Los Hermanos Arizu verdaderos pioneros

Balbino, Clemente, Sotero y Jacinto Arizu, nacieron en el pequeño caserío de Unzué, Navarra, España, el mayor, Balbino, en 1858, y los demás en años sucesivos. Eran hijos del matrimonio formado por don Ambrosio Arizu y doña Braulia Labiano, quien era hermana de don Hipólito Labiano

Balbino Arizu en 1882, había conocido a don Bernardino Izuel, cuando este último se casó con su prima dona Castora Iracheta y se quedó extasiado de lo que contaba Bernardino sobre la ignota América. En ese momento, los inviernos muy crudos habían dejado a la Familia Arizu sin cosecha y Balbino buscaba donde poder trabajar. Izuel hablaba maravillas de Argentina y lo entusiasmó a Balbino para que viajara, especialmente a Mendoza, diciéndole que le enviaría el dinero para que pudiera viajar. Esto lo cumplió y don Balbino, en cuanto pudo, se lo devolvió.

Al principio el joven, encontró un poco de resistencia en su familia, pero finalmente los convenció que era una solución para la mala racha que llevaban, en poco tiempo hizo sus valijas y partió hacia Mendoza. Llegó a la Argentina en 1883. Se radicó en Mendoza donde comenzó a trabajar modestamente en la Bodega Trapiche de Tiburcio Benegas, quien fue no sólo su patrón, sino también su amigo. Al poco tiempo hizo venir a sus hermanos Clemente y Sotero pues había mucho trabajo.

Cuando Tiburcio Benegas fue Gobernador de Mendoza, una revolución quiso derrocarlo, y los hermanos Arizu quisieron defenderlo con las armas, pero Benegas los disuadió y los convenció para que abandonaran las armas y regresaran a su casa.

Los tres hermanos, con sus ahorros, construyeron una humilde primera bodega. Ellos provenían de una zona de tradición vitivinícola, por lo que compraron tierras donde plantaron viñedos y supieron fabricar el vino con los secretos que su padre les había enseñado. Clemente falleció en 1889, sin terminar la obra y don Balbino hizo venir a su otro hermano, de nombre Jacinto, el último de los varones que quedaba en España.

En 1889 Balbino contrajo matrimonio con doña Martina Basauri, una joven viuda, con la que no tuvo descendencia. A la boda vino su padre, quien quedó maravillado con los viñedos mendocinos. Años después vino un sobrino de 7 años, Leoncio, que fue criado por su tío Balbino, a quien desde pequeño le enseñó a trabajar.

Sotero se casó con Balbina Villasante, matrimonio del que nacieron 6 hijos y Jacinto contrajo matrimonio con Dámasa Zabalsa, con quien tuvo siete hijos. En distintas ocasiones los hermanos viajaron a España, sobre todo, mientras vivieron sus padres.

En 1907, la Sociedad se transformó en Sociedad Anónima Bodegas Arizu, un importantísimo establecimiento vitivinícola en la zona de Belgrano, hoy Godoy Cruz.

La formación de la Sociedad Anónima, no impidió que cada uno tuviera propiedades por su cuenta, fue así que compraron tierras y plantaron viñedos, con la única condición que la uva producida la entregarían a la Bodega de la Sociedad.

Don Balbino poseía 235 ha de viñedos, bajo el nombre “Nueva Navarra” en Maipú. Don Sotero tenía 230 ha en Luján y otra similar en San Rafael. En 1908 Sotero construyó una bodega en Luján y años más tarde otra en La Vasconia. Don Jacinto tenía, también en Luján de Cuyo, 160 ha.

Cuando don Bernardino Izuel construyó su canal necesitó dinero para terminarlo, los hermanos Arizu se lo prestaron y al terminar el canal les pagó con lo que a él le pagaron: tierras en la zona de riego del Río Atuel, en total les entregó 2000 ha las que fueron incrementadas por sucesivas compras. En 1910 don Balbino tenía ya 900 ha plantadas de viñedos en Villa Atuel.

Sotero había comprado 300 ha de tierras en Luján y posteriormente se dirigió al Sur, a la región favorecida por los ríos Diamante y Atuel, en estas últimas sirvió de delantero, tuvo la valentía de gastar enormes sumas en traer lo más nuevo, moderno y costoso, para extraer de la tierra la riqueza que brindaba. En el distrito Rama Caída don Sotero compró otra propiedad de 470 ha alfalfadas. Pero con el tiempo plantó viñedos.

Fueron 1800 ha las que trabajaron los Arizu, en gran escala y sin mirar para atrás. Plantaron, colocaron las maderas, los alambres y esperaron tres años para ver el fruto.

Don Sotero plantó en dos años quinientas ha de viña, lo que se convirtió en un record mundial, que dejó atrás todo lo realizado anteriormente. Calculando que se plantaban 3200 plantas por ha, había hecho enterrar 1.600.000 cepas en sus tierras.

Pero ahí no terminó el trabajo, siguió con las restantes hectáreas y en 1909 introdujeron enormes máquinas de labranza, casi desconocidas en el país, fueron las 3° de su tipo en Argentina, adquirieron Locomóviles, movidos por la fuerza del vapor, de la casa inglesa John Fouler y Cia., compuesta de arado, rastra, aplanadora y destroncadora.

Tuvo que venir personal especializado de Inglaterra para enseñarles a manejarlas.

Según los datos de un trabajador, estas máquinas, casi como locomotoras, se movían con vapor y tenían arados que podían mover 1m/3 de tierra. De ese modo no desmontaban, sino que enterraban y dejaban en reposo un tiempito, hasta que nuevamente se formara el suelo. Los Arizu y los empleados ingleses, vivían en rústicas carpas en medio del campo.

Para realizar los trabajos de la finca tenían cuarenta carros, 400 mulas y 200 bueyes. Los tres hermanos fueron incansables, les faltaba tiempo para realizar todo el trabajo que deseaban hacer.

Prof. María Elena Izuel

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