La visita de la dama de blanco

Promediaba el año 1975 cuando todos pensábamos que el invierno de ese año se empezaba a despedir y que solo quedaba por delante el mes de agosto llamado el «Mes de los Vientos», nos preparábamos para recibir en algunos días nomas la tan ansiada primavera.

Cursábamos el último año del colegio primario, aún no llegábamos a la adolescencia y ya nos inquietaba la idea de entrar al secundario.

Día Martes 5 de agosto de ese 1975, a media tarde el cielo plomizo de San Rafael dejaba caer los primeros copos de nieve que serían muy pintoresco sino supiéramos lo que estaba por venir.

Durante toda esa tarde todo era muy hermoso, pues Mendoza se convertía en un lugar turístico de invierno por excelencia y la nieve sería su mejor anfitrión para los turistas.

Al otro día, Miércoles, amanecía con un manto blanco muy espeso que cubría prácticamente todo el suelo, hasta ahí podríamos pensar que era algo normal para la época, durante el día no cesó nunca de caer esos copos cada vez mas grandes, algunos hombres de vieja data se animaban a pronosticar….»Ya va a parar, no puede ser que dure mas tiempo»…haciendo memoria de sus viejas experiencias, porque una nevada es como una pequeña visita a la ciudad y sus distritos, una pincelada blanca como para justificar el invierno y darnos el gusto de quedar en la historia a través de alguna fotografía.

El día jueves aún se mantenía la caída de grandes copos y ya la nieve se media en metros, la preocupación de la gente se ponía de manifiesto porque ya se pensaba que los techos de algunas viviendas no resistirían el peso de esa precipitación, recuerdo ver a mi viejo tomarse el trabajo de despejar los techos de mi casa por precaución de un posible derrumbe, cosa que todo vecino ponía manos a la obra para evitar lo peor.

Las clases fueron suspendidas, los comercios y las industrias cerraron sus puertas, y la incertidumbre se hacia presente por no saber en que momento dejaba de nevar.

Hubieron techos de casas de familia que en un instante y por el peso de la nieve se vieron desmoronados como una casa de papel, techos parabólicos como la Fábrica La Colina o el Estadio cubierto del Sportivo Pedal Club, vieron sucumbir sus columnas y en minutos formaban parte del suelo.

Recién para la madrugada del día viernes, cuando ya la gente rogaba a Dios que dejara de nevar, como si fuera un castigo del cielo, como que ya por ese año habíamos tenido bastante, y no daba en esos días para hacer el esperado turismo de nieve.
Un cuadro de desolación y pena hondaba en la ciudad, por donde se lo miraba yacían vencidos los techos de algunas escuelas, los talleres metalúrgicos mostraban que todo lo más fuerte por ellos fabricados se convertía en lo mas frágil, y en horas nada más todo era escombros de hierros retorcidos frente a semejante angustia.

Lo que muchos creían pintoresco se había transformado en algo trágico, una vez mas, la madre naturaleza castigaba enormemente para asombro de todos los Sanrafaelinos con ese manto blanco inmaculado, tantas veces deseado, convertido en orgullo de los mendocinos.

Hasta nuestros días se recuerda esa fuerte nevada y la naturaleza fue la encargada de demostrarnos que no estamos solos en este mundo. Y que seguramente ese sería un presagio y una enseñanza para las generaciones venideras, que al planeta no habría que descuidarlo…y creo que aún después de casi 45 años de esa catástrofe, seguimos sin escuchar esa voz que nos indica que el tesoro mas preciado es la tierra en que vivimos…

Por Luis Gallardo

Texto extraído de «MIS MEMORIAS»
La gran nevada del 5 de agosto de 1975
San Rafael, Mendoza, República Argentina

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