La última noche que pasé contigo

*Los secretos inconfesables de un matrimonio rutinario

La novela La última noche que pasé contigo, de la cubana Mayra Montero, publicada en 1991 y reeditada este mes, es una bocanada de aire fresco en un mar de libros eróticos actuales, donde un matrimonio diezmado por la rutina explora, por separado, una imaginativa desbordante de placer mientras se sumerge en un viaje de secretos inconfesados e inconfesables.

El deseo reprimido a lo largo de los años y un viaje por el Caribe son detonantes de esta obra, en la que Montero (La Habana, 1952) se mete en los intersticios mentales de los protagonistas, Celia y Fernando, quienes, por medio de la sexualidad y una profusa imaginación se adentran en lo prohibido y experimentan situaciones que en la vida cotidiana serí­an impensables.

Con los boleros como banda sonora y encuentros fugaces entre un matrimonio añoso que se evita en un barco, poco a poco irán sucediendo situaciones que pondrán en jaque una sexualidad estancada y permitirá que, cada uno por su lado y en un entorno entre natural y sofocante, suelten la mente y luego, el cuerpo.

La caliente experiencia de ver «devorar» un sushi; la traumática relación con la canela; la excitación con los muertos; las ganas de ser otro y la carne ardiente bajo el sol serán exuberantes móviles para que en cada capí­tulo, tanto Celia como Fernando, de forma alternada recorran su historia sexual (sus infidelidades), sus fantasí­as más recónditas y su presente, ajeno al otro, y no tanto. Pero la ilación, además de este viaje desbocado, también se da gracias a una meta narración intercalada de nueve cartas entre dos amantes, Abel y Ángela, que promediando el final del libro, serán claves para entender el deseo voraz de Fernando por Julieta -una pasajera solitaria del barco- quien también viene a redondear una pretérita aventura paralela de Celia con su amante, Agustí­n Conejo.

En un laberinto preciso de placeres desencontrados pero también renovados entre los personajes; lo sensual del libro, finalista del XIII Premio La Sonrisa Vertical del sello Tusquets, se da en el tambaleante camino entre el pasado y el presente y los deseos inconfesables que en este matrimonio desganado son las dos caras de una misma moneda, ambos sospechan, pero también ambos se redimen.

Montero -aclamada escritora de novelas eróticas- provee al lector de elementos literarios y mentales como una esteta consagrada: ella brinda detalles y descripciones jugosas del imaginario de cada personaje, como un juego previo al acto sexual.

Como un «in crescendo» del placer en cada capí­tulo, y que convierte el gran relato -a la novela- en un cautivante escenario donde la sexualidad y la sensualidad empiezan a hervir hasta que bullen salvajes.

«El erotismo para mí­ es una manera de profundizar en la psicologí­a, en el carácter de los personajes. Y que me ayuda a delinearlos mejor», expresó Montero, y es eso justamente lo que hace en este libro, donde la travesí­a marí­tima es el marco para el despojo de ataduras y rutinas de dos personas que a medida que recuerdan, viven un presente plagado de estimulaciones.

La última noche que pasé contigo, en homenaje al bolero de Bobby Collazo interpretado por Pedro Vargas en 1946, es una referencia dulce a los comienzos agazapados de esta novela, que con devenir de los dí­as y las noche arriba y abajo de un barco, entre camarotes y fiestas, entre islas y habitantes exóticos, se vuelve una historia sugerente, con detalles que zurcirán otra trama y con un erotismo crudo y sincero que dará paso a la liberación.

«Es la historia de un matrimonio de mediana edad, ya mayorcitos, que se van en un crucero después de casar a su única hija; la novela se fue erotizando, y cuando iba por la mitad, me dije, esta novela como que es muy fuerte y como sabí­a de este certamen de Tusquets: «La sonrisa vertical», pues decidí­­ mandarla ahí­­. Por el tono, y por la carga erótica, sabí­­a que no la podí­­a mandar a una editorial convencional», resumió la autora.

La reedición de esta novela en tiempos en los que determinada literatura erótica se consolida como «mainstream» y popular, es un acierto no sólo por el tema en sí­ mismo, sino porque La última noche que pasé contigo es un placer en varios sentidos, que van desde la lectura de una prosa estimulante hasta el encuentro y sinapsis de un relato consistente, sin censuras, ni moralinas.

*Por Leticia Pogoriles

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