Los aviones polacos

Podés ganar la guerra, pero si el costo es bombardear un hospital materno-infantil repleto de parturientas y bebés en incubadoras o meter en la cárcel una cantidad de manifestantes pacifistas que supera cinco veces a la de tus soldados muertos en acción, perdés. Catorce días después de lanzar la invasión a un país democrático que no lo había agredido de ninguna manera, Vladimir Putin está ganando la guerra desde el punto militar y perdiéndola desde el político.

Los peores reveses que está recibiendo el Kremlin no están concentrados en el campo de batalla ucraniano sino en los bancos de Moscú y San Petersburgo. Putin logró un récord extraordinario, incluso superando a varias administraciones latinoamericanas: destruyó la economía de su país en menos de dos semanas. El rublo vale un centavo de dólar, los gastos de la guerra se van comiendo las reservas como un Pac-Man y las empresas internacionales están huyendo en manada. Le cerraron la cuenta en todo Occidente. Y China se hace la tonta. No quiere pagar las cuentas de semejante desastre a menos que Moscú sea renombrada como Xilandia y Kamchatka se convierta en Hong Kam.

Europa y Estados Unidos no quieren provocar una guerra atómica. Pero están entregando a Ucrania al plato. Putin se puede volver aún más peligroso si llega a controlar ese territorio. Va a colocar allí ojivas nucleares apuntando a Berlín y París. La OTAN va a tener que contener a Rusia a las puertas de Polonia, las repúblicas Bálticas y Alemania. Pero reiteran que cualquier movimiento que hagan más allá de enviar armas y entregarles información a las fuerzas ucranianas, pondría a Estados Unidos y Rusia frente a frente en una confrontación sin antecedentes y una amenaza de extensión global.

Y como siempre, para mostrar que son más buenos y mejores que Putin exageran sus posiciones. Polonia, muy amablemente, ofreció entregarle a Ucrania su flota de antiguos MIG29 (de fabricación rusa) a cambio de que Estados Unidos le entregue modernos F-16. Parecía una buena transacción, más allá de la “avivada” polaca de hacerse con aviones de guerra mucho más modernos de los que tiene. Pero el gobierno de Varsovia no quiere darle a Putin ninguna excusa para que sus tropas sigan de largo de los campos ucranianos y terminen en el Báltico. Ofreció entregarlos en una base aérea de la OTAN en Alemania. Otro desastre. Si la OTAN lleva esos aviones hasta Kiev, Putin declara la guerra a medio mundo. El resultado: Ucrania se queda sin los aviones que necesita imperiosamente.

Por Gustavo Sierra

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