Los primeros años del fuerte

*Esta semana la profesora e historiadora María Elena Izuel nos sigue contando como fueron los primeros días del Fuerte San Rafael del Diamante

LA HISTORIA DE MI TERRUÑO

Artículo N° 22

 
LOS PRIMEROS AÑOS EN EL FUERTE

El fuerte no se construyó en forma  inmediata, debieron  esperar a cosechar el trigo, para mezclar la paja con el barro y  hacer los adobones. Al principio la vida fue muy difícil, como en todas las fronteras, ya que se hallaban aislados del resto de la población española, sin poder regresar a Mendoza por mucho tiempo; Teles Menezes no pudo regresar por dos largos años, y cuando lo hizo fue por un tiempo muy breve; con respecto a los milicianos, les habían prometido la renovación cada dos meses, para que pudieran regresar a sus respectivos trabajo, pero esto no siempre se cumplió. En un principio no vinieron ni mujeres ni niños, no había ninguna comodidad para ellos.

Los nombres de la primera dotación se conservan en un documento que he hallado en el Archivo Histórico de Mendoza, no podemos pensar que de ahí descienden los antiguos pobladores de la Villa, porque estos hombres eran sólo milicianos y no se afincaron. Estaba formada  por 100 hombres, con sus respectivos jefes, posteriormente no se pudo pagar tanta dotación y se redujo a  50, y más adelante a sólo 40. Muchos fueron los que  trabajaron en la construcción del Fuerte, y en el Archivo Histórico se pueden leer las listas de trabajadores y también cuanto ganó cada uno por su trabajo.

Junto a la construcción del Fuerte se debieron realizar otros trabajos no menos importantes como fue el de abrir un «acequión» de 25 cuadras para llevar el agua al fuerte y a la población y regar «muchísimas campañas». En poco tiempo había ya una «alameda de sauces», así fue escrito por Teles Menezes, pero esto no puede ser, eran sauces ya que los álamos fueron introducidos por Juan Cobos recién en 1808; estas plantas bordeaban la calle de entrada al Fuerte. También se había realizado  la «rosa», que es un sistema de trabajo del campo por el cual se quema la vegetación natural y luego se puede trabajar mejor, no es muy provechoso, pues se quema también la capa de limo fértil que puede tener el terreno, en nuestra zona no es apropiado realizarlo, pues la capa fértil es muy pequeña y se pierde con la quema, pero en ese entonces les pareció lo más apropiado. Prepararon  así  12 cuadras para sembrarlas de trigo, para el uso de la papa y maíz y otras legumbres. Para poder arar la tierra se utilizaron 4 rústicos arados construidos  para tal efecto y «bueyes aradores sin cargo al Rey». Como viviendas construyeron ranchos con horconería de algarrobo, madera que abundaba en la zona.

Antes del año, Inalicán, en una carta al Virrey le comunicó que » tenemos ya algunos arbolitos prendidos, como son duraznos, ciruelos, manzanos, membrillos. y también algunos sarmientos, que son los que por ahora,  por la brevedad del tiempo se han puesto para experimentar el terreno, que es tan fértil que no ha habido planta y semilla que no haya producido»  todas las plantas fueron trasladadas desde San Carlos.

También cuenta que sembraron «granos, como son arvejas, habas, zapallos, maíz, melones, sandías, porotos, papas, garbanzos y demás,  todos están con flores y prometen abundancia en sus frutos, por lo que hemos dado gracias a Dios. Todos los que han visto y ven las siembras se admiran y alaban al Todopoderoso. Ya parece un pueblo hecho, porque hay también sus palomas caseras, gallinas con pollos, pavos, gatos, perros hay un diluvio de ellos».

Al finalizar su carta agrega algo  muy importante «Ya hay un matrimonio con su familia de poblador de la ciudad». Así comenzó la colonización.

En un documento posterior Teles Menezes ofreció, tierras, dinero y animales para los matrimonios que se quisieran establecer al lado del fuerte, pero no se inscribió nadie, Teles quedó muy amargado, porque su oferta era muy provechosa. La frontera siempre fue un lugar  peligroso para establecerse con la familia, como también muy alejada del resto de los centros poblados. Miguel Teles Menezes  trató de ofrecer ventajas a los pobladores incentivándolos, según él mismo cuenta: «ofreciendo de mi peculio darles en el acto de su llegada a esta para 50 familias una yunta de novillos, para bueyes, dos vacas paridas, mantenerlos un mes y darles las simientes de granos para sembrar el primer año y he hecho la misma tentativa de la oferta con los caballeros subdelegados más inmediatos del Reino de Chile».

*Por la profesora María Elena Izuel

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