Mario Pergolini: Para mi CQC murió el día que me fui

«Fuera de la tele comprobé algo: no tengo la vanidad de la mayoría de los tipos que están en el medio. Estar o no estar me da lo mismo»
A Mario Pergolini, últimamente, le divierte contar una elocuente anécdota de su preadolescencia. Imaginen un joven solitario, aislado, encerrado en su casa, su mundo, con una vida social nula o tan escasa que logra preocupar a sus padres. Proyectemos: fines de la década del 70, comienzos de los 80, la complicidad íntima del rock de Pink Floyd y Deep Purple en un hogar del norte del conurbano bonaerense, educación religiosa en el Colegio Santa Isabel, pleno San Isidro. En esa casa, cuenta Pergolini, aterriza una de las primeras computadoras hogareñas. Una novedad en el mundo, una novedad en el barrio. Primitiva y básica, sorprendente y eficaz, esa cajita negra con teclado parecido al de una máquina de escribir lograba hacer cosas impensadas: los chicos del colegio, de la cuadra, atraídos por la novedad, comienzan a visitar con más frecuencia al antes impopular Mario. Duró poco: apenas meses después, quizá semanas, un amigo del barrio compró una consola de juegos, Atari, la más novedosa de aquellos tiempos. Mario volvió a quedar solo, aislado, impopular: sus «amigos» comenzaron a preferir ir a tomar la merienda a lo del vecino.

No termina allí. El joven Mario, evoca hoy, tuvo revancha: consiguió un «doblecasetera», un artefacto que permitía copiar el contenido de audio registrado en un casete. El imán era la música, pero, otra vez, la tecnología de la época le permitía ganar popularidad entre sus pares.

Más de tres décadas después, Pergolini está solo, aislado, encerrado en su oficina privada de 50 metros cuadrados, rodeado de parafernalia de Star Wars y algunas señales de aquel rock de los 70, y reflexiona: «A mi modo, había descubierto algo importante: que la audiencia sigue al contenido, pero también a la mejor tecnología disponible. Y no es muy distinto a lo que hago ahora». Y sonríe. Hoy, Pergolini está al frente del proyecto que lo ocupa, Vorterix, buscando resolver la ecuación entre audiencia, contenido y tecnología, con la convicción de que él mismo encarna esa ecuación con dedicación full-time. Alejado de la TV, de la productora Cuatro Cabezas, de CQC, y de la FM Rock & Pop (donde pasó 25 años), está solo e integralmente al frente de una empresa por primera vez en su vida. Es un profesional al borde los 50 años, una frontera biológica que no parece inquietarlo. Es más, lo encuentra inusualmente relajado, con proyectos a cuatro o cinco años como los que no tuvo en su larga carrera profesional, con un plan, una estructura y una vida ordenada. Ya tiene tres hijos de los que esta vez sí está dispuesto a hablar.

-Con mi hija menor me pasa, por primera vez, que los chiquitos no saben quién soy. Eso es salir de la tele. Y eso explica por qué no quiero volver nunca más. Es curioso porque a su modo fueron como tres hijos únicos, por las diferencias de edad.

Ahora tienen 20, 15 y 7 años. Y fueron como tres gestiones distintas de la misma administración, con la misma madre. Pero hubo muchas diferencias por las etapas de la vida que estábamos atravesando.

-¿Qué creés que cambió en vos en cada una de esas etapas?

-Con el primero sos más estricto, tenés más miedos. Con el segundo más permisivo, más tolerante. Al tercero llegás con más experiencia, pero también más cansado. Valentina, la más chica, no me vio en tele. Eso es una diferencia total. Igual, a mí, me mata Google: imaginate cuando yo digo No hagas esto. Jamás pensé que mi archivo me iba a afectar de esa manera.

-El mayor trabaja con vos en Vorterix.

-Bueno, no conmigo directamente, pero sí, está con nosotros en la empresa, en la parte digital. Tomás tiene 20 años ya, es músico, tiene una banda. Y tiene un tiempo ocioso: fue una conversación. El no quería ni ese trabajo, ni trabajar conmigo. Bueno, hasta que consigas otro, tenés este. Quizas no fue tan amigable la conversación, pero fue eso. Y el tipo resultó responsable, se levanta temprano todas las mañanas. Podría estar sonando con su banda y ni siquiera usa el apellido. Y yo valoro eso. La verdad, en mi casa, todos, mi esposa, mis hijos, han buscado un camino diferente, separado de lo que yo hice y han demostrado una independencia, un crecimiento.

-Por la imagen que siempre proyectaste durante tu carrera, cuesta asociarte con un tipo que durante 25 años tuvo la misma rutina, de 9 a 13 al aire…

-Es raro. En parte porque en algunos aspectos me comporto como un sub 35. Como usuario, por ejemplo: yo no puedo esperar para ver las cosas cuando se le ocurre a un gerente de programación. Quiero hacerlo a la hora que se me cante y, si quiero, me veo todos los capítulos juntos. Casi todos los días, tipo siete de la tarde, nos ponemos con mi hijo Matías a ver series, Breaking Bad o Game of Thrones, uno o varios capítulos.

-¿Y cuál es tu relación actual con la televisión abierta?

-Ninguna. No me interesa mucho. No la veo, casi. Me fastidia que se hagan formatos de afuera, que no se piense. ¿Para qué queremos Extreme Make Over acá? Ya sabemos qué va a pasar, cuando se ponen a llorar… A mí me llaman para proponerme cosas y me hablan de dinero, me dicen traemos un formato de afuera. Y para mí es al revés: ¿por qué darle a otro un pedazo de lo que yo genero? ¿Sólo porque no me quiero poner a pensar y me compro un formato? Eso es de vago. Pensar no es difícil. Además, no entiendo la TV abierta. No la entiendo. Es para públicos masivos. No me interesa. Se perdió aquello que habíamos generado para volver a comprar afuera. Además, no me permitiría trabajar en la idea de otro. Y me cuesta entender cómo los tipos ven que baja el rating, que cada vez hay menos plata y nadie piensa Che, ¿y si hacemos algo mejor, no volverá el rating y el dinero?

-¿Y CQC? No es raro para vos ver a alguien como Pettinato sentado en tu lugar, justamente, en un formato en el que participaste…

-No lo veo. Ésa es la verdad. Para mí murió el día que me fui. No me despierta nada. Quizás porque no le fue bien, sino quizás lo vería de otro modo. Hace cinco años que no estoy en la tele y creo que es una de las mejores cosas que hice en mi vida. Ahora puedo hablar de la tele más relajado. A mí hoy me fascinan otras cosas. Hoy veo Game of Thrones, veo un contenido, no veo un canal, no veo el horario, veo un contenido. Y me encanta ver el valor de la comunidad. Yo me voy a dormir temprano y me encanta saber que, mientras duermo, en algún lugar del mundo hay alguien subiendo esa serie u otra, muchos tipos haciendo eso, y otros poniéndole subtítulos y compitiendo por ver quién pone los mejores subtítulos. ¡Eso es una locura! ¡Y que a la mañana me despierto y está disponible, está todo ahí!

Pergolini dice «ahí» y abre grande la boca, esa bocaza que lo convirtió en un elemento mediático que supo ser audaz, provocador, mordaz, al punto de ser símbolo de aquello que en los 90, sin demasiado análisis profundo, se denominaba «transgresión». Poco queda de aquello en este Mario de hoy, ni siquiera ya en las formas. Hasta confiesa, en la intimidad, que lo une con su enemigo mediático de otros tiempos, Marcelo Tinelli, una relación social, por hijos que coinciden en edad, más frecuente y cordial de lo que muchos suponen. «No hay una ideología televisiva, no es algo dramático -dice-. Al ser yo el segundo me servía provocar… Ahora que ya no competimos… Me invitó al aire a hacer la apertura de ShowMatch… No, gracias.»

Pero cuando Pergolini dice «ahí» y despliega los brazos, y se desparrama en su sillón, y señala para todos lados, «ahí» puede ser su teléfono móvil, su computadora o el monitor gigante en el que se proyecta lo que se habla en Vorterix, el proyecto en el que busca combinar su curiosidad por las tecnologías, su negocio como domador de audiencias jóvenes y su espíritu emprendedor como empresario de los contenidos. Orgulloso, busca métricas de usuarios de streaming, detalla la función de apps que desarrolló su equipo, se entusiasma con las pequeñas proezas tecnológicas… Es curioso: casado con una psicóloga, Dolores Galán, la madre de sus tres hijos, abandonó terapia poco después de dejar la Rock & Pop. Simplemente no fue más, dice. Y una vez más, subido a su propias fobias, pero alejado de los ratings, muestra entusiasmo. Vende entusiasmo.

-Siempre fuiste un gran vendedor de entusiasmo, las marcas valoran mucho eso en vos.

-Sí, puede ser. Soy un buen vendedor. Tengo habilidad para vender entradas para recitales, es verdad. Pero, por ejemplo, ahora me llaman para dar charlas para empresarios, universidades… Me doy cuenta que cuando estoy contando mi historia, mi proyecto, me voy arengando. Me lo creo. Hoy, me doy cuenta de que me gusta no tener competencia en ese sentido, me relajó. Eso me garpa.

-¿La lógica de la competencia te la daba el medio, televisivo o radial, o te la dabas vos mismo?

-Yo soy un bicho muy competitivo, ése era cien por ciento mi motor. Pero ahora me doy cuenta que estoy más tranquilo y quizás es justamente porque no tengo mucha competencia. Como que eso lo tengo desactivado. Estoy en un juego solo. Empecé diciendo ya van a ver lo que es Vorterix, vamos a ser líderes y la venganza… Y después dije: no importa el rating, esto es otra cosa. Ya lo van a entender. No es radio, es un estudio con cámaras, un estudio de grabación, no es televisión pero hay imágenes en vivo y en diferido, es streaming, es grabar discos, es el teatro donde producimos conciertos, es la agencia digital, es e-learning, son las apps que desarrollamos para clientes. ¿Sabés qué? Yo no juego al golf pero siento que en parte esto es como el golf. Es contra mí. Siempre jugás contra vos mismo. Jugás a hacer menos golpes. Por eso sé que no tengo que jugar al golf. Me haría adicto a eso. Hay dos cosas que no tengo que probar: la metanfetamina y el golf.

-Cuando se te escucha ahora parece que no te hubiera costado nada la decisión de salir de la tele o dejar una radio masiva como la Rock & Pop.

-¡Lloré como un nene! Angustiado. Una semana no dormí. Sufrí mucho cuando sabía que me iba de la radio. Fue tremendo. Sin embargo, no sé. No volví más. El otro día vino De la Puente acá a la oficina, él es un hermano de la vida, pero un hermano de la vida, eh, y me dice: ¿Tengo que venir acá a verte? Y sí, no sé, la Rock & Pop queda a tres cuadras y no sé. es como que me voy de un lugar y me voy. Me voy del todo.

-Fue un cambio de etapa importante después de tantos años.

-Mirá. En lo laboral ésta es mi última gran jugada, eso lo sé. Yo no tengo ese espíritu emprendedor de empresarios tipo Eurnekian, Eskenazi, el dueño de Arcor, Rocca, hombres de negocios que siguen ahí arriba peleando. Hay que tener ése espíritu. Yo los entiendo, pero uno, yo, tengo que ser más hábil. En algún momento hay que decir ya está. Ahora estoy en un plan a cuatro, cinco años, pero siempre soñé con retirarme del todo.

-Bueno, ya tenés casi 50… ¡Te vas a retirar a la edad de retirarse!

-La fantasía de retirarme temprano la tengo. Hay algo en mí de tener eso como norte. Obviamente entiendo que es una fantasía. En mi negocio, los conductores son tipos que terminan yéndose por viejos y olvidados. En realidad, soy eso: un conductor. Un conductor con iniciativa, con autogestión, a lo mejor un poco megalómano. Necesito controlar el producto cien por ciento. Fuera de la tele ya comprobé algo: la verdad, no tengo la vanidad de la mayoría de los tipos que están en el medio. Estar o no estar me da lo mismo. No me pasa por ahí. Yo es como que me corrí de ese lugar. Mi deseo de estar en pantalla ahora va por Internet. No necesito más que eso. Pero mi avidez tecnológica me tienta, me lleva y me divierte. Y después me pasa que termino armando estructura, equipos, para llevar adelante esas ideas… Yo experimento. De repente estoy atrapado en cosas indeseables. Yo que sé. Desarmé el área de Asuntos Internos, digo, Recursos Humanos. Y después me preguntaban a mí cuándo se va la gente de vacaciones. ¡Yo que sé de las vacaciones!

-¿Y cómo ves tu futuro?

-Yo soy tontamente optimista. Me encanta ir viendo los comportamientos de la gente, las métricas. Cuánta gente nos ve en HD, cuántos se descargan la aplicación. Es gracioso lo rápido que va todo. No hace mucho tiempo que hicimos el primer concierto en streaming. ¡Y ahora cuando no transmitimos en vivo nos putean! Las cosas, los contenidos, son nuestros por muy poco tiempo.

-Hablás por momentos como un nerd, como un técnico de grabación o como un CEO tecnológico, aunque seguís viéndote como un conductor radial y eso es lo que hacés cada mañana…

-Sí, claro. Aunque ahora los padres me saludan y los chiquitos ya no saben quién soy.

Deliberadamente, Pergolini se muestra como un tipo dispuesto a llegar a los 50 con su ego domesticado y, con su última ficha grande, apuesta una vez más a su talento para contagiar entusiasmo. Mira a todos de reojo, con la misma envidia que le despertaba su vecino de la Atari y trata de cerrar el círculo de aquel joven solitario que buscaba en la tecnología un aliado para capturar la atención de los demás.
bio

Profesión: conductor
Edad: 49 años
Su debut radial, en la pequeña FM Okey fue junto a Ari Paluch con el programa Feedback. Poco después, en 1987, la dupla desembarcó en Rock & Pop, la flamante emisora de Daniel Grinbank. En televisión, antes de crear en 1995 el formato Caiga Quien Caiga junto a Diego Guebel, estuvo al frente de La TV ataca y Hacelo por mí.
momentos

Un animal político
Con el regreso de la democracia, en los tempranos ochenta, un joven Pergolini se afiliaba a la Unión Cívica Radical, capturado por el fervor alfonsinista de la época.

Hoy, su actualidad como empresario, lo muestra con la previsible ambigüedad en su relación con la política. Y aunque su emprendimiento está asociado al multimedios que manejan los empresarios kirchneristas Garfunkel y Szpolski, Pergolini trata de hacer equilibrio en su independencia de criterios. Por lo bajo, reconoce que cuando emite alguno de sus típicos exabruptos, al aire o en redes sociales, suena su teléfono con una amable invitación a tomar un café en la Casa Rosada que él prefiere -dice- declinar con la misma amabilidad. Por otro lado, como empresario tecnológico de la industria de los videojuegos, admite estar expuesto a las arbitrariedades de la imprevisible política de importaciones. Y se queja de eso públicamente.

Hay más: los rumores más calientes de la industria dicen que busca quedarse con otra emisora de FM para completar un multimedios..

Por Ernesto Martelli

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