)Por Osvaldo Barroso

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