La sombra de Néstor, los días de Amado y el temor a Máximo

Son días de disolución del poder K. Si algo faltaba, acaba de suceder. Por delante, una derrota electoral intensa y dos años de mandato presidencial por delante. Sin duda, vienen días muy complicados para la sociedad argentina.

Cuando faltan 3 semanas del domingo 27/10, la presidente Cristina Fernández de Kirchner consiguió regresar a todos (y todas) a la noche del domingo 11/08. La lesión en la cabeza que ella padece es una secuela de aquella jornada, ignorándose aún la evolución posible de la salud presidencial. Es evidente que los médicos intentan evitar, vía la medicación y el reposo, la intervención quirúrgica que resultaría el paso alternativo.

El domingo 11/08, dicen los que frecuentaron la Quinta de Olivos en esa jornada, que la Presidente de la Nación vivió momentos de intensa angustia, desesperación y furia sólo controlada por los médicos de la Unidad Presidencial. Ella esperaba una derrota en provincia de Buenos Aires, pero nunca un traspié tan amplio, inclusive en provincias que eran distritos electorales que consideraba «bajo control».

¿Cristina se desmayó en Olivos? ¿Cómo fue que ocurrió ese traumatismo de cráneo? ¿No requería una atención médica apropiada inmediata? Sin duda, fue un golpe importante, origen, según todo parece indicar, de la visita al día siguiente al Sanatorio Otamendi, aunque en ese momento se afirmó que era un control de rutina.

Una duda conduce a otra: ¿a Cristina le aconsejaron un reposo que no cumplió? Transcurrieron casi 2 meses hasta la internación en el Hospital Universitario Favaloro, ¿qué controles hubo en el interín?

Con Néstor Kirchner abundaron los comentarios sobre un tratamiento administrado más por los caprichos del paciente que por las necesidades médicas, responsabilizándose por ello a la Unidad Presidencial.

Entre el domingo 11/08 y la visita al Favaloro, la Presidente de la Nación cumplió una agenda extensa, y hasta realizó actividades innecesarias. Las entrevistas periodísticas que concedió para responder a sus críticos, por ejemplo. ¿No hubo tiempo para nuevos controles, considerando que la molestia del paciente sin duda continuó?

Algo no funcionó bien en la atención médica de Néstor Kirchner, y algo no está funcionando correctamente en la atención médica de Cristina Fernández, evidentemente.

Luego, las consecuencias de lo que ocurre. Por estas horas, lo que más temen en el Frente para la Victoria es la comparación entre la licencia médica de Cristina y aquella licencia médica de María Estela Martínez de Perón previa al golpe de Estado, período en que Ítalo Luder firmó el decreto de aniquilamiento de la guerrilla.

Sin embargo, no es esa comparación lo que más debería temer el Frente para la Victoria porque son situaciones bien diferentes. Precisamente el esquema tan vertical de la Administración Cristina, que imita al esquema vigente con Néstor, plantea un problema en el mes por delante porque Amado Boudou carece de poder propio, es considerado el resultado de un capricho de la Presidente, e inclusive él padece una imagen pública salpicada por denuncias de corrupción, y una causa judicial que arrastra por el controvertido ‘caso Ciccone’.

El interinato de Boudou ocurre en un escenario complejo, en especial por la marcha de la economía, debiéndose recordar que él fue ministro de Economía y contribuyó a la profundización de la crisis.

Pero hay algo peor que Boudou: que comience a trascender que quien toma las decisiones durante la licencia médica es Máximo Kirchner, porque él carece de una legitimidad que, al menos, Boudou conserva. Luego, Máximo Kirchner, jefe de La Cámpora, goza de una impopularidad elevada.

por EDGAR MAINHARD Urgente24

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