Los hoteles termales del surmendocino

Esta semana la Profesora María Elena Izuel nos cuenta de los inicios de los hoteles termales del surmendocino, un interesante artículo para leer y conocer nuestras raíces turísticas.

Termas El Peralito- Hotel Lahuen-có

“Están ubicadas en el valle del río Salado, sobre la margen derecha y en la zona cordillerana de las fuentes termales, cerca de Los Molles. La cantidad y bondades de sus aguas surgentes son conocidas desde hace mucho tiempo y las cualidades curativas que poseen ha hecho que se vaya extendiendo su fama enormemente, lo que determina que el número de visitantes aumente cada año. Además de sus cualidades, tienen, por su ubicación, espléndidas vistas panorámicas que unido a la pureza de los aires hacen de este lugar el punto ideal para reponer energías y fortificar el espíritu. La empresa explotadora de estas termas, inicia en la actualidad la construcción de un amplio edificio, destinado a hotel, en el cual se tendrán en cuenta las necesidades siempre crecientes de los visitantes. Para el transporte de pasajeros ha establecido un servicio de ómnibus rural y automóvil, con lo que el viaje se realiza cómodamente. Cuentan con baños que surgen con una temperatura de 36 a 48 grados, siendo indicados para el tratamiento del reuma, enfermedades de la piel y otras. Para datos relativos a estas termas pueden dirigirse los interesados a Zavattieri y  Hermosilla, C.Correo 116. San Rafael”.

Esta es la publicidad que se hacía de este Hotel en el Diario Los Andes en 1932, pocos años después la concesión la tomó don Victor García, alvearense, que había sido corredor de automóviles y designado con el apodo de Caballero del Camino, ya que en una carrera en la que participó, que unía varias ciudades, no le importó perder la carrera y se paró a auxiliar a otro auto que se había desbarrancado.

Durante el tiempo en que administró el Hotel, éste fue reconocido a nivel mundial, la atención era excelente y la comida de primera. Siendo niña viajé varias veces con mis padres y lo que más recuerdo eran las empanadas, los chivitos asados y la sopa, todo riquísimo. A su muerte continuó su esposa ayudada por los hijos y a estos le siguieron sus nietos. En este momento es un nieto el que está a cargo del Hotel  y ha remodelado la sección baños, muy moderna, que ocupan muchos turistas.

 

Los Molles un tesoro de salud creado por el esfuerzo de un hombre.

El texto que está a continuación también pertenece a la Edición Especial del Diario Los Andes de 1932:

Los Molles son ya muy populares y su nombre ha llegado a tener semejanza con la palabra salud, es sinónimo de salud. Las maravillosas cualidades curativas de estas termas no es el tema de este relato.

Pero el aspecto desconocido para el público es cómo se han incorporado, para beneficio de la humanidad a las numerosas termas en existencia, estos manantiales del contrafuerte andino. Hay en ello la recia figura de un soñador y un patriota. Soñador porque solo así pudo concebir la idea de poner en contacto, con su solo esfuerzo a esas apartadas regiones con los millares de enfermos que más tarde encontraron en ellas la salud y la alegría perdidas en los laberintos de los negocios y de la vida. Y patriota porque tuvo la intuición y el entusiasmo necesarios para acometer y realizar una obra cuyo valor e importancia escapa ya a los límites del patrimonio privado para pasar a ser un bien de carácter público.

Tal es la figura de don Fermín Díaz, que para introducir los adelantos que se han llevado a esa región no ha escatimado sacrificio alguno y ha invertido en ello una suma importante. Transformó la  tapera en el balneario actual y el milagro de la huella serrana lo convirtió en camino de automóviles por el incesante esfuerzo y trabajos realizados por el Sr. Díaz. Ha sido uno obra de mucho tezón este camino, al cual, si bien han concurrido en parte la nación y la provincia, débese principalmente a la obra que en él ha realizado este señor y ello ha sido el factor decisivo para el éxito de las termas, pues es bien sabido que hace unos años un viaje a los Molles significaba un penoso sacrificio, plagado de numerosos peligros, pues era difícil viajar a través de la montaña por senderos abruptos que serpenteaban al borde de grandes precipicios y ríos correntosos.

Ofrécese en las termas la comodidad que puedan exigirse a estas alturas, que aumentan año tras año, pues siempre se incorporan al hotel mejoras que lo hacen más confortable y más cómodo.

Con las vertientes naturales se ha observado un procedimiento muy cuidadoso, pues se ha tenido especialmente en cuenta la conservación  de sus condiciones naturales, habiendo conservado los baños en los lugares mismos donde surge el agua, con una temperatura que oscila entre los 36 y 45 grados.

El viaje a Los Molles que antes se realizaba a costa de tantos sacrificios, se hace hoy con toda comodidad, para lo cual hay un servicio de ómnibus rural y automóvil que efectúan el camino en 7 hs., habiéndose evitado los muchos cruces del río Salado, pues en la actualidad se hace por un solo sitio.

Asume así la obra del acercamiento de Los Molles, mediante la construcción del camino y edificaciones adecuadas, proporciones extraordinarias y la figura de don Fermín Díaz que goza de singular prestigio, se hace acreedora a la más alta consideración, pues su obra, no es una obra que quepa en la órbita de un patrimonio personal, sino que por su carácter y por el bien que está llamada a reportar a la humanidad que sufre, es una obra de bien público de incalculable beneficio”.

El dueño del campo era don Domingo Bombal, pero entregaba la zona en concesión a quien quisiera trabajar el hotel. Don Emilio Chaumont,  obtuvo después la concesión  y a cambio realizó refacciones en el Hotel, construyó  25 habitaciones con baño privado.

Don José Teruel tuvo dos veces la concesión y ayudado por sus hijas y uno de sus yernos, don Juan Tonidandel, amplió el Hotel a 80 habitaciones con un hermoso comedor. Los baños termales estaban azulejados y tenían enfrente los cuartos para reposar. Existía un consultorio médico y un médico permanente para controlar a todos los que querían tomar baños, también una pequeña farmacia.

Llegaron a tener 27 empleados y había un servicio de TAC que dos veces por semana unía Los Molles con San Rafael.

Cuando la concesión se terminó y no hubo quien la continuara, se cerró el Hotel y sacaron todo lo que les pertenecía. Lamentablemente, como siempre ocurre, cada  edificio  que queda abandonado es despojado de todo lo que podía transportarse.

En estos momentos un Sr. Nofal está haciendo trabajos con deseos de recuperar el Hotel, no obstante se ha abierto un nuevo Hotel Los Molles, al lado de Lahuencó con comodidades para los esquiadores.

 

Prof. María Elena Izuel

 

 

 

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