Los sistemas de comunicaciones

El hombre siempre ha necesitado comunicarse con sus semejantes, a través del tiempo lo ha hecho de diversas formas, la más simple es a través del lenguaje, pero sabemos que fueron siglos los que tardó el hombre primitivo para aprender a hablar. También nos podemos comunicar por señas, hoy eso está de tal modo compendiado que el lenguaje de señas para los hipoacúsicos, es muy simple y fácil de aprender.

Cuando la comunicación es a distancia se complica un poco más: hay sociedades que se comunican con tambores y el sonido varía según lo que quieren expresar, otros lo hacen con cuernos que emiten sonidos, también en cierto modo codificados. Algunas poblaciones aborígenes de América del Norte hacen señales de humo y con una manta cortan el humo y según la frecuencia de los cortes, es la palabra que se quiere enviar, está codificado.

Nuestros pueblos originarios no tenían un sistema de señales codificado, pero sí hacían señales de humo: prendían fuego a la leña y luego le echaban pasto húmedo, lo que provoca que salga mucho humo, de ese modo se hacían señales en el desierto que podían significar la cercanía de alguna tribu o la amenaza de un malón, sobre todo cuando se veían muchas señales de humo en la distancia.

Otra forma son los correos, los chasquis en lengua quichua, grandes corredores que recorrían todo el imperio incaico llevando los quipus, especie de cordones anudados que tenían un significado muy especial. El sistema de correos con chasquis actuaba con relevos y podían llegar a correr 402 km por día, por zonas montañosas o llanas. Es por esa causa que los Incas tenían tantos caminos de piedra que unían el imperio, para ser recorridos por sus correos. En la cordillera construían los tambos o casuchas, especie de casillas para guarecerse en caso de tormentas de nieve, algunas aún se conservan.

No fue éste el único pueblo que tuvo un sistema de correos, también los persas y los romanos,  recorrían todo su imperio con correos, pero ellos contaban con caballos, lo que no poseían los incas.

A mediados del siglo XVIII comenzó un servicio público de correos con el sistema de postas. Al principio el correo era un hombre a caballo que iba entregando el correo en algunos puestos, donde podían cambiar el caballo o el hombre, ya que otro seguía con la posta. Después fueron galeras o coches  llamados postas, que hacían la carrera que se les designaba. Estos transportaban no sólo correspondencia, sino también mercaderías y pasajeros.  En el camino, cerca de los fortines, se establecieron casas llamadas postas, cuyo encargado denominado maestro, tenía que proporcionar nuevos caballos a los correístas. Los pasajeros bajaban en la posta para comer, generalmente puchero o asado acompañado de pan casero y luego a dormir. Las postas estaban plagadas de pulgas y vinchucas.

En tiempo de invierno el camino por la cordillera se hacía a pie. En el trayecto había algunos pequeños resguardos para guarecerse de los temporales, donde se guardaba leña y comestibles. Las distancias entre las postas variaban entre 6 ó 10 leguas.

El camino de las postas a Buenos Aires fue perfectamente descripto  por el Comandante José Francisco de Amigorena. El total de leguas de Mendoza a Bs. As. era de 261.

Desde el acercamiento que se produjo entre los pueblos originarios y los españoles, los correos fueron fundamentales, el sistema que se utilizaba  era el correo a caballo pero sin postas, los aborígenes corrían hasta tres días montados para llevar las noticias y los soldados, lo hacían también, cuando era mucha la urgencia, entre los fuertes y la comandancia. A veces llevaban caballos de repuesto.

Tras la fundación del Fuerte de San Rafael, los correos iban a los toldos, a San Carlos o a Mendoza.

Cuando el pueblito creció se inició la época de las mensajerías, se instaló la Empresa de Mensajerías  La Guerrera, Correo Nacional,  a la cual la población llamaba La Perrera, porque el viaje era sumamente incómodo, los asientos eran muy duros, de madera, el coche no estaba cerrado y la tierra entraba por todos lados. Otra agencia era la Mensajería La Esperanza que paraba en la Villa de San Rafael, frente a la casa del Sr. Francisco Cia y estaba también la mensajería de don Andrés Poggi, que la conducía él mismo.

Durante el viaje paraban para comer, cambiar caballos o el cruce de algún arroyo. En los primeros tiempos hacían una parada en una posada de Agrelo y otra en San Carlos para pernoctar. Muchos fueron los pioneros que llegaron por este medio a San Rafael, como ejemplo la familia Matile.

Hay una publicidad en el Ecos de San Rafael del año 1900 en que esta empresa anuncia que a partir de junio establecerá un servicio extraordinario de invierno con un coche expreso, lo más elegante y de confort entre Mendoza y San Rafael. Esta mensajería unía Mendoza, pasando por Tunuyán y San Carlos,  con Cuadro Nacional, Colonia Francesa y la Villa de San Rafael. Salía de Mendoza los viernes a las 6 de la mañana y regresaba los días miércoles de cada semana.

Estos medios de comunicación, como también las tropas de carretas en las que llegaron los italianos, que hicieron el viaje de Mendoza a San Rafael en 6 días, parando siempre durante la noche, con la llegada del tren,  perdieron los clientes y dejaron de funcionar.

Prof. María Elena Izuel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Temas relacionados